Dos son los “enemigos del pueblo” español, Iglesias y Errejón, líderes de los partidos políticos comunistas que se presentan a las elecciones de la Comunidad de Madrid.

Dos “sospechosos” de rendir pleitesía y admiración al totalitario Régimen de Venezuela y probables deudores económicos de su narco-dictadura, dos “elementos hostiles y socialmente extraños al progreso de la Nación y a la sosegada y pacífica evolución de la sociedad.

Algunas de sus frases son memorables, emitidas con medianía arrogante y retadora, llevan el criminal marchamo comunista proclamando la lucha abierta contra la libertad y la propiedad, cuando no son una explícita apología de la violencia.

Un periódico que es propiedad de una empresa ataca la libertad de expresión. Ataca la democracia”

“¿Pedagogía o propaganda? ¡Propaganda! Ya educaremos cuando controlemos el Ministerio de Educación”

“La decisión moral de destruir la comunidad tiene que ser necesariamente una decisión violenta como toda decisión política”

“Abajo el Régimen, a la calle”

Chávez vive, la lucha sigue”

“Los venezolanos hacen tres comidas al día”

En fin, desde estas páginas, exhorto a los potenciales seguidores de estas doctrinas a votar a cualquiera de estos dos sujetos, pues son lo mismo, a veces nos encontramos en el camino a los mismos perros con distintos collares, uno, un bolchevique con aire de nazareno (así lo denomina Jiménez Los Santos), otro, un “bebecito” con faz luciferina.

¡Vosotros mismos!, los votantes del comunismo habrán conseguido inscribir sus nombres en las listas de los exterminados por el hambre, de los deportados, de los eliminados física y socialmente, de los encarcelados, de los torturados, de los represaliados….; a pesar del apoyo prestado al Partido-Estado, del odio visceral demostrado e imbuido por la lucha de clases o por la actual y artificiosa lucha de sexos; no obstante haber formado parte de la utópica pretensión del falaz igualitarismo, la mayor parte de esta cándida e irreductible legión de revolucionarios profesionales terminarán siendo las víctimas de las élites despiadadas del engendro totalitario; se convertirán en deudores vitalicios de la quimérica falsedad comunista.

La falsa ilusión de trascender de un hipotético estado de “parias de la Tierra” a otro de dignidad ciudadana y personal, la realidad comunista les empujará a la esclavitud moral, económica y social; ahora bien, cada cual es responsable de sus actos, lo dramático será que sus hijos y descendientes se lo demandarán de por vida.

La idea obsesiva de derrocar y destruir el Régimen y la sociedad que atenazan a  los comunistas permanentemente, solamente se puede combatir eficazmente con insistencia y con la firme voluntad de desvirtuar el supuesto sentimiento de superioridad social e intelectual inherentes a la ilusión revolucionaria.

Si Iglesias o Errejón os invitan, os engañan a participar de este aquelarre comunista, reflexionad sobre esta frase que el crítico literario y filósofo ruso, Belinksi, a mediados del siglo XIX escribía a un amigo: “Empiezo a amar a la Humanidad a la manera de Marat: para hacer la felicidad de una minoría, me parece que estaría dispuesto a exterminar a hierro y fuego al resto”

¿Qué grado de felicidad será el que disfrutan estos lideres comunistas que se presentan a las elecciones madrileñas, cuándo han trasmutado radicalmente su estatus social,  económico y de poder?, por ejemplo, de vivir en un paradisíaco barrio de Madrid, Vallecas, a aposentar sus reales en un obsceno chalet de Galapagar y haber acumulado a “pachas” con su pareja, antigua cajera de un establecimiento, la raquítica cantidad patrimonial que se acerca a  los 2 millones de euros.

Si les dejamos, estos leninistas-bolivarianos, no tendrán el menor reparo en conducirnos al radiante y violento porvenir de  la guerra civil y  la dictadura. Esa es la dialéctica histórica del marxismo.

Mientras tanto, y es, incluso más grave, tenemos que soportar la psicopatía, la amoralidad, el narcisismo y la traición de un individuo insolvente y fatuo, que después del Rey, ostenta la máxima representación de España en el mundo.