Mientras no se le dote a la educación -y a la ciudadanía- de un designio moral no tendremos nada que hacer. Es esta una época de ignorancia. Por eso ser sabio entre los necios o ser filósofo entre fanáticos es duro. Necios y fanáticos suelen vivir bien entre las debilidades de la plebe. Es difícil no ya ser un prodigio, sino meramente un espíritu noble en tiempos de barbarie. Los más amados son los más mediáticos, los que carecen de escrúpulos, los que cuentan al populacho aquello que quiere oír.

 

Un extraterrestre que llegara a España se sorprendería de encontrar entre nosotros hombres ahítos de toda suerte de ventajas y comodidades, mientras una mitad de la población mendiga a sus puertas, descarnados de libertad o de pobreza. Y encontraría más extraño aún que esas mitades necesitadas pudieran sufrir tal injusticia, que no tomasen a los otros por el cuello para llevarlos al manicomio o a la cárcel, o prendiesen fuego a sus mansiones.

 

Después de tantos siglos de existencia del ser humano sobre la tierra, después de haber concluido que tras mucho indagar el hombre sabio sólo ha aprendido a reconocer su debilidad, a saber que no sabe nada, llegan los prohombres del Sistema y deciden, desde su soberbia luciferina, arrogarse la capacidad para modificar el mundo: robar a las viudas y a los débiles para dárselo a los delincuentes, a los ilegales y a los fuertes.  Esperemos que el mundo, más pronto que tarde, caiga sobre su orgullo y sobre el de sus esbirros y los destruya.

 

Aunque estemos obligados a intentarlo, es difícil que a lo largo de una vida se pueda disfrutar junto al alba gloriosa de una época triunfal, cívica y solidaria. Ahora, ya a nuestras espaldas un siglo atrozmente caracterizado -entre otros muchos desastres- por dos guerras mundiales y una guerra civil, seguimos, en los comienzos del actual, padeciendo los tumultos sangrientos de matanzas y terrorismos varios, con el consiguiente lamento de los inocentes sacrificados.

 

Seguimos viendo cómo los sodomitas de unas cortes o sistemas corrompidos se han convertido en honorables gobernantes o plutócratas, mientras que toda una gran nación, como es España, aceptando vivir en la ignominia, trata de olvidar o de no ver las discordias y los abusos y, sobre todo, la sangre de unas víctimas degolladas.

 

Y todo ello como si la indiferencia o el olvido fuera una decisión imprescindible para marchar irresponsablemente hacia una nueva etapa que nunca ha de llegar. Y así parece inútil que resuenen los gritos y advertencias de los desplazados que dirigen su voz y los recuerdos de la Historia a los oídos sordos, a los ojos ciegos, a las bocas mudas que desde hace tiempo han decidido disolver su dignidad de seres humanos y transformarse en unos bultos amorfos.

 

Desmemoria y olvido. Peor aún, obstinación en la desmemoria y en el olvido. Ceguera e ignorancia culpables. Pero la voz que nadie escucha dice bien fuerte que nada se olvida, que todo está ahí, rodando hacia nosotros, como un trueno aniquilador que acabará arrasándonos, si es que no nos ha arrasado ya. Porque mientras que la agonía de los valientes acaba con su muerte y con ella se hace gloriosa, la agonía de los cobardes no acaba nunca. Irá con ellos hasta el fin del mundo.

 

El pueblo español -no sólo madrileño- tiene el próximo día 4 de mayo una nueva ocasión para variar esta deriva, para empezar a redimirse. A quien le guste lo que tenemos y quiera conservarlo debe votar sin duda al PP o a los otros partidos a su izquierda, no a VOX. Lo mismo que a quien le gusten las traiciones. Pero a todos los demás, a todos aquellos que se sientan asfixiados por el ambiente mefítico de la España actual, a los que añoran la verdad y la unidad de una patria grande y libre, a quienes defiendan al débil contra el abuso, no les queda otro camino que VOX.

 

VOX es el único camino útil y razonable. Y digo más: si no obtiene mayoría absoluta habrá muy pocas posibilidades de revertir la situación. O ninguna. Salvo que Ayuso se desentienda de Casado -hipótesis poco verosímil, si no utópica- y se decida a actuar con el programa de VOX. Si no es así, cosa previsible, PP y PSOE prolongarán sus pactos oscuros porque ambos son instrumentos coordinados por el Sistema con vistas a su Agenda 2030.

 

VOX, que en su apuesta por limpiar España está yendo de frente, aceptando todo tipo de riesgos físicos, sin especulaciones rastreras ni cálculos electorales, ha manifestado que en caso de adelantar a la señora Ayuso en el escrutinio aceptaría participar con ella en un futuro Gobierno. Algo que ésta, por el contrario, no se ha dignado retribuir. Lo cual es una prueba más de la astucia y la doblez pepera.

 

Dijo Tito Livio que cuando la situación es adversa y la esperanza poca, las determinaciones fuertes son las más seguras. Hoy día la única seguridad es VOX. Y para que esto pueda cambiar y podamos limpiar España, VOX debe conseguir la mayoría absoluta.