Hemos leído en un reciente artículo de la revista Dicorery D Salud, única publicación mensual prestigiosa que combate con la verdad en la mano el fraude satánico de la “plandemia”, la siguiente noticia que denuncia una situación de lo más traidora, sucia y rastrera para la salud de los ciudadanos europeos: LA COMISIÓN EUROPEA OCULTA LOS CONTRATOS DE LAS VACUNAS CONTRA EL COVID-19.

Los ciudadanos éramos concientes de que los gobiernos de las naciones y, sobre todo, sus ministerios de defensa utilizaban los procedimientos y los planes secretos para combatir a los posibles enemigos o competidores de la patria; este carácter secreto de cierta información se procuraba con la finalidad de ocultarles información que pudiese poner en peligro a la propia nación en cuestión y, por extensión, pudiese poner en peligro la vida y el bienestar de sus ciudadanos. Eso siempre lo hemos sabido y entendiendo además que ésa era una medida lógica y pertinente para combatir al enemigo en momentos de conflicto armado; pero lo que no se nos podía ocurrir es que el estado ocultara información a los propios ciudadanos de la patria y tuviera a éstos o los tomara como el enemigo a combatir y eliminar; pero hemos comprobado que eso precisamente, aunque parezca mentira, es lo que está pasando en este nuevo “megaestado” que es la Unión Europea.

 Hacemos esta acusación porque sabemos que la Comisión Europea se niega a dar cualquier tipo de información sobre las condiciones de contrato con las grandes firmas farmacéuticas que fabrican las vacunas contra el COVID-19 y, por tanto, se niega a comunicar a los medios de información cuánto dinero nos van a costar, ni donde se van a fabricar, ni por qué los plazos de experimentación y de comprobación de efectos indeseables son tan cortos y, por tanto, no permiten las mínimas normas de seguridad… pero eso no es todo sino que, lo más escandaloso, es que en ese paquete de medidas top-secret se ha pactado, a espaldas de los ciudadanos, la impunidad de esas empresas ante los efectos secundarios adversos, incluidas las muertes, de esas ineficaces y peligrosas vacunas; todos estos acuerdos secretos de “nuestra” Comisión Europea, aunque parezca metira, han sido suscritos por nuestros políticos que, supuestamente, están para servir y defender a los ciudadanos que, además, corren con los gastos de su suculento sueldo y dietas… ¿qué tal?

Ante la realidad de estos acuerdos secretos cabe preguntarse: ¿ los políticos a quienes pagamos son nuestros en realidad y trabajan para nuestra seguridad o son esbirros de las multinacionales farmacéuticas y trabajan para su beneficio? ¿quizá les pagan más estas multinacionales que nosotros? ¿ los ciudadanos nos hemos convertido en el enemigo a quien hay que combatir y, por tanto, somos nosotros a quienes hay que engañar y ocultar los secretos de estado?… ¿ son las multinacionales las pobres víctimas que tienen que ser protegidas del derecho que tienen los ciudadanos a la salud y a que no les envenenen impunemente?  ¿ no tienen, estas multinacionales, ninguna responsabilidad de la que responder? ¿ tienen patente de corso para matar a los ciudadanos?… pues, por lo visto, tener a los ciudadanos como enemigos y a las multinacionales como aliadas, aunque parezca mentira, es una conducta de lo más normal para nuestros políticos.

Sin embargo, pensamos que para una persona normal y en sus cabales, esa es una situación increible que debería ser clasificada como de alta traición a la ciudadanía y que si se la contásemos a nuestros antepasados no la podrían creer. Es una realidad absolutamente anormal y patológica propia de una alucinación colectiva como es todo este asunto de la falsa pandemia que está permitiendo que nuestros políticos no solamente nos lleven, impunemente, a la ruina económica más profunda que hayamos conocido sino que además se permitan, motivados por intereses espurios, legalizar y a potenciar el envenenamiento de la población y, todo ello, se va a conseguir y se está consiguiendo ante la mirada impávida de una población adormecida y aterrorizada y de una manera políticamente correcta y dentro de la legalidad más estricta. Es como estar dentro de una pesadilla que no tiene fin y que se alarga a través de una interminable noche y donde el despertar parece imposible.

 Es imposible despertar puesto que tanto la ciudadanía como los partidos políticos nacionales están aletargado, incluso, anestesiados por la paranoia colectiva que los medios de comunicación han creado y mantienen durante meses porque están, como los propios políticos europeos, al servicio de esos espurios y sucios intereses multanacionales… y a los ciudadanos ¡ que les den morcilla! o lo que es lo mismo ¡que les vacunen con esas vacunas experimentales! Y que carguen, ellos mismos, con las consecuencias y efectos indeseables que, con toda seguridad, se producirán y, es más, ya se están produciendo…. Ante esta traición sin ningún precedente de nuestra clase política bienpagá... esperemos que Dios nos pille confesados.