Como español se me cae la cara de vergüenza al ver cómo debemos acudir a China para abastecernos de productos para combatir la plaga del coronavirus ¿La industria española es incapaz de producir por miles algo tan sencillo como un trocito de tela o papel con un par de cintitas o unos guantes de latex? ¿Nuestra capacidad tecnológica sanitaria es tan corta que no sabe articular una producción propia de respiradores y test de diagnóstico para Covid-19?

A despecho de los ultraliberales, los mercados no hacen magia y satisfacer una necesidad perentoria y masiva precisa de la planificación estatal. Pero curiosamente, estando en el poder comunistas y socialistas, con el gobierno más estatista que hemos tenido en el último siglo, esa planificación no ha existido ni existe. Una mezcla de negligencia criminal e ineptitud absoluta ha conseguido que hasta el día 9 de marzo se aplazase cualquier discusión sobre medidas preventivas. Medidas que se adoptan finalmente el 14 de marzo. En cuanto a la movilización de los recursos nacionales para conseguir el abastecimiento de mascarillas, guantes, geles, respiradores y test, se anunció ayer con la prórroga del estado de alarma. A saber cuando se hará efectiva. Mientras, sólo queda el recurso a la importación. Pero ni para organizar esas importaciones el gobierno de Pedro Sánchez ha sido capaz de demostrar un mínimo de eficacia. Mientras nuestros sanitarios, militares, policías, guardias civiles, y demás funcionarios que deben seguir trabajando, llevan 15 días de estado de alarma arreglándoselas como pueden y cayendo contagiados ante la inoperancia de quienes debieron prevenir y no previnieron nada, el gobierno, demasiado tarde, anuncia importaciones masivas de China de todo tipo de material contra el coronavirus.

Allí, en China, la empresa estatal BYD, que se dedicaba a fabricar coches, abrió una línea de producción específica de mascarillas. Adaptando su maquinaria en poco más de una semana, son capaces de sacar 5 millones de mascarillas al día. La compañía además ha decidido construir sus propias máquinas. Y ahora es capaz de producir más de una docena de estas maquinarias también diariamente. En España vamos a importar 6 millones de esas mascarillas, pero a ningún lumbreras del PSOE o Podemos se le ha ocurrido importar la maquinaria para producirlas.

En Estados Unidos, la iniciativa privada también funciona. Ford, junto a empresas como 3M y GE Healthcare, se han puesto manos a la obra para incrementar la producción de equipos y suministros médicos, con un diseño simplificado del equipo de ventilación mecánica. Allí seguro que los mayores de 70 años no serán abandonados a su suerte por falta de medios. ¿Aquí?, nuestros ancianos mueren por culpa de unos políticos que siempre han presumido de una asistencia sanitaria pública universal, pero que no han sido capaces de garantizar una asistencia sanitaria decente para pacientes con más de 70 años. Pero tampoco la iniciativa privada española aporta soluciones más allá de lo anecdótico.

En cuanto a los test de diagnóstico, ahora, cuando España se va a situar, incluso por encima de Italia, como el país más afectado por la plaga, se van a importar también masivamente de China. Cómo en todo lo demás, al gobierno de Pedro Sánchez no se le ocurrió aplicar a tiempo este recurso, que tan buenos resultados ha dado en Corea del Sur, Taiwán o Alemania, para lograr aislar a tiempo a los portadores del virus y frenar los contagios masivos.

Encima parece que los test chinos no son muy fiables. En Europa la multinacional Qiagen, de origen alemán y con sede en Holanda, fabrica un kit que ha recibido el visto bueno de las autoridades europeas para poder utilizarse. Esta empresa tiene una planta en España. En un mes normal, su producción mundial era de 1,5 millones de kits, ahora hace falta multiplicar al menos por 7 esa producción, pero no estará lista hasta junio. El gobierno de EEUU apoya con dinero público la aceleración del desarrollo de estos tests de Qiagen, garantizándose un suministro preferente ¿En España? ¿adivinan? En efecto, a por uvas.

Pero mientras lo importante se hace tan mal, el postureo lo bordamos, desde los balcones o desde las ventanas de las televisiones. Para muestra, la rimbombante denominación de EPI que se ha popularizado, equipos de protección individual que empiezan a recibir nuestros funcionarios, y que consiste en un juego de guantes, una mascarilla por día y un frasco de gel de uso colectivo. Puro teatro.

La plaga del coronavirus nos está matando ya a un ritmo diario superior al de las bajas durante la guerra civil, pero nuestra sociedad ya llevaba enferma muchos años. Y mucho me temo que la cura de esa enfermedad que sustituye el contenido por la imagen será más difícil que la del Covid-19.