La ideología de género, cuyo género se ignora, al desconocer cuál es de los seis: masculino, femenino, neutro, común, epiceno y ambiguo, presenta a las mujeres como víctimas del hombre, omitiendo la consideración racional de los hechos que enjuicia torticeramente, fuera de toda objetividad. El marido resulta ser el verdugo de la esposa; el padre o el maestro, los tiranos del hijo o el alumno, el patrono, el ladrón del empleado, etc., Así va dividiendo y enfrentando; sembrando odio en la sociedad, de la que elimina su armonía vital o principio constructivo de jerarquía o autoridad y su estructura. Consigue con el derribo de todas las instituciones y respetos, romper el equilibrio que buscaba. En realidad no saben estos "progresistas feministas", la sociedad que quieren.

La envenenada ideología de género es subversiva, revolucionaria y no sale

de su cerrazón de ideas cuyo fin es alterar la propia naturaleza humana, pervertirla y destrozarla, desde el mayor atentado contra la especie que es el aborto libre y la eutanasia. Es una filosofía excluyente con derechos y sin obligaciones, cubierta por el velo del orgullo, del que procede todo pecado.

Suplanta a la virtud por el vicio para terminar con la existencia en el orden de la paz. En su rebelión contra toda norma hace creer que en la vida todo vale y no existen límites ni diferencias. La excesiva libertad acaba matando la libertad, porque del fanatismo a la barbarie solo media un paso. Todo lo que hicieron nuestros antepasados no solo está mal, para ellos, sino que hay que bombardearlo. Cuando la realidad es que vivimos gracias a todo lo anterior que tanto esfuerzo y sudor construyeron los que nos precedieron.

Propagan la confusión y embarran el río, politizándolo todo; reivindican derechos democráticos que consideran una opción política progresista. Llaman Progreso al Regreso, porque en tal filosofía todo es al revés de lo que dicen. Es una rama violenta del neo marxismo que divide radical a los humanos en buenos y malos, y acusa a estos de ser causantes de todo mal.

Deviene la democracia, en reino de los mediocres, y es falsificada y corrompida, en manos de ineptos, terroristas y delincuentes. La fuerza del

número en la que se apoya y la manipulación, sustituyen a la fuerza de la inexistente razón, que se torna sinrazón e injusticia. "Adonde no hay justicia, tener la razón es peligroso", afirmaba Quevedo.

En España el enemigo está dentro, también afuera, que no existiría si no se apoyara en el de dentro. La guerra civil no fue superada por la izquierda, siempre en sombra de revancha. Cuando ZetaP, accedió al poder gracias al 11-M, lo primero que hizo fue brindar puño en alto por la tercera república.

Cual si eso fuera broma o simbólico como dicen los golpistas de la "república" catalana. Para la izquierda es broma lo que ella quiere que sea.

Es el que va a cargarse a otro y le falla el tiro, con lo que el que estuvo a punto de morir, se cabrea muchísimo, a lo que el otro le protesta:

- ¿Por qué te enfadas tanto si era una broma?

Al fallar en el homicidio, se arroga el papel de víctima y encima la bronquea a ella. Con maniobras así los verdugos se convierten en víctimas.

Hipocresía y falsedad son hijas de la maldad. Y el demonio -que manda en su espíritu- hasta citará las Sagradas Escrituras si beneficia a su causa. La izquierda engañó a más de media España con su caramelo envenenado. Y logró dejarla, como pronosticaba Alfonso Guerra: que no la iba a conocer ni la madre que la parió. Son las bromas con las que juega la izquierda para eximir su culpa y lograr sus fines.

La derecha con su complejo de Edipo -positivo o negativo-, o de castración (castrati, como Nicolo Grimaldi Nicolini) se bajó los pantalones de un tirón, a lo bestia y sin control, y se dejó penetrar, o sea, corromper e ignorar. Ahora mismo no está ni se la espera. A no ser que resurja Vox con fuerza y entonces otro gallo cantará. La derecha clásica no se ve, porque no está que es como si no existiera. Mientras tanto la izquierda que vino de víctima, se aprovechó; invadió el espectro político, trajo la guerra civil, mediante SU revisión histórica, liquidó el espíritu de la transición, acabó con la clase media, entre sus "inventos": aborto, eutanasia, LGTBI, adoctrinamiento de niños, o ataques a la libertad y desestabilización general, religión, etc., Y el separatismo catalán y vasco con el acercamiento de los presos de ETA, y su competencia al PNV, para que los suelten cuando quiera. La izquierda sólo hizo lo que le dio la gana y no trajo más que odio, división y mierda; una ristra de problemas que no acabarán nunca. Nadie se le opuso ni dijo esta boca es mía. La derecha se calló como un puta, dicho en román paladino.

Sin nadie que la defienda -excepto Vox-, España está en manos de sus enemigos y traidores. Para hacer la guerra, crearon al enemigo y como éste no existía, los demás se encogieron de hombros, como que no iba con ellos, y no dijeron nada. ¡Sálvese quien pueda! Nadie sale a decir la verdad, como si la izquierda no tuviera una historia criminal, no perpetrara el mayor robo -oro de Moscú- del Banco de España, tras iniciar la guerra del 36 o no tuviera nada que ver con el 11-M, peor atentado de la historia. Y desde entonces no paró de multiplicar los escándalos para tapar, unos con otros, sus delitos. ¿Es que no hay quien pare a la izquierda? ¿Es que no hay nadie que se le remueva el cuajo?

Mucho antes de crear la casta política -de casta le viene al galgo-, convenciendo a la derecha, liquidaron la clase militar, la división de poderes corrompiendo a la justicia, y comprando a la prensa. Hoy sólo reina la corrupción. Callad la boca y seguid chupando del bote. España es un barco a la deriva con el motor averiado, y sin nadie que lo arregle. Pero para seguir esta filosofía hay que tener tragaderas y estómago, mucho cuajo y ser un hijo de la gran chingada, porque frente a ello estamos la resistencia imperdonable. Menos mal que alguien se ha plantado. (Fin)

 

N O T A S:

Quo vadis es una frase latina que significa «¿Adónde vas?». La frase está vinculada a una tradición cristiana que gira en torno a San Pedro. De acuerdo con los Hechos de Pedro, el Emperador Nerón en el año 64 comenzó una persecución contra los cristianos. Temeroso de que algo malo le pudiera suceder, Pedro escapa de Roma por la Vía Apia, pero en el camino se encuentra con Jesucristo que iba cargando una cruz.

Pedro, al verlo, le pregunta: «Quo vadis Domine» (¿Adónde vas, Señor?) a lo que Cristo contesta: «Romam vado iterum crucifigi» («Voy hacia Roma para ser crucificado de nuevo») Pedro, avergonzado, vuelve a Roma a continuar su ministerio, siendo posteriormente martirizado y crucificado cabeza abajo. En el lugar de su martirio se levanta hoy día, según la tradición, la Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano y en la cripta de la Basílica reposan sus restos.