A principios de los años 70 Salvador Allende estaba llevando al colapso económico a Chile, nacionalizando las 500 empresas más importantes del país, planificando el consumo interno a través de las Juntas de Abastecimiento y Control de Precios, subiendo a golpe de decreto los salarios en un 130 % y concediendo prestaciones sociales sin requisito alguno (¿les suena?). El crecimiento económico del país entró en recesión, la inflación llego al 605,9 % en 1973, el paro creció como nunca se había conocido y la clase media chilena perdió en sólo 3 años el 30 % de su poder adquisitivo. Una reforma agraria, que expropió 3 millones de hectáreas sin indemnización de ningún tipo, unida a la ocupación de fincas por sindicatos y agrupaciones marxistas, provocaron en el rural chileno gravísimos enfrentamientos, pero además condujo al abandono y la ineficacia de cultivos y explotaciones ganaderas, que provocaron, junto a la política de fijación estatal de precios, una situación de desabastecimiento de productos de primera necesidad como harina, azúcar, té, arroz, fideos, carne, leche en polvo, huevos y manteca. Los chilenos tenían que hacer colas en las tiendas de ultramarinos.

Entonces, por primera vez, surge la cacerola como arma de protesta política popular. Algunas amas de casa, hartas del desabastecimiento, empiezan a hacer sonar sus ollas y sartenes ante la presencia en sus barriadas de cargos municipales de Unidad Popular, la coalición de izquierdas que gobernaba. La idea se extiende boca a boca y al caer la noche, entre las 20 y 21 horas, por todos los barrios de Santiago que no eran bastiones de la ultraizquierda, mujeres y niños salían a los balcones y a los jardines de sus casas para hacer sonar las cacerolas. En el centro de la capital chilena, un grupo de mujeres organizó una marcha y golpeó sus cacerolas en oposición al gobierno. La marcha se replicó en varias ciudades del país y se reiteró en numerosas ocasiones con el nombre de "marchas de las cacerolas".

Pero Allende no reconoce los errores, insiste en los postulados de planificación estatal integral de la economía, poniendo como modelo a seguir la Cuba comunista: “Nuestra tarea es definir en la práctica la vía chilena al socialismo, un nuevo modelo para el Estado, para la economía, para la sociedad, centrado en el hombre, sus necesidades y aspiraciones”. Decía Allende en sus discursos, “les doy el ejemplo de Cuba, donde la organización del pueblo es ejemplar… han tenido que sufrir racionamiento incluso del azúcar, pero Cuba, en ocho o diez años más, será el pueblo con el más alto nivel social en América Latina”. El final de la historia es por todos conocida.

Hoy en España la cacerolada también se ha convertido en la manera de expresar la oposición al gobierno de Pedro Sánchez. Desde los balcones, desde la calle, miles de ciudadanos armados con cacerolas y banderas de España protestan contra el gobierno social-comunista, por su nefasta gestión de la crisis sanitaria, por el abuso del estado de alarma y por una necia y desastrosa política económica que nos lleva directos a la ruina.

Además, VOX ha innovado la manera pacífica de rebelarse contra un gobierno con su Caravana por España y su libertad. En vez de acudir a la algarada, la quema de contenedores y neumáticos, o el destrozo de mobiliario urbano, cajeros y escaparates como nos tiene acostumbrados la ultraizquierda y el separatismo, en VOX han utilizado el cerebro en vez del adoquín, ideando una caravana de coches para hacer compatibles la libertad, la seguridad y la indignación política.

Este sábado, la movilización popular ha dado una lección a los correveidiles de Ciudadanos, a los mansos del PP y a los traidores del PSOE, que creen que los destinos del pueblo español se pueden amañar con banqueros, magnates de los medios de comunicación, clubs Bilderbergs, logias y oscuras maniobras de despacho.

Las caravanas de las banderas de España y las caceroladas no deben terminar hasta que Pedro Sánchez no dimita, hasta que no se impida cualquier tipo de pacto con separatistas y comunistas, hasta que no nos quietemos de la cabeza la bota de este gobierno social-comunista.