Se plantea en estas fechas por sectores tradicionalistas que el éxito de una fiesta pagano-esotérica supone un grave peligro de culto al diablo; lo cual bajo nuestro punto de vista constituye una afirmación superflua cuando se dirige a un público ateizado; se declare o no católico – sabemos que  muchos católicos sino la mayoría son ateos disfrazados de capirucho–. La cuestión es que una publicidad teológica dirigida a gentes ateas tiene el mismo efecto que votar al PP para recuperar instituciones conservadoras –cosa muy propia del católico ateo–. En consecuencia creo que en sectores de nuestro estilo deberíamos dejar de lado la cuestión diabólica para nuestros círculos y centrarnos en exhibir argumentos por la vía de la razón –ya que por la fe parecen, de momento, inaceptables en una sociedad incrédula– o dicho de otra forma: a la gente le importa un pimiento que se rinda culto al diablo, en Halloween, en las fiestas del pueblo o en Wuhan.

 

Disquisiciones teológicas a parte, que en los países católicos se celebre una fiestas de origen protestante debería llamarnos cuanto menos la atención, no obstante si se tiene en cuenta que la mayoría de la población no es católica o lo es para disfrazarse en Sema Santa, no nos sorprende que se preste a esta clase de carnavales: del paso de Semana Santa al Orgullo gay y de ahí a la vampírica celebración; uno o dos carnavales por estación del año. A nuestro juicio las festividades dionisíacas no son un síntoma decadente si se practican con cierto orden a un fin concreto ¿quien no se ha emborracho en una romería en las fiestas patronales? En el fondo lo que nos parece intolerable no es que celebren fiestas, ni que la gente se emborrache, ni que relaje su moralidad en ciertos días del calendario; lo que nos parece inaudito es que se celebren con toda ligereza fiestas extranjeras que manifiestan el servilismo a unas fuerzas que nos han colonizado culturalmente: algo así como que en Pamplona San Fermín fuese sustituido por el nuevo año chino –Tiempo al tiempo– .

 

USA es una potencia extranjera que nunca ha dudado en atacar el territorio y los cimientos de la hispanidad: el liberalismo yankee favoreció las movimientos independentistas de las provincias americanas, su gobierno emprendió acciones militares contra las provincias de Cuba y Filipinas conquistándolas por las armas e imponiendo su administración, nos amenazó gravemente durante la última guerra mundial, favorece a Marruecos en nuestras controversias vecinales y así podríamos seguir con una larga lista de fechorías por las que como mínimo convendría guardas un poco las apariencias.

Para nosotros el mayor problema es que a USA para imponerse sobre nuestra forma de vida ni si quiera le ha hecho la falta la conquista militar –a los estados europeos los conquistó juntó a la URRS, cuando los habían invadido los nacional socialistas– nos han impuesto el inglés como la lengua de la cultura, su gastronomía, su economía, su forma de organización política y sus fiestas – Halloween BlacK Fryday – a través de la corrupción de nuestras instituciones políticas que han aceptado y aceptan un modelo extranjero a cambio de participar en la economía capitalista; dicho en otros términos: USA ha comprado España a cambio de permitirle participar en un sistema económico cimentado sobre el materialismo: el liberalismo económico, el precio a cambio del oro ha sido aceptar la voluntad del señor hegemónico; pero el problema que se cierne sobre nosotros es que China se está haciendo con esa posición hegemónica y puede que dentro de poco seamos súbditos de señores aun más tiránicos , y que en Pamplona se celebre el nuevo año chino.

 

En definitiva el hecho de que Halloween se celebre en España nos parece repulsivo porque  representa el sometimiento voluntario al poder de fuerzas extranjeras y a un sistema económico que es infernal, no solo para el católico sino para todas las personas del mundo que lo padecen y que terminará por destrozar la vida, la libertad, y el medio ambiente; lo que coincide en teología con lo que busca el demonio, y lo que demuestra que fe y razón son vías distintas de explicar la misma cosa.