Que el objetivo del totalitarismo globalista es la civilización cristiana, esa sobre la que se asientan las raíces de Europa, es algo sabido y el que no lo sepa que mire más allá de sus narices y de la información que pueda recibir de los medios comprados por el poder y, simplemente, se pare a reflexionar un momento ya que pistas le sobran.  

Como era fácil sospechar, el objetivo final de esta operación no era el de procurar el bienestar de nuestra salud, ni mucho menos, el único objetivo, dictado desde las oscuras instancias globalitarias, era, hablando en plata, jodernos la Navidad, una fiesta que ni a los masones globalistas, ni al marxismo cultural internacional les gusta, de hecho, la tienen atragantada y para eso, aunque parezca una nimiedad, no hay más que ver la simbología que preside los adornos e iluminaciones de las ciudades gobernadas por la izquierda y la ultraizquierda para comprobar la ausencia total de cualquier referencia al hecho fundamental que celebramos: el nacimiento de Cristo.

Que nada de esto es una casualidad se puede comprobar fácilmente, aunque me temo que poca gente haya reparado en ello, en las fechas que, con cierta significación, se han podido celebrar, con pocas o muchas restricciones, a lo largo de los años 2020 y 2021. El cuadro resultante no deja de ser significativo:

En 2020:

Se celebró, por supuesto, aun cuando la amenaza de los contagios pesaba como una losa sobre nosotros, la macro fiesta, paradigmática para la izquierda y ultraizquierda, del 8M, sacando a las calles de toda España la totalidad de sus recursos sin importar las consecuencias que tal medida podía comportar. De hecho, con absoluto conocimiento, el gobierno socialista-comunista pospuso la adopción de medidas hasta días después de celebrarse el evento.

Igualmente, se celebró el Ramadán, faltaría más, ya que ni la izquierda ni la derecha tienen cojones -perdón por la expresión- suficientes para cargárselo sean cuales sean las condiciones sanitarias.

Por contra, curiosamente, la Semana Santa fue prohibida y la Navidad restringida.

En 2021:

Volvió a celebrarse, como no podía ser de otra manera, su aquelarre feminazi del 8M para lo cual no hubo restricciones específicas, como tampoco las hubo para el nuevo el Ramadán que también celebraron los musulmanes por todo lo alto, como corresponde.

Además de esto, no faltó a su cita la fiestuqui del día del orgullo gay, de obligada celebración, e incluso se permitió, sin problema alguno, que se celebrase la fiesta judía del Janucá, no fuese a ser que los judíos se sintiesen molestos.

Sin embargo, la Semana Santa fue prohibida y la Navidad, a lo que se ve, volverá a estar sujeta a esta miserable dictadura sanitaria a la que nos tiene sometidos el ruin gobierno social-comunista contando con el indispensable apoyo de la cada vez más acobardada y acojonada derechona pepera que ya no hay por donde cogerla.

La operación, debidamente planificada comenzó hace algunas semanas con la misteriosa aparición de una nueva cepa, al parecer procedente de Sudáfrica pese a que los propios del país africano mantienen que de allí no salió nada y que la tal cepa no tiene su origen en su territorio.

Lo cierto es que, desde el primer momento, nos dijeron que las dichosas vacunas no servían para atajar esta nueva versión covidiana, sin embargo, ahora nos dicen que los inoculados con eso que llaman “la pauta completa” -que, por cierto, pese a moverse en un universo de vacunados se siguen contagiando igual- no tendrán que guardar reclusión ni confinamiento preventivo caso de dar negativo, pese a convivir con uno o más contagiados. Realmente, una tomadura de pelo. ¿Es que existen test específicos para detectar la nueva cepa?, ¿sirven o no sirven las vacunas para ella? Y, en todo caso, ¿quién tiene que guardar cuarentena?, ¿aquel que quieran ellos o existe un criterio formal al respecto?

Pero la cosa no acaba ahí y para seguir incrementando la sabia inoculación del pánico en una población a cada paso más amedrantada, más servil y conformista, ahora vuelven a exigir el bozal reglamentario incluso en los exteriores pese a que la OMS advirtió de las consecuencias contraproducentes de esta arbitraria medida que, salvo lo más lerdos, saben que no sirve para nada pues el bicho no tiene alas para volar y menos al aire libre.

Pero el colmo de los colmos es que, ahora, nos amenazan con sacar al Ejército a la calle, tal vez para convertirlo en una suerte de “SS” que recorrerá nuestras casas, como en las películas de la II Guerra Mundial en las que aparecen las unidades del ejército nazi a la caza del judío de turno, para conminarnos, bajo severa amenaza, a que todos nos inoculemos ese veneno diseñado por las farmacéuticas globalistas de los canallas de Soros y Gate y a quien no lo haga se le coloque un aspa sobre el pecho o en la puerta de su domicilio y se proceda, cuando menos, a su asesinato civil.

Sin embargo, en este caso no es solo responsabilidad del tipo siniestro del pantalón de pitillo, que la tiene, lo es también de esos sátrapas gallegos, andaluces, castellanos, vascos, etc., incluso del enano catalán que en un alarde de “patriotismo” ayer se le escuchaba hablar en un correcto español para hacernos saber las medidas que, una vez adoptadas en la que él considera república bananera de su mando, exportarlas al resto de España. A lo que se ve, para eso, para lo malo, todos somos españoles e iguales ante la ley.

La amenaza está, pues, servida, y ello provocará que muchos españolitos restrinjan sus movimientos en estas Navidades, al igual que sus reuniones familiares y que la fiesta por antonomasia, la que celebra la venida de Dios hecho Hombre al mundo, se festeje con miedo, con tristeza o simplemente no se celebre. Ese era el gran objetivo de estos canallas para el que venían trabajando durante semanas, tras amenazarnos con una nueva cepa, un recurso muy socorrido que sirve para dar un paso más en la inoculación del terror a la población.

De hecho, tendremos ocasión de comprobarlo, suban o no suban los contagios más allá de las meras estadísticas oficiales, todas ellas cocinadas y manipuladas, al final de la Navidad nos dirán que la culpa del incremento se debió a los que celebramos las fiestas navideñas, a lo que añadirá algún tonto de baba aquello de “no nos portamos bien”.

Pese a todo, tal vez lo más grave sea esa amenaza con sacar el Ejército a las calles como si se tratarse de reprimir una revuelta. Tal medida obedece, sin duda, a ese afán perverso de seguir inoculando el miedo a la población y, por otra parte, para tratar de desprestigiar ante los españoles la imagen de las Fuerzas Armadas como hicieron, previamente, con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, convirtiendo a estas gloriosas Instituciones en fieles siervos del poder totalitario y represor.

Sorprende que ese Ejército, con el que ahora nos amenazan, es el mismo que se negaron a sacar cuando una parte del territorio nacional trató de independizarse por la fuerza: Cataluña. Para eso no estaba el Ejército que, por cierto, es una de las misiones primordiales que tiene asignadas: mantener la integridad territorial de España y no la de asumir el papel de represor para implementar unas medidas adoptadas por el poder político sin fundamento científico alguno, más allá de salvar su culo y así poder seguir en sus poltronas cobrando sus cuantiosos sueldos.

En fin, como era de esperar, la Navidad se la han cargado. De hecho, el sátrapa galaico ya ha prohibido en toda la demarcación de su taifa la celebración de las Cabalgatas de Reyes y, por tanto, siguiendo el viejo dicho popular de “cuando las barbas de tu vecino ves quemar, pon las tuyas a remojar”, que las cofradías semanasanteras no hagan muchos planes pues allá para principios de abril aparecerá una nueva cepa -tal vez procedente de Tanganica- que obligará a suspender los desfiles procesionales de la Semana Mayor, tiempo al tiempo.

Pese a todo, a socialistas, comunistas, podemitas, globalistas, feminazis, animalistas, ecologistas, veganos, perroflautas en general, separatistas, filoetarras, los de Teruel e incluso los peperos acobardados, FELIZ NAVIDAD para todos y que la venida el Hijo de Dios al mundo nos devuelva la fe, la esperanza y el valor para acabar con esta situación.

Por tanto, HOY MAS QUE NUNCA, ¡FELIZ NAVIDAD!