Napoleón Luis Bonaparte, sobrino de Napoleón, e hijo del Rey de Holanda, Luis, hermano del emperador de los franceses, termina su estudio sobre la genealogía de la familia diciendo: “los títulos de nobleza no son objeto de curiosidad sino para un corto número de personas, y, por otra parte, la familia Bonaparte no obtendría de ello ninguna gloria”

Quien sirve bien a su país no necesita antepasados.

Por un instante nos encomendamos a la musa de la Historia, Clío, recordándonos, que en 1188, reinando Alfonso IX de León, se celebraron las Cortes, constituidas por tres estamentos; el clero, la nobleza y los representantes de las ciudades.

 Dichas Cortes, en este siglo, fueron reconocidas y honradas por la Junta de Castilla y León, concediendo a la ciudad  el  título de “cuna del parlamentarismo”; la Unesco las reconoció como “el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo”

Iglesias, nostálgico de la guillotina, sujeto comunista, el que iba a impedir el sueño y el reposo del socialista Sánchez,  ahora los tenemos a ambos celebrando poéticamente su himeneo en el dorado tálamo de la traición a España y al  orden constitucional.

Iglesias, revolucionario comunista, adorador de Lenin, asesor de la dictadura venezolana, fiel imitador de lo que sucedía en la Asamblea Nacional Francesa en el periodo de la Revolución de 1789, donde rara vez faltaba en el orden del día alguna destrucción,; interiorice el lector, guarde para sí, y retenga para lo que le reste de vida, que individuos como él, llegan a la política para destruir y alcanzar el poder a cualquier precio, por ejemplo la guillotina, a la que se refiere de esta guisa: “cuántos horrores nos habríamos evitado los españoles de haber contado a tiempo con los instrumentos de la justicia democrática”

Ensalza y hace apología de la pena de muerte mediante la decapitación como “madre de la democracia”.

Los comunistas son sanguinarios, brutal y  obscenamente cínicos, cuya siniestra evolución política y social, siempre está basada en la mentira y la propaganda; su eficaz y pragmático discurso se puede resumir en términos revolucionarios:  Ven a berrear con nosotros. Cuando te hayas enriquecido serás lo que quieras.

Carecen de cualquier escrúpulo o freno moral que reduzca las posibilidades de alcanzar sus objetivos de poder, son capaces de declarar que los asesinatos, las matanzas o las masacres colectivas de vidas humanas, Todo estaba previsto y  había pasado con orden. 

Napoleón no encontró el poder en su familia, lo creó él,  como bien decía su sobrino, los títulos de nobleza no le habrían aportado  gloria,  honor ni reconocimiento histórico.

Sirvió a Francia, sin contar con el escudo y la espada de sus ascendientes, lo que no fue óbice, para que terminara sus días exiliado en la isla británica de Santa Elena.

Iglesias, a quien de ningún modo se le puede imputar la filosófica frase, sus modos, formas e ideas políticas confirman que es una persona antitética a las que se refiere la primera premisa o afirmación, “servir bien a su país”; están constatados los beneficios adquiridos por el amante  de la guillotina, desde el primer instante en  que recaló en la turbulenta vida política y social que padecía España; sus actos, sus pretensiones o manifestaciones emanadas de la criminal ideología comunista, resultan destructivos y nada tienen de servicio a la sociedad, todo lo contrario, sus maléficos vientos erosionan lo que encuentran a su paso.

Respecto a la categórica negación de la frase, “no necesita antepasados”, Iglesias comete un doble error aludiendo a sus antecesores, su genealogía no merece interés político alguno,  excepto para los rugientes y alborotadores camaradas que le secundan, por otra parte, cabe advertir que de sus personales fuentes de antaño no brotan aguas límpidas y trasparentes que pudieran apagar la sed de justicia, progreso, estabilidad y orden constitucional, en definitiva democracia. 

Iglesias, promotor histórico y abanderado de las antiguas Cortes de León, ejemplo de rebuznos parlamentarios y paladín de la democracia bolchevique, consciente de la debilidad política, económica y social de la Nación, cuestiona la democracia española, dando la razón a Rusia al afirmar que “no hay normalidad política y democrática en España”; criticando la situación en que se encuentran algunos políticos independentistas de la actual Catalun-YA ( ¡ya está bien, ya basta de ensoñaciones!), o se aplican cirugías agresivas para extirpar el mal del separatismo, o el pus secesionista terminará por inundar el tejido social de la sociedad catalana, y por ende, la española en su conjunto.

Aunque, ¡quizá! no le falte razón, lo cierto, es que España presenta anormalidades, irregularidades, e incluso aberraciones democráticas, como el pacto y alianza del gobierno socio-comunista con los secuaces del terrorista Otegui,  con los golpistas e independentistas de la históricamente siniestra Esquerra Republicana; como que el Poder Ejecutivo se permita menospreciar y atacar al Poder Judicial, haciendo buena la frase del socialista Alfonso Guerra, “ Montesquieu, ha muerto”; como la gestión negligente y criminal de la pandemia, que ha enterrado a casi 100.000 españoles, y el gobierno persista en el ocultamiento y manipulación de las cifras; como que se promulguen leyes que atentan contra la historiografía y la libertad de expresión y de pensamiento, o en su caso derriben o destruyan los más elementales conceptos de la Naturaleza,  de la Biología y de la Ciencia; en fin, un dilatado y variopinto etcétera que se sustancia día a día en una tangible provocación antidemocrática al pueblo español.