La reivindicación del colectivo homosexual hace tiempo que ha pasado de la estricta reivindicación identitaria: la defensa de sus derechos y la movilización por la conquista de su aceptación social, a reivindicar una polisexualidad con límites teóricos imprecisos: LGTBIQA+.   

   Si hasta finales del siglo XX la reivindicación del reconocimiento de la identidad homosexual se confunde con las libertades democráticas, a partir del siglo XXI se transforma en un constructo político, que superando la emancipación sexual se proyecta hacia una revolución global emancipada de la razón que ha terminado por asumir el liberalismo (Partido Popular), que siempre se habitúa a lo que no le molesta. Que es dónde deberíamos centrar el debate.

    ¿Cuál es el proyecto de esta revolución? Que las sociedades terminen aceptando que lo masculino y lo femenino son producto de la influencia cultural y social, que no de las características fisiológicas. Así, ser hombre o mujer, no estaría determinado por el sexo, sino por la cultura. De lo que se deduce –como bien dice José Gil Llorca en su Blog, 15 de julio de 2011, haciendo una certera crítica- “que la exclusividad de la relación entre hombre y mujer es un constructo social y cultural que es útil para mantener la hegemonía del dominio masculino, un dominio que constituye la superestructura de lo que denominan sociedad patriarcal”.

    Tal es la ofensiva del proyecto revolucionario y el número de sus colaboradores, que hasta el mundo científico se pliega a las imposiciones de este constructo, que tras el primer comunicado, ahora omite decir que la “Viruela del Mono” es enfermedad propia de homosexuales.

   Es evidente que hay un claro desplazamiento sociológico de la razón hacia la demencia. Por ello es necesario que, frente al espectáculo dantesco, ordinario, grotesco y molesto que nos ofrece el llamado Orgullo Gay, la gente sepa a qué se enfrenta y cómo puede defenderse. 

    Todos los órganos del cuerpo tienen una función, y la del ano es la de excrementar. Esto es, evacuar la materia compuesta de residuos de alimento que el organismo elimina, última parte del procedimiento del aparato digestivo en animales y humanos, tras haber hecho la digestión.