Cada 9 de julio, los argentinos conmemoramos un nuevo aniversario de la declaración de la independencia, hecho que se desarrolló en San Miguel de Tucumán, una ciudad histórica de nuestro país adonde se había instalado el congreso de las por entonces Provincias Unidas del Río de la Plata. Es costumbre que el presidente de la República viaje allí para los actos, y que el periodismo sea quien muestre tales festejos a los que vivimos en otras latitudes de este enorme país. Valga decir que un canal de televisión de renombrado oficialismo, estuve allí, y que el cronista enviado, en un acto que sin duda le estará costando su puesto, puso el micrófono en vivo ante los inocentes rostros de varios niños en edad escolar que son llevados a honrar esta fecha y la llegada del primer magistrado. Y en ese acto de por sí común, se dio lo que narraré:

El periodista acercó su micrófono a un niño y le preguntó al escolar: - ¿Qué dirías al presidente de la república? – a lo que el infante respondió: - Le preguntaría, ¿por qué se deja mandar por Cristina?

Para los lectores de este diario debo aclarar que a lo que el inocente niño se refería es a por qué el presidente de la Nación se deja mandar por la actual vicepresidente.

Como muchos de ustedes sabrán, en una semana hemos perdido al ministro de economía, hemos visto subir los precios en general un 30%, y hemos constatado que la moneda estadounidense se disparó de poco más de 200 pesos a 270. Todo en medio de una pelea que involucró a los dos más altos responsables de la gestión de gobierno.

Agrego a esto que, en 2019, unos días antes de que la Sra. De Kirchner anunciara su candidato presidencial, el Dr. Fernández - actual presidente – dijo que no debería ir nadie sino la misma Cristina, ya que quien lo hiciera no sería más que un títere. A confesión de parte…

Mientras tanto, la decadencia política se refleja en la economía real. Pobreza en aumento, industrias que huyen, capitales que se escapan o saltan el cerco inútil del Estado. Todo ello condimentado con frases históricas: “El mérito no es lo que determina el cargo que se ocupa”… A las pruebas me remito…

Como en el cuento que los hermanos Andersen compilaron, la verdad vino de la inocencia. Eso sí, la desnudez es visible más allá de los aplausos de los serviles a sueldo.