Alexei Arestovich es asesor de la oficina del jefe de la oficina presidencial de Volodymyr Zelenski. En una entrevista, en febrero de 2019, predijo que la guerra con Rusia se produciría en un 99% de los casos y detalló pasó a paso cómo sería la invasión. Este texto, escrito tras la debacle de la OTAN en Afganistán ha sido publicado por nuestros colaboradores lituanos de Propatria.

Los acontecimientos de Afganistán son el fracaso de la doctrina de 1991 de "democracia liberal para todos, victoria y suspensión de la historia".

Como así fue (inesperadamente), el mundo real no se presta a experimentos idealistas destinados a unir a todos bajo un concepto ideal. La URSS fue la primera en sufrir esto. Ahora es Estados Unidos, líder del Occidente colectivo.

Los EE.UU. son un socio-sistema con una densidad intelectual de especialistas en todos los procesos imaginables que supera la de cualquier otra comunidad de la Tierra, pero ahora está siendo testigo de los procesos de su propia percepción errónea de la realidad.

Esto demuestra una vez más que los ideales están por encima del intelecto, y pueden cegar incluso a las personas e instituciones más desarrolladas.

Cientos de expertos han defendido durante décadas que es posible construir una sociedad libre y democrática en Afganistán (Rusia, China, Irak, Irán, rellene los espacios en blanco).

Se han gastado cientos de miles de millones de dólares y se han perdido cientos de miles de vidas en estos cuentos.

Treinta años después, ha quedado claro que las democracias liberales tienen tanto éxito en la destrucción de personas, Estados e instituciones como los regímenes totalitarios que "combaten", y resulta que no saben mejor que los regímenes totalitarios lo que una persona concreta necesita realmente, hoy y en el futuro...

Los ideales están por encima del intelecto. Y muy por encima de la comodidad.

Miles de expertos y decenas de millones de fans siguen alimentando la imagen de un mundo que se ha hecho añicos en Afganistán, en el que todos quieren un televisor, una nevera y el feminismo por encima de todo. Aman esta visión del mundo pero, como fue (inesperadamente), no están dispuestos a dar su vida por estos grandes logros de la civilización. Les gustaría que otro sacrificara su vida por estos grandes beneficios de la civilización, mientras estos expertos y admiradores los disfrutan.

Y si no es así, siempre debería haber espacio suficiente en el plano de escape. Los fanáticos de una cosmovisión en la que toda la humanidad quiere, como una sola persona, Netflix y las marchas LGBT están convencidos, creen y seguirán creyendo que Afganistán es sólo otro fracaso no sistémico, y que el movimiento mundial hacia la democracia liberal es el único camino sin alternativa, pues una vez atravesado, se trata simplemente de exiliar y expulsar de las universidades a todos aquellos que se atrevan a cuestionar la nueva doctrina única y verdadera.

Mientras tanto, las personas más sabias que aún recuerdan a los comunistas de antaño se interesan por cuestiones mucho más serias.

A saber:

- ¿Cuándo y a qué precio se dará cuenta Occidente de su error sistémico en esta cuestión?

- ¿Cuándo nos daremos cuenta todos de que el viejo orden mundial ha terminado y que ha comenzado uno nuevo, cuyos contornos son poco visibles desde dentro del proceso?

- ¿Qué tipo de imagen del mundo se ofrecerá en su lugar?

- ¿El desarrollo de las relaciones de producción conduce inevitablemente a la emancipación y liberación de la sociedad y al cambio inevitable de las fases de desarrollo?

- ¿Cuál es el coste real del progreso científico, técnico y social? ¿Quién, cómo y con qué criterios puede determinar el verdadero coste de ese progreso?

- ¿No es hora de replantearse seriamente la propia noción de "progreso"?

- ¿Es posible la globalización como unificación? ¿Es posible en principio?

- ¿Cuáles pueden ser los principios de convivencia en un mundo en el que, por un lado, nadie impone a nadie la única doctrina correcta y, por otro, nadie puede ni debe tolerar el mal y el crimen?

- ¿Existe una forma individual de desarrollo de las naciones y las culturas, y cómo encontrar el equilibrio adecuado entre lo universal y lo único en cada caso?

Supongo que tendré que escribir un nuevo estudio político en el que intentaré encontrar al menos respuestas aproximadas a estas preguntas.

Hasta ahora, me he convencido de una cosa: no tiene sentido luchar por la creación de un "nuevo estado democrático" en Ucrania.

Si hay algo por lo que luchar, es por la creación de una nueva civilización que pueda responder con éxito a estas preguntas.