El tema del famoso cuadro y, por tanto, del bombardeo que lo inspiró (¿o no lo inspiró?) están cíclicamente de actualidad, en los últimos días por la alusión del presidente ucraniano Zelensky en el parlamento español. Sabemos, desde la publicación de un artículo que relata la investigación del director de fotografía José Luis Alcaine, que la inspiración de la composición del cuadro está en el film ‘Adiós a las armas’, de Frank Borzage, y no en el famoso bombardeo. Parece que su temática original tampoco era la Guerra Civil sino la muerte de un torero, lo que convertirían el resultado final en una obra maestra, no de la pintura, sino de la manipulación y la propaganda.

¿Qué pasó en Guernica? ¿A qué se debe su fama? ¿Por qué su sobreexplotación es una falta de respeto a sus víctimas y a todas las demás víctimas de bombardeos sobre población civil? Trataremos de explicarlo.

Los bombardeos sobre población civil son una acción esencialmente criminal. Consisten en dejar caer de forma indiscriminada bombas sobre núcleos urbanos de población, exterminando a civiles y sin valorar los objetivos militares. El interés bélico consiste en desmoralizar a la población para facilitar una rendición, en algunos casos, o el mero sadismo en otros, constituyendo operaciones de castigo. Existen varios antecedentes de este tipo de bombardeos aéreos en el siglo XIX, aunque fue en la Guerra Civil española y, sobre todo, en la Segunda Guerra Mundial, cuando se popularizaron, alcanzando cotas de destrucción especialmente significativas. Por desgracia, los bombardeos sobre población civil, se han seguido practicando con posterioridad, incluso en ausencia de un entorno bélico, como los bombardeos frecuentes de Israel sobre la franja de Gaza en represalia por acciones terroristas de los palestinos, lo que es paradójico, ya que estos bombardeos constituyen, en sí mismos, actos de terrorismo infinitamente más dañinos que los que dicen vengar. Los últimos ejemplos parece que los tenemos en la guerra de Ucrania, tanto por parte de Rusia en ciudades ucranianas como del ejercito ucraniano en el Donbas.

El bombardeo de Guernica aparece en el imaginario colectivo como el paradigma de los bombardeos sobre población civil, parte por la propaganda de guerra republicana y aliada, parte por el cuadro de Picasso. ¿Es justa esa apreciación? ¿Fue el bombardeo de Guernica el primero, el más destructivo o el más innecesario militarmente de cuantos se produjeron en la época? ¿Fueron los bombardeos sobre población civil primera o especialmente utilizados por los nacionales en la contienda española o por los nazis en la mundial? Veamos:

Según la propaganda antifranquista, el primer bombardeo sobre población civil de la historia fue el de Durando, efectuado por los nacionales en marzo del 37, 26 días antes que el de Guernica, pero lo cierto es que la aviación republicana llevaba bombardeando civiles desde el verano del 36, recién iniciada la contienda, como reconocen sus propios partes de guerra, de modo que realmente fue el bando frentepopulista el que tiene el dudoso honor de haber “inventado” los bombardeos sobre población civil. El primero de todos tuvo lugar en Tetuán, sobre el que se lanzaron ocho proyectiles el mismo 18 de julio del 36: tres sobre la sede del Alto Comisionado y cinco sobre la medina, el barrio árabe de la ciudad, que causaron 15 muertos y más de 40 heridos, con aviones Douglas DC-2 y Fokker F-VII, dos aparatos de uso comercial que habían sido reconvertidos en bombarderos. A este siguieron los bombardeos sobre barrios populares de Ceuta y Melilla el 19 de julio de 1936, al día siguiente. Antes de que terminase el mes de julio de 1936, es decir, en apenas doce días, la aviación frentepopulista había bombardeado ya Zaragoza, Córdoba, Sevilla, Toledo y varias localidades controladas por los alzados.

El primer episodio con cierta repercusión se produjo el último día del mes de julio en varias poblaciones de Extremadura. Los agentes de la Guardia Civil de Cáceres y de Mérida fueron enviados, junto a sus familias, a Madrid para evitar que se sumasen al levantamiento. En el tren que les trasportaba se amotinaron y se dirigieron, pasando por Santa Amalia, a Miajadas. Las dos poblaciones fueron bombardeadas por aviones del Gobierno Republicano en sendas operaciones de castigo de las que las víctimas fueron civiles, ya que los guardias no se encontraban en las poblaciones en el momento de los bombardeos. Mérida recibió en las últimas semanas de agosto varios bombardeos, al igual que Sevilla y otras poblaciones bajo control de los nacionales. Entre el 15 y el 31 de agosto hubo 45 incursiones aéreas republicanas sobre población civil con un balance de ochenta muertos y ciento cincuenta heridos. El más duro se produjo en Santa Amalia, donde se había alojado la columna Castejón en su avance hacia Madrid. El pueblo fue bombardeado y murieron 46 civiles.

El 12 de abril del 37 los frentepopulistas bombardearon Valladolid, causando 30 muertos y más de 100 heridos, a la que siguieron,en los días siguientes Palma de Mallorca, Granada, Sevilla, Talavera de la Reina, Burgos, Alba de Tormes, Navalcarnero, Segovia, Cantalejo, Cáceres, Córdoba, Daroca, Calatayud, Miranda de Ebro y Zaragoza. En Cáceres, el 23 de julio de 1937 cinco Katiuskas arrojaron 18 bombas en el Mercado de Abastos, el Instituto de Enseñanzas Medias, Gobierno Civil, Plaza de Santa María, trasera del cuartel de la Guardia Civil y las calles Santi Estpíritu y Nidos. Más de 70 muertos y casi 300 heridos que los historiadores marxistas eliminan sistemáticamente de sus historias sobre la Guerra Civil. Este tipo de acciones continuó durante toda la Guerra Civil.

Especialmente significativo fue el bombardeo sobre la población de Cabra el 7 de noviembre de 1938. Situada en la retaguardia más lejana del frente, en Córdoba, tres bombarderos republicanos descargaron en día de mercado veinte bombas que causaron 109 bajas inmediatas y 234 heridos de los que algunos fallecerían en los días siguientes. Parece que los republicanos españoles no tienen mucho de lo que sentirse orgullosos.

El número de muertes ocasionadas por el bombardeo de Guernica es controvertido, Pio Moa habla de entre 100 y 120, el antifranquista Paul Preston eleva la cifra a entre 1000 y 1200, y otros propagandistas republicanos hablan de hasta 1600. La cifra real máxima, demostrada por Jesús Salas Larrazábal, es de 126 muertos, lo que está más cerca de Moa que de Preston. Franco prohibió, tras Durango, el bombardeo sobre objetivos civiles. Fue desobedecido solo en dos ocasiones, Guernica y Barcelona. El Frente Popular practicó bombardeos de ese tipo sobre multitud de ciudades, como hemos visto, nunca los prohibió y en sus partes se jactaba de sus efectos «desmoralizadores». El bombardeo de Guernica no fue contra una villa sin interés militar, como afirma la leyenda: tenía fábricas de armas y tres batallones acantonados en ella y, de ser conquistada inmediatamente la ciudad, quedarían embolsadas importantes tropas izquierdistas-separatistas, lo que suponía un objetivo militar relevante. Es falso que la acción se dirigiese contra «los símbolos vascos»: Los alemanes los desconocían por completo, no fueron atacados en absoluto y luego las tropas nacionales los protegieron al conquistar el pueblo.

La leyenda negra sobre la intención y el alcance del bombardeo fue iniciada por corresponsales ingleses conservadores, que llegaron después del bombardeo y no estaban allí en el momento en el que se produjo. Estos corresponsales, en especial G. Steer, de The Times, defendían las tesis belicistas frente a la Alemania nazi, de modo que tenían interés en alarmar a la población británica sobre las presuntas atrocidades que pudieran cometer en España. Se trataba de hacer ver la necesidad de intensificar el rearme ante la evidente amenaza alemana. Para ello crearon el mito de Guernica, que después el pintor comunista, antifranquista y estalinista Picasso, sin conocimiento directo de los hechos, llevó al famoso cuadro, contribuyendo a ello.

En la Segunda Guerra Mundial los bombardeos sobre población civil fueron generalizados en ambos bandos y de un alcance mucho mayor, llegando al paroxismo en el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, y en los bombardeos sobre Dresde, en los que murieron unas 300.000 personas. Es paradójico que los mismos maestros de la propaganda (no en balde los ingleses fueron los creadores de la leyenda negra antiespañola, siglos antes) que crearon el mito de Guernica, para convencer a su opinión pública de la necesidad de armarse contra Alemania, explotando el sentido criminal y terrorista de los bombardeos sobre población civil (que indudablemente lo tiene) fueran después los autores de los mayores bombardeos sobre población civil de la historia. Donde en Guernica murieron cientos, en Dresde murieron cientos de miles. Si el bombardeo sobre Guernica es censurable, que indudablemente lo es, en los términos históricos que hemos explicado, los de los republicanos también lo son y en mayor proporción, porque se prodigaron en mayor número, y los de los británicos sobre Dresde lo son mil veces más, pues causaron aproximadamente mil veces más víctimas.

El valor moral de denunciar un crimen es buscar la reparación de las víctimas, el castigo de los culpables y, sobre todo, evitar que se vuelva a repetir. La denuncia de un crimen que, no solo no evita su repetición, sino que excusa un crimen aun mayor, carece de verdadero valor moral o, incluso, este es negativo. La creación del mito de Guernica, al que esta película contribuye, exagera y falsea los hechos históricos, pretende vincular los bombardeos sobre población civil con un bando y con una ideología, cuando fue inventado y practicado en mayor medida por el otro bando, cosa que oculta, a la vez que justifica los crímenes mucho peores que cometerían contra civiles japoneses y alemanes los mismos que obtuvieron ventaja propagandística de estos hechos. Sobredimensionar unos crímenes y ocultar otros en beneficio partidista de un determinado ideario y en perjuicio de otros, que se satanizan, constituye un evidente agravio comparativo, incompatible con la verdad y con la justicia, y representa una falta de respeto a las víctimas, cuyo sacrificio se utiliza con fines espurios, y, sobre todo, a aquellas otras que se olvidan e ignoran.

En ese sentido, la utilización del recuerdo de Guernica por el presidente ucraniano, como su anterior mención en Holanda a la “lucha contra la tiranía”, resulta sospechosa, por cuanto se inserta en una tradición de manipulación y propaganda ajena a cualquier criterio ético y a los hechos históricos reales, por lo que la podemos calificar, cuanto menos, como desacertada.