Cada semana que pasa contiene un momento que constituye otro paso más en la historia de las relaciones modernas entre el Estado español y Cataluña, que, teniendo el derecho a la autonomía y al acceso a su autogobierno, quiere más competencias y más dinero, como ocurre con el País Vasco y con Navarra, además de más márgenes para obrar sin controles. La contestación del Gobierno sigue siendo la misma, pues prefiere no hacer mucho caso de las advertencias independentistas mientras no ocurra algo grave.

El pasado día 11 de junio, Pep Guardiola leyó ante una gran congregación de personas un manifiesto declarando cuál es el deseo de muchos catalanes que quiere que se celebre el referéndum por la independencia de Cataluña el día 1 de octubre. Son varios los aspectos del discurso, con el que se dijo que el Estado español es un Estado autoritario y que los catalanes necesitan ayuda de la comunidad internacional.

Muchos, como Toni Cantó y Pablo Casado, han criticado a Pep Guardiola. El sometimiento del entrenador a los intereses del Gobierno catalán se ha visto con recelo, pues, antes de dirigir a equipos como el F.C. Barcelona, Pep Guardiola jugó para España cobrando una buena remuneración.

Hay que exponer algunas reflexiones:

  • - El Gobierno catalán ha llegado a ser más opresor que el Estado español, ya que en el resto de España no se castiga el uso del catalán, mientras que, en Cataluña, se imponen sanciones por no rotular en español. Además, Qatar, donde trabajó Pep Guardiola no es, precisamente, una democracia ejemplar.
  • - Está bien que los catalanes pidan ayuda de otros países. Sin embargo, deberían centrarse en solicitar auxilio de Suiza y Andorra, en cuyo territorio puede encontrarse mucho dinero público de los catalanes.
  • - Las declaraciones de Pablo Casado, que respondió a Pep Guardiola diciéndole que la separación de Cataluña de España es tan ilegal como un gol en fuera de juego, no constituyeron una mala contestación, pero estuvieron desenfocadas. Lo que Cataluña simplemente quiere es que sólo se sancionen las situaciones en fuera de juego que les perjudican y que se ignoren las que le beneficien.

El acto de Pep Guardiola pretendía atraer la atención, aunque viendo la cantidad de críticas que ha recibido el entrenador, es fácil pensar que no ha cumplido sus objetivos como él quería, pues no ha conseguido atraer la atención de las personas que él esperaba. Lo que ha ocurrido era previsible, aunque muchos pudieron no querer entenderlo con anterioridad.