Hace mucho tiempo que el concepto de libertad real, esa gran panacea universal que todos añoramos, está más que en entredicho. Nos hemos acostumbrado a una suerte de pantomima que llaman libertad, más gestual que efectiva, que no deja de ser una falacia en la que cree la mayoría sin siquiera analizar la realidad de lo que sucede a nuestro derredor. Una especie de trampantojo que nos tiene a todos deslumbrados no permitiendo que veamos lo que realmente hay detrás de este decorado de obra de teatro mala: nada.

Todavía recuerdo cuando los gallitos de la izquierda y ultraizquierda más recalcitrante gritaban aquello de “prohibido, prohibir”, consigna que muchos tontos útiles se creyeron a pies juntillas, en la seguridad de que llegados estos indocumentados al poder todo sería un paraíso de libertades.

Es de lamentar que los españoles no nos ocupásemos de conocer un poco de nuestra historia reciente para saber que tal aseveración no es más que una mentira para allegar votos y así poder ocupar poltronas y vivir, sin trabajar, una vida de lujos y prebendas y, por supuesto, si las cosas pintan feas saquear, como la otra vez, los bancos y las cajas privadas de los españolitos y embarcarse, huyendo como “valientes”, con el rabo entre las piernas, pero eso sí, con las espaldas bien cubiertas y sus carteras sensiblemente engordadas.

Pero si ya la libertad que nos vendieron era una auténtica pantomima, pues desde las sombras siempre hemos estado manejados -grandes gurús de la comunicación, influenciadores, grupos de presión, modas- lo sucedido tras la irrupción del maldito virus chino se ha convertido en escandaloso, sin embargo, la gran mayoría sigue poniéndose de perfil, permitiendo que limiten nuestros derechos y libertades, unos por intereses ocultos y bastardos y otros debido al terror inoculado.

España, lo he dicho más veces, desde la aparición de esta “plandemia” se ha convertido en una masa de silentes acobardados que camina hacia ninguna parte que no sea su destrucción total, eso sí, bien ocultos tras el reglamentario tapabocas y manteniendo las distancias que nos han ordenado.

A lo largo de estos meses hemos aguantado estoicamente de todo. Desde decirnos, sin recato, que se ordenaba a las fuerzas del orden minimizar los mensajes contra el gobierno, el colmo de la tiranía y el totalitarismo; pasando por la cada vez más mermada libertad en las redes sociales donde, si no eres políticamente correcto, siguiendo sus patrones ideológicos, estás condenado a no poder manifestar tu opinión; hasta la cantidad de leyes bastardas aprobadas por esa mayoría -sociatas, comunistas, perroflautas, separatistas, proetarras y uno de Teruel- que nos desgobierna, todas ellas atentatorias contra el principio más elemental libertad y que tan solo buscan la destrucción total de España.

A estos hay que sumar la corrupción reinante a todos los demás niveles. La mejor prueba de ello son esos reinos de taifas donde el emir de turno, una mezcla de pequeño tirano y señor feudal a la usanza medieval, juega con nuestras vidas y nuestras haciendas a su antojo, mermando nuestras libertades amenazándonos con cierres perimetrales, aforos limitados, toques de queda, exigencia de pasaportes y de vacunación obligatoria, vuelta a la obligatoriedad del bozal en todo tiempo y lugar, etc., etc., medida a cada cual más arbitraria y sin sentido pero que, con su entrada en vigor, hacen crecer el ego y la prepotencia de estos reyezuelos de taifas que así, convertidos en dueños y señores de nuestras vidas, nos manejan a su gusto so pretexto de que es lo bueno para nuestra salud y, entre tanto, el pueblo sigue atontado, silente, obediente y sumiso sin levantar la voz no sea que el señor feudal de turno mande a sus mesnadas contra el que ose protestar.

Y esto es extrapolable a todo. La libertad solo se entiende si se hace lo que ellos quieren siguiendo sus dictados ideológicos. No se trata, por tanto, del concepto de libertad, entendido como un bien supremo sujeto solo a las normas legales vigentes, sino a “su libertad” la que ellos pretenden inculcarnos.

Pongamos un ejemplo, ¿qué habría sucedido si el pasado lunes en Valencia, en lugar de colgar la efigie del miserable asesino genocida Stalin, hubiese aparecido una del General Franco? La hecatombe. A estas alturas, habría un montón de detenidos y se hubiese exigido responsabilidades a los que, por acción u omisión, permitieron “tamaña ofensa a la libertad”. Algo similar sucedería si en lugar de hacer ondear la bandera tricolor de la nefasta República, totalmente ilegal, dicho sea de paso, se enarbolase una enseña nacional con el viejo escudo con el águila de San Juan. ¡Pufff!, se declararía la guerra y ya saldría, voz en grito, toda esa caterva de zafios e ignorantes de la izquierda y ultraizquierda a vociferar exigiendo que se retirase de inmediato lo que ellos llaman “bandera anticonstitucional”. Qué no, hombre, qué no, que la ignorancia puede más que vosotros. Ese escudo, a lo sumo, será no reglamentario, pero nunca ni preconstitucional y, mucho menos, anticonstitucional. Que nadie olvide que la Constitución es de 1978 y el nuevo Escudo de 1981, así que no vengáis con milongas para engañar a idiotas.

Lo que si es claramente anticonstitucional son esas medidas que pretendéis implementar: vacunación obligatoria, limitación de movimientos sin una causa objetiva que lo justifique, toques de queda nocturnos, arrestos domiciliarios, miserables leyes de memorias democráticas, etc. Eso sí atenta contra la Constitución.

Resulta alarmante llegar a la conclusión de que si alguien se le ocurre colgar en un balcón una imagen de Franco, seguro que le buscarán las vueltas para tratar de sentarlo en el banquillo, pese a que Franco fue Jefe del Estado Español durante cuarenta años, reconocido por todas las naciones del mundo libre, murió en la cama y colocó a España en un puesto privilegiado en el contexto mundial.

Sin embargo, quien coloque, en ese mismo balcón, la imagen del genocida por antonomasia, Stalin, uno de los tipos más miserables, canallas y perversos que dio la historia de la humanidad, entonces aquí no pasa nada ya que constituye la forma libre de expresarse los que la colocaron y todo ello con la aquiescencia de la izquierda y la ultraizquierda y el silencio cómplice de la derechona cobarde y acomodaticia.

Pero todavía hay más. Se ha sabido que, en la feria del libro de Monforte de Lemos que se celebra estos días, se ha prohibido la presentación de un trabajo cuyo contenido trata de poner luz sobre los intereses creados y al gran negocio que se oculta tras la “plandemia” diseñada por los poderes ocultos de la masonería internacional. Se ve que a más de uno no le interesa que el pueblo despierte de su letargo y llegue a su conocimiento los aspectos más turbios de este oscuro asunto y así, convertidos en representantes del nuevo “Santo Oficio de la Inquisición”, han prohibido que tal libro se presente.

Estamos asistiendo, cada día, a una auténtica nueva caza de brujas, iniciada sin recato, contra todo aquel que, en el ejercicio de su libertad, se niegue a vacunarse sobre todo después de saber que esas vacunas o lo que sean no impiden que te contagies ni siquiera que contagies a los demás. Entonces, ¿para qué sirven?

Vamos a ver. Yo quiero que se me permita escuchar la opinión de todos, de los provacunas y de los antivacunas; de los que creen que esto es una pandemia y de los que, por el contrario, creen que es una vulgar “plandemia” muy bien estructurada por el globalismo asesino; de los que defienden el uso de la mascarilla en todo tiempo y lugar y de sus detractores… En fin, conocer todas las opiniones y con lo que nos puedan demostrar empíricamente cada una de las partes, optar por la que consideremos más acertada.

Ya está bien de que nos traten como a niños, de que, como una suerte de padres, velen por nuestra salud. Lo que está sucediendo es el resultado de los cambios operados en nuestra sociedad que empezaron allá por 1982 y que la han convertido en infantilona, donde todos desdeñan cualquier tipo de responsabilidad con tal de vivir bien, sin darnos cuenta de que detrás de todo esto se oculta el interés de las clases, clanes y mafias dominantes para así poder manejarnos a su antojo y poder perpetuarse en las poltronas para vivir sin dar palo al agua.

Ya está bien de corruptelas y de chiringuitos, de mafias globalistas, de leyes corruptas, de obligarnos a pensar y actuar como quieran ellos, queremos ser libres ¡coño! De eso es de lo que se trata: de LIBERTAD, pero libertad de verdad, no de una pantomima.