Sr. Director:

    Su odio es tan intenso, tan voraz, que ella misma se consume en él. Resulta verdaderamente inquietante que alguien ofenda a millones de sus compatriotas, puede que a sus propios padres, de forma tan soez y gratuita. Que sea incapaz de apreciar que el capital humano de una sociedad es el conjunto de valores que permiten aumentar el bienestar común. Y es que nadie tiene la culpa de que la vida de esta individua sea un desastre, o de que la haya embrutecido un moro de esos que nos llegan en patera, cuya intención es aparearse con la primera desesperada y de esta forma conseguir la nacionalidad española por la vía rápida. Comienzo entonces por darle un consejo, que al respetar a los demás, los políticos aprender a beneficiarse a sí mismos. Aunque dudo que sepa entenderlo, su cara me lo delata.  

    Lo que sí sabe es que nadie la va a cortar el cuello y luego arrojar su cabeza a los buitres. Que la chica no se ha metido con Alá ni con los musulmanes. Pero esto es lo que sabe ahora; es decir, hoy, que bien sabemos que el mañana no está escrito, y tiempo al tiempo que las cosas se están poniendo calientes.