Las próximas elecciones madrileñas nos va a servir para medir el voto de castigo que va a recibir los gobierno social-comunista por su pésima gestión de la pandemia y su incapacidad para articular una política económica decente. Veremos si pesa más la realidad o el fanatismo alimentado por la maquinaria de propaganda mediática que en España prácticamente monopoliza la izquierda.

Sin duda Ayuso, como verso suelto del PP, goza de gran popularidad por su oposición al gobierno de Pedro Sanchez en la gestión de la pandemia y, sobre todo, por su limitación a los absurdos toques de queda indiscriminados, cierres perimetrales y cerrojazos de establecimientos que ha hundido al sector hostelero y comercial en el resto de España.

Desde luego que urge cerrar el paso a una victoria roja. Pero tomando perspectivas, no debemos olvidar que una victoria de Ayuso sin un VOX fuerte sólo va a servir como disculpa para reforzar al PP a nivel nacional y que sigan sin cambiar las condiciones ideológicas que nos han traído a esta situación en la que el comportamiento de ese mismo PP ha puesto en peligro la unidad de España y a la clase media en riesgo de argentinizarse. Por si no quieren tropezar otra vez en la misma piedra, lo votantes madrileños que están pensando en votar a Ayuso, en vez de a Roció Monasterio, recuerden de lo que sirvió Esperanza Aguirre para cambiar las políticas de Rajoy. Ayer mismo Casado expresó su deseo de gobernar sin VOX. A buen entendedor sobran palabras.

En cuanto a las candidatas, simplemente les recomiendo que busquen algunas intervenciones parlamentarias y discursos de Diez Ayuso y Roció Monasterio, escuchen y juzguen objetivamente, no hacen falta más comentarios.

VOX representa la nueva derecha del siglo XXI. La revolución conservadora que reivindica la defensa de la patria, la familia y la transcendencia del hombre junto a los clásicos valores de trabajo y ahorro en lo económico, que tanto vienen siendo maltratados por la izquierda y abandonados por la derecha oficial.  Revolución que también representa ese incipiente movimiento que se está propagando por todo Occidente, esa rebelión popular ante unas élites políticas, mediáticas y económicas que se han desentendido del pueblo y de la civilización occidental. Esas élites que trabajan en pos de un mundialismo en el que los ricos cada día se hacen más ricos y las clases medias, a las que pertenecen los trabajadores, cada día ven como su nivel de vida disminuye y el futuro de sus hijos se proletariza.

Las bases de la derecha española ya han percibido que el PP en modo alguno es una garantía para la defensa de aquellos valores relacionados con la unidad nacional o la familia tradicional. El miedo a la inseguridad económica, su ascendencia económica sobre los medios de comunicación y la inercia mantienen al PP como primera fuerza de oposición. Los votantes de derechas aún no acaban de aceptar que el PP, con la disculpa de la gestión económica, esconde que ha claudicado ante los principios culturales y morales de la ideológia progresista. Desgraciadamente, menos comprenden aún que un partido ideológicamente economicista, sin más programa que la tecnocracia y plenamente comprometido con la globalización, jamás representará adecuadamente sus intereses. No comprenden que la etapa de Rajoy no se trató de un paréntesis, es a la esencia del PP, cómo viene demostrando Casado y ratifica Feijoo. Y si creen que Ayuso será capaz de corregir algo, es que son unos ilusos que intelectualmente aún no han sido capaces de entender los cambios que se están produciendo en el siglo XXI y los retos a que nos enfrentamos.

Pero la recuperación de España y la supervivencia de las clases medias depende de que seamos capaces de articular una alternativa política que haga comprender a los trabajadores que los vínculos de solidaridad están indisolublemente ligados a la comunidad nacional. Una alternativa que no está al alcance del PP. Muy acertadamente VOX a elegido Vallecas para lanzar su campaña electoral en Madrid. VOX es también el partido de los obreros y de los españoles más humildes que quieren un trabajo digno, porque el trabajo debe ser el medio de su liberación de la servidumbre de sindicatos y partidos de clase y de la explotación del gran capital. Defender al trabajador y al autónomo español es protegerlo de los impuestos altos, de la inmigración incontrolada, del despilfarro y los chiringuitos de los partidos, de los abusos de las grandes corporaciones financieras, de las organizaciones supranacionales, de la desigualdad de trato provocada por los separatismos y la ultraizquierda.  Un electorado que puede ser clave, frente a ese electorado de niños pijos y clases acomodadas que vota al PSOE y a Podemos, para acabar con 40 años de dominio cultural e ideológico del “progresismo” en España. Sin duda esa ultraizquierda traidora al mundo obrero intentará reventar cualquier acto que conciencie al frágil trabajador español donde puede encontrar su verdadera protección.