Difícilmente puede calibrarse el daño que la Ministra del Empastre –mal llamada de Trabajo- y sus secuaces están haciendo al agro español. El mundo rural está siendo machacado por la bobalicona y suicida mano de quiénes no tienen otra dialéctica que el embuste para enfrentar a la sociedad y dividir a los españoles. Yolanda Díaz, Ministra del Empastre, se ha lanzado a la yugular de los agricultores y lo ha hecho de forma mendaz y cínica.

Pretextando querer “proteger a los jornaleros”, ha encargado a las Inspecciones de Trabajo la extensión de formularios sobre
las supuestas condiciones de "esclavitud laboral o prácticas similares" o "malos tratos" en las campañas agrícolas de mayo y junio.

Entre dichos formularios también se encuentra la vigilancia para detectar si "el trabajador presenta magulladuras" o si "están encerrados en el lugar de trabajo" con "signos visibles que indiquen que no puede abandonar el lugar de trabajo, como alambradas o la presencia de guardianes". También si a menos de “200 metros tienen un aseo que respete su intimidad y su honor”. Ciertos Inspectores de Trabajo han denunciado la sectaria impronta irracional y canallesca de las órdenes recibidas para machacar y multar a los agricultores.

Las protestas de las organizaciones como ASAJA Córdoba y ASAJA Extremadura no se han hecho esperar y ya han pedido la dimisión de la Ministra del Empastre, Yolanda Díaz.

¿Qué obsesión enfermiza ideológica puede animar a una Ministra a estigmatizar y criminalizar de la forma más abyecta a quiénes componen un sector, el agrario, que es el más injustamente maltratado por su antisocial gobierno?

Yolanda Díaz es una comunista de postín, una sempiterna vividora de la panoplia de la izquierda subvencionada caviar. Su odio atávico por el campo es directamente proporcional a la cantidad de gafapastas pijoprogres cuya soberbia urbanita los enquista en el enfrentamiento contra el mundo rural desde el atalaya de Podemos.

España no es una dictadura bananera con la población encarcelada como la Cuba castrista admirada por la Ministra del Empastre, ni un régimen matón africano como Sudáfrica, gobernada por racistas anti-blancos de ideología comunista que nos exportan sus productos elaborados con pesticidas prohibidos en Europa para enfermarnos y destruir a nuestros productores autóctonos a base de competencia desleal.

Los agricultores españoles tienen en sus venas la moralidad del humanismo cristiano y el respeto hacia el semejante. No son criminales ni explotadores. Sólo la mente obtusa inyectada en el veneno comunista podemita es capaz de lanzar esputos de odio como los vertidos por Yolanda Díaz.

ASAJA y COAG se manifestaron el pasado mes de enero contra la ruina demoledora a que conducía la subida del Salario Mínimo aprobada por el gobierno que ahogaría a pequeños y medianos empresarios agrícolas así como contra la competencia desleal de productos sudafricanos o marroquíes en el mercado español.
El líder del sindicato UGT, Pepe Alvarez tildó la protesta de “carca”, “derechosa” y “reaccionaria”. La Ministra del Empastre apartó a ASAJA de las reuniones con el Ministerio que ella representa, y, cómo no, empoderó todavía más a esas terminales subvencionadas, pegadas al marisco, a las Visa Black o a los ERE de Andalucía llamadas UGT y CCOO.

Yolanda Díaz es una acérrima enemiga del mundo rural. Colgada sobre las nalgas de Pablo Iglesias y de la “agenda 2030”, es una fiel escudera del sector ecologeta anti-agricultura y anti-caza radicado en Podemos y presente en organizaciones como WWF España, que han cobrado subvenciones de más de 500.000 euros por redactar informes para el control de la población del conejo y contra la caza .

La almorrana que todas las sociedades occidentales tenemos pegada al trasero gracias a los partidos centristas e izquierdistas, Greta Thunberg, es también inspiradora del hacer gubernamental de los podemitas como Yolanda Díaz; para la niñata enloquecida, como para Podemos, el combustible diesel –que es la sangre de la maquinaria de trabajo agrícola- debe desaparecer en menos de 20 años. Las agendas políticas de Podemos, y la de Greta, que son el verdadero gobierno dentro del gobierno de Pedro Sánchez, mandan los designios ideológicos sectarios que se despliegan contra los agricultores.

El malvado abolengo de los comunistas consiste en despreciar el campo. Lo odian. En el “Manifiesto Comunista” de Karl Marx el campo es reducido a una unidad colectivizada donde el trabajo y su producto no componen riqueza privada… sino expropiada por parte del Estado. Lenin puso rápidamente en marcha esa política tras el golpe de Estado de 1917 y la subsiguiente guerra civil. Los campesinos rusos, que odiaban a los bolcheviques al sentirse cómodos con el régimen zarista que respetaba su credo religioso y la propiedad de su trabajo, se alzaron contra el poder soviético. En 1918 Lenin había ordenado a los soviets “colgar” a los “Kulaks” a los que llamaba “ricos u opulentos”; en realidad, para Lenin, Kulaks eran todos los agricultores libres. El terror sanguinario, unido a la colectivización forzosa y al robo de las cosechas provocó hambrunas que mataron a 5 millones de rusos, generándose levantamientos campesinos como en la región de “Tambov” que fueron reprimidos, en 1922, con nubes de gas letal para matar a decenas de miles de personas ocultadas en los bosques. En “Samara” había un mercadeo con carne humana, donde incluso los muertos eran sacados de las fosas en las que eran enterrados tras morir de inanición, para ser comidos ante la escasez de grano y comida debido a la política de hambre creada por Lenin.

Este germen ideológico contrario al campesinado, leninista, comunista, es el que recoge el ideario motriz de la Ministra del Empastre Yolanda Díaz.

Por su contra, la política conciliadora del régimen de Franco con la agricultura se basó en integrarla en toda la estructura del sistema político; en institucionalizarla. El Sindicato Vertical se convirtió, a través de las Hermandades de labradores y productores, en una salvaguarda del campo y de sus aspiraciones. La preponderancia que el franquismo hizo sobre el campo con el Régimen especial agrario de la Seguridad Social, creó una capa social de propietarios/productores que en armonía con jornaleros vendieron todas sus cosechas a precios justos en el mercado nacional y en el exterior. España disfrutaba de 500.000 tractores en 1975, de más de 2 millones de hectáreas de regadíos para pueblos de colonización y de una modernización de maquinaria que la había situado como potencia agraria mundial con una exportación mayúscula en los años 60 y 70 gracias a la bilateralidad de los Acuerdos preferenciales comerciales como el de 1970 negociado con la Comunidad Europea. Esta tarea la hicieron gobiernos conservadores franquistas guiados por un espíritu social, obrero y sindicalista inserto en Ministros falangistas como José Antonio Girón de Velasco, el más brillante y destacado Ministro de Trabajo que ha tenido España y que entre 1941 y 1957 efectuó la mayor revolución social y laboral de la Historia de España, de la cual los campesinos se vieron especialmente favorecidos.

El idealismo de justicia social franquista se plasmó materialmente en la bonanza de aquellos años 60 del “milagro económico” español, propulsado en los anteriores años 40 y 50 cuando se construyeron las leyes laborales proteccionistas para los trabajadores de España.

Las paranoias aberrantes, rancias y antisociales del gobierno comunista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias son lo contrario de las políticas benefactores del mundo rural propiciadas por el régimen franquista. Las políticas comunistas de Yolanda Díaz representan lo que en todo país bajo dominio déspota rojo (la China de Mao Tse Tung, la Cuba de Castro o la Rusia de Lenin) han supuesto las fobias ideológicas de la izquierda: miseria planificada, pero disfrazada de grandes verborreas grandilocuentes sobre el proletariado y los derechos sociales.

La España profunda donde se vivifican nuestros ancestros, hundida su raíz en el agro que durante siglos fue la fuente económica predominante, nunca tuvo su potenciación y riqueza en el mercado globalista y desnortado que el laboratorio llamado Unión Europea o “mercado común” nos impuso. Nuestros agricultores fueron convertidos desde los años 80 del pasado siglo en mayordomos de Francia y Holanda a través de las migajas subsiadiarias de una “Politica Agraria Común” que les impidió producir de forma libre y competidora.

Hoy, cuando manda en España la izquierda mundialista palaciega de George Soros, amiga de los chaletazos de Galapagar, de los 22 Ministros a razón de 80 mil euros anuales y de la financiación narcoterrorista hispanoamericana, la agresión contra el campo español es mayor que nunca.

La Ministra del Empastre que ha llevado a 4 millones de españoles a ERTEs que no se han cobrado –o se han cobrado mal- , y que ya ha creado 8 millones de parados reales (los inscritos en las listas de desempleo más los desempleados temporales en ERTEs), lanza un misil contra la agricultura y su buen nombre que es precisamente otra estocada de gracia para la muerte del sector.

Los agricultores de España son abnegados, amantes de sus raíces y moralmente impecables e irreprochables; lo contrario de los podemitas, que los presumen culpables y esclavistas e imponen contra ellos la persecución y la estigmatización. Sólo una enferma de odio comunista podría actuar como lo hace la Ministra del Empastre.