Convendría recordar, cómo la historiografía independiente, no manipulada, imparcial, sin sesgo de sectarismo o revisionismo alguno, trata y evalúa a la I República, proclamada en Febrero de 1873 y liquidada en Diciembre del 74, y a su hermana menor, la II República, artificiosamente hermoseada con hopalandas de gloria democrática, justicia y estabilidad social o pluralismo político.

Entendiendo que el recuerdo o la memoria son algo personal, cuyo origen radica, en la instrucción, el conocimiento empírico o científico, en la capacidad de frenar los impulsos ideológicos que pudieran distorsionar la realidad, y por descontado, en la natural disposición del individuo para discernir o diferenciar el bien del mal.

El problema estriba en la ingente cantidad de electores que carecen de alguno de los recursos referidos, o bien, dan muestras de la más absoluta orfandad y desvalimiento de los mecanismos que se precisan para emitir opiniones razonables sobre las industrias, personajes y acontecimientos sucedidos en las tan añoradas Repúblicas.

La Primera se caracterizó por el federalismo desintegrador, que provocó la rebelión cantonal y el separatismo, la crisis de autoridad dio lugar al desorden social y político; la situación creada queda reflejada en la huida a Francia del primer Presidente, Estanislao Figueras, no sin antes hacer una proclama de despedida de este sincero y contundente tenor: “Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!”

Un Régimen estable y conciliador que todo ciudadano responsable desearía; en fin, farsa disparatada y astracanada política.

Pasan los años, y vuelta a empezar, ve la luz la II República, gestada en Agosto de 1930 en la reunión que tuvo lugar en San Sebastián, a la que asistieron la mayoría de los partidos republicanos, para posteriormente sumarse los socialistas y su organización sindical.

Desde este momento, con la instauración de la República comienza el “progreso” de España, la excluyente democracia republicana adquiere un cariz totalitario, los buenos augurios, pronto se tornan en decepciones de orden moral, política y práctica; la quema de conventos, la destrucción del Patrimonio, los atentados, la barbarie, el asesinato político y de los religiosos católicos ………, el separatismo, los golpes de Estado, el fraude y la violencia en las elecciones, la no aceptación de los resultados electorales, el odio que se dispensaban los primeros espadas de los partidos políticos, la bolchevización del PSOE, la progresiva dependencia de Stalin y el auge del PCE,…..todo esto contribuyó a la formación del Frente Popular y como trágica consecuencia al estallido de la Guerra Civil.

Ortega, Marañon y Pérez de Ayala firmaron en Febrero de 1931 un manifiesto de apoyo a la República, dado su prestigio, se les etiquetó como promotores intelectuales del nuevo Régimen.

La siniestra y violenta deriva del Régimen republicano, les obligó, desesperanzados, conscientes y abrumados, a manifestarse de este modo: ¡No es esto, no es esto!, o que la vida se había vuelto “agria y triste”(Ortega); ¡Qué asco, qué asco!, “tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales”(Marañon); “Lo que nunca pude concebir es

que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza” (Pérez de Ayala).

Después de esta breve y esclarecedora introducción, el gobierno socio-comunista de Sánchez/Iglesias, junto con sus aliados, menospreciando el interés general, la estabilidad social y la integridad de la Nación, pretenden, y de hecho, vuelven a reeditar otro Frente Popular y otra delirante y quimérica III República, sin reparar en los daños y estragos, que con certeza, volverían a producirse en la sociedad, en el progreso de España y en la convivencia entre españoles, además de procurarnos la ruina moral y económica.

El actual Frente Popular quiere forzarnos-- con la ayuda inestimable de la mayoría de los medios de comunicación, de las jaurías depredadoras de la moral y del orden natural, de los carroñeros económicos, siempre dispuestos a mendigar las migajas de los ágapes del “Heliogábalo” comunista,--¡aún estando vivos!, a subir a la barca de Caronte, que nos trasladará cruzando el Aqueronte al inframundo de los muertos, al Hades, al eterno pozo de suciedad del “Paraíso comunista”, a los “Prados de Asfódelos”, región donde se arrojan las almas mediocres, aquellas que no han sabido o querido reaccionar ante la esclavitud revolucionaria del comunismo bolivariano/español; nuestro llanto y padecimiento se hará más insoportable cuando veamos que las almas mugrientas de nuestros verdugos, gozarán, merced a la propaganda, de los reconocimientos y bondades que ofrecen los “Campos Elíseos” de la prostituida Historia.

El lector se preguntará, ¿y todo esto como lo consiguen?, elemental y sencillo, “con “la profesionalización de la mentira”, y siendo poseedores de otros dones o virtuosismos que por evidentes y perversos, su especificación es innecesaria y recurrente.

El más egregio discípulo de Ortega, Julián Marías, refiriéndose a la II República, ya comentó este derroche de mentiras de sus dirigentes, lo cual originó odios personales desmedidos que contribuyeron a la destrucción de la misma, provocando daños irreparables en la convivencia.