La televisión es un termómetro de la calle, o la gente somos un claro reflejo de la tele. Lo cierto es que aquí llora todo el mundo, desde Rociíto hasta Iglesias. La señora Carrasco se ha embolsado alrededor de dos millones de euros - según los mentideros-, por contar su 'trágica' vida, mientras Antonio David prepara su defensa, y el bolsillo de futuros gritos publicos. Por otra parte , Pablo Iglesias también soporta lágrimas en los pasillos del Congreso al decir adiós, por hacernos tragar sus insolentes ideas y las de sus 'compinches'. Ha sido fugaz, solo un año, pero parece un siglo de incertidumbres, enfrentamientos y conflictos dialécticos. No sabemos si España le debe una a Madrid, o quizá el país obliga a la Comunidad madrileña a no caer en la trampa. Iglesias se va emocionado, algo trama y no será precisamente solo por sacrificar su estatus de vicepresidente. 
 
Así, de esa guisa, abrazados y cabizbajos, Pablo Iglesias y Yolanda Díaz, cruzaban los pasillos del Congreso para dirigirse al hemiciclo con emoción y lágrimas. La ministra de Trabajo pasará a ser la tercera vicepresidenta y el líder de Podemos afronta la candidatura para la presidencia en las elecciones de Madrid del próximo 4 de Mayo. Sin duda queda claro que enmedio de las lágrimas también se esconden intereses de poder. A priori surge la duda, si Pablo Iglesias pierde 'poderío' mientras la ministra Yolanda Díaz asciende con garbo,  el Presidente de Podemos se cree imprescindible y pierde eslabón parlamentario. ¿Raro, eh?. 
 
Pero la política, o mejor las estratagemas, de estos politólogos siempre están proyectadas para el sectarismo propio, la sorpresa y el estrellato. En cualquier caso, no se calcula si merece el llanto de estos protagonistas sociales, o mejor sería necesario el sollozo del país. Lo mismo habría que airear los pañuelos del adiós cantando una sevillana, 'cuando un amigo se va'. Pero toda España, al unísono y cómo la coral de mi pueblo. Habría que recordar aquella frase, 'no sé si he perdido una hija o hemos ganado un hijo'.
 
Aún queda por saber mucho, indagar demasiado e imaginar lo suficiente. Sin embargo, es imposible convivir con los sobresaltos de tantas emociones juntas. Lo mismo 'Rociíto y el Picoleto', cómo titula el colega Eduardo García Serrano su artículo, nos sorprenden con las más inverosímiles desgracias, que alteran el corazón de España con la huida, marcha o cambio de atalaya del heredero del 15-M. Qué según él; 'trajo más democracia a España'. Algo qué tampoco queda claro, aunque sí un chalé de lujo en Galapagar.
 
La España de las aventuras, políticas y románticas, es cómo el perro flaco, que todo se le vuelve pulgas. Aquí no se hacen experimentos con gaseosa, sino del tirón, directamente al corazón. Al fin, a río revuelto ganancias de pescadores, deberán opinar muchos. Si Pedro Sánchez, y su acólito Iván Redondo, deciden gobierno de coalición socialcomunista, pues todo recto. Qué más tarde hay que recurrir a separatistas y pro-etarras para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, sin dudas adelante, todo sea por la causa. 
 
Por algo se decidió sacar a Franco del Valle cómo primera impresión para las dos España's. Un susto a bocajarro que recuperó la impresión del personal. Un nuevo remover conciencias, aunque se supone que se trataba de acercar, conciliar y unir esfuerzos entre los españoles, que no con la intención de despertar odios, recelos y división, ya 'casi' olvidados. Se iniciaban las emociones fuertes y toda España en pro y contra.
 
Un vuelco al corazón, por qué una Guerra Civil no es fácil olvidar. Pero se le echó valor y ahí está, en el tono, contenido y recuerdo de la práctica totalidad de los discursos políticos. En la sociedad se habla poco. Si acaso, de las desdichas de Rociíto y Antonio David, la ruptura de amor y los odios encontrados. Dos personajes que protagonizan la inquietud de la sociedad, hasta el punto que se ha convertido en más importante que el inminente destrozo del país. Del virus ni hablar, mejor dejarlo para el próximo capítulo. Si no, la televisión se encargará de ello. Al fin la televisión, y la España paralizada, logra los objetivos que se proponga, y si es subvencionada, también lo que pretendan sus pagadores con dinero público. Aquí va llorar hasta el apuntador, de una obra teatral grotesca con final dramático, en un escenario de la España en carne viva.