Parece que a la Ministra le resulte imposible dejar de soltar sandeces. Sus pensamientos sobre el ser humano son altamente preocupantes.

¡Demasiadas teorías para ella! Queda patente, pues en ocasiones se aprecia cómo se le hace la corbata un nudo: « ¿Existen los hombres o las mujeres? ¿Qué es ser hombre o mujer? ¿Cuánto a nivel de hormonas tenemos que tener para ser considerados hombres o mujeres? ¿Cuánta talla de pecho tenemos que tener para ser un hombre o una mujer? ¿Es el sexo algo genético? ». Montero entiende que al efecto pueda surgir un debate muy interesante, y admite que el tema no es nuevo para el movimiento feminista, aunque se trate de un debate poco útil a la hora de hacer políticas públicas.

Distingue entre mujer por género y mujer por sexo biológico. Quizá debería leerse la guía «Somos diversidad» editada en marzo de 2020 por el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, y el Ministerio de Igualdad. Es decir, por los ministerios que dirigen la parejita.

En su persistente erre que erre, insiste en que las mujeres ―desconocemos si esta calificación se realiza en base al sexo o al género―, sufren discriminación por el mero hecho de serlo, pero dada la variopinta gama de posibilidades que se han inventado, habría que preguntarse si una persona puede pertenecer a un género a tiempo completo o parcial, ya que existe el género fluido, que aglutina a todas las personas que cambian de identidad con frecuencia dependiendo de la hora del día, del contexto o de lo que les venga en gana, que para eso existe la libertad de elección.

Pero si queremos que haya igualdad, habría que aplicar la teoría también a los varones heterosexuales; no vaya a ser que la Ministra peque de fomentar la desigualdad entre géneros.

Según la ciencia y no la corriente o el chismorreo de turno, la mujer posee dos cromosomas X (XX) y el hombre uno X y otro Y (XY). En estos, el nivel de testosterona es superior mientras que en ellas se sintetizan más los estrógenos. El cerebro del primero posee mayor volumen de líquido cefalorraquídeo, mientras que el de la segunda está dotado de más materia gris. Entenderán que resulte innecesario mencionar la diferencia entre los genitales de ambos.

Parece ser que el hombre es genéticamente más débil que la mujer, lo que le lleva a padecer enfermedades genéticas en mayor número que ellas; de ahí que la esperanza de vida sea mayor en estas.

No podemos obviar que las hormonas determinan el carácter del ser humano y que las mujeres están capacitadas para detectar olores imposibles para el varón. Con todas estas premisas, ¿quién es el sexo débil y quién desearía ser hombre? Deberían existir leyes que apoyasen a estos últimos pues al parecer, no parecen muy beneficiados que se diga.

Y ya que a Montero le va la marcha, debería saber que los hombres son más propensos al alcoholismo... ¿a qué se debe entonces el incremento del consumo de alcohol de los últimos tiempos en las mujeres? ¿Intervendrá en algo la continua turra que se oye día tras día acerca de las enormes diferencias entre ambos sexos, siempre en detrimento del femenino, cuando la madre naturaleza parece indicar justo lo contrario? ¿O es que existe algún negocio en torno al feminismo actual que requiera que la fémina se sienta inferior al varón?

¿Por qué elegir un nombre de niño o niña al nacer basándose en la forma de sus genitales? Montero así lo ha hecho con los suyos. Quizá no crea tanto en lo que ella misma predica o de lo contrario, habría optado por nombres neutros que no identifiquen el «supuesto» sexo del ser nacido, y digo ser para no caer en calificaciones de niño o niña. Eso sería sexista e incluso, podría condicionar al ser para verse como hombre o mujer en un futuro no muy lejano. ¿Vemos la estupidez?

La mayoría de juristas defienden la inexistencia de discriminación por razones de sexo. Sin embargo, Shulamith Firestone, dijo: «La humanidad ha comenzado a sobrepasar a la naturaleza; ya no podemos justificar la continuación de un sistema discriminatorio de clases por sexos sobre la base de sus orígenes en la naturaleza. De hecho, por la sola razón de pragmatismo empieza a parecer que debemos deshacernos de ella».

¿Qué pensarán los ecologistas de semejante barbaridad? ¿Y Montero? ¿Ir contra natura es lo más inteligente?

¿Qué futuro le aguarda entonces a la humanidad ante tales ideas?