La Diada o fiesta también conocida como fiesta nacional en las provincias catalanas, que se ha celebrado, como todos los años, el pasado 11 de septiembre, en favor de la “republica catalana”.

La primera Diada fue organizada en 1886 por el Centro Catalán, entidad catalanista fundado en 1982 para defender los intereses morales y materiales de Cataluña, que más tarde degeneró en una actuación política presentando una Memoria de Agravios a Alfonso XIII en 1985 en la se reivindicaba el reconocimiento del catalán como lengua oficial, el mantenimiento y reforma del derecho catatán, el establecimiento de un Tribunal Supremo Catalán, el establecimiento de una administración catalana, el fomento del proteccionismo económico catalán y la potenciación del carácter mercantil de Cataluña.

Reivindicaciones que han sido opiniones sobadas, que se usaron y se ha venido repitiendo su uso hasta el aburrimiento, porque para esta cuadrilla “la pela es la pela”. Hoy sus continuadores separatistas singuen pensando que con dinero se arregla todo, por lo que la Autonomía Catalana no cesa de pedir más y más euros a las arcas del Estado.

Bien, volviendo a la Diada, fiesta conmemorativa de la caída de la ciudad de Barcelona en el año 1714 ante el ejercito borbónico, durante la guerra de sucesión, en 1886 el Centro Catalán organizó una misa para recordar a los que fallecieron en aquella batalla y desde entonces los homenajes se han ido repitiendo, aunque en ocasiones de forma clandestina, ya que no fue reconocida oficialmente hasta casi un siglo más tarde como festivo público a lo largo de la historia.

A pesar de esos altibajos de celebraciones por la polémica en que se ha visto inmersa a lo largo del siglo pasado, con la llegada de la democracia, la Diada se volvió a celebrarse en 1976, cuando 100.000 personas se concentraron en Sant Boi de Llobregat para celebrar el Día de Cataluña ante la escultura de Rafael Casanova, consejero jefe de la Ciudad Condal en 1714 y herido en el asalto final contra el sitio de Barcelona, enterrado allí. En 1977, con el busto ya trasladado a la capital catalana (actualmente se sitúa en la Ronda de Sant Pere de Barcelona), acudieron a dejar flores y conmemorar su figura un millón de personas. Finalmente, un año más tarde, en 1978, el Parlamento catalán aprobó la declaración del 11 de septiembre como “fiesta nacional”, no sin antes haber deliberado mucho sobre ello, pues para algunos miembros del PSUC la aprobación de esta fecha era algo reaccionario, pues se trataba de una derrota ante el rey de España.

En los últimos años, la Diada ha ido cogiendo un tinte mucho más reivindicativo en cuanto al independentismo se refiere, que ha hecho que desde 2012, dos años después de que se celebrase en Barcelona la manifestación “Som una nació. Nosaltres decidim”, la cifra de asistentes a los actos de este día, cuya pieza central es una manifestación a favor de la independencia de Cataluña, han ido creciendo o disminuyendo según el contexto político en el que se ha presentado esta fecha, pero sin bajar del medio millón de asistentes según sus organizadores.

Este año y con el lema “Catalunya, nuo estat d’Europa” y con la presencia de los indultados presos del “Proces”, han acudido unas 600.000 personas según la Guardia Urbana, para festejar, con escusa de la derrota de la Guerra de Sucesión, y realmente conmemorar la deseada independencia de su “segundera” república catalana, sus derechos y libertades, en un acto de reafirmación del carácter propio de Cataluña y de su identidad como nación.

También ha tenido sus más y sus menos, puesto que una gran mayoría de sus masas recibieron con desconfianza a su presidente Pere Aragonés por lo de la mesa de dialogo con Sánchez. Amén de que la presidenta de Asamblea Nacional Catalana, que organizó la manifestación les instó a abuchearle.

 Hay que resaltar que la Generalitat participó en la manifestación, pero que la conexión que había entre la administración catalana y las bases se ha perdido, puesto que los manifestantes no olvidan el fracaso de octubre de 1917, y que son los mismos frustrados e inoperantes, quienes siguen ejerciendo su autoridad frente al movimiento separatista, por lo que nadie tiene las cosas claras, ni la certeza hacia donde le dirigen.

Efectivamente su hoja de ruta hacia el independentismo está paralizada y en coma, nadie parece capacitado para preparar una nueva reivindicación. La Asamblea Nacional Catalana (ANC) y la Candidatura de Unidad Popular (CUP) se inclinan y teorizan sobre la desobediencia. Juntos por Cataluña (Jxcat) están totalmente divididos y oposición. Ómnium Cultural se ha centrado en exigir la amnistía. Ezquerra Republicana (ERC) girando a la práctica de un país soberano en contraposición de su minoría colectica que quiere imponer el independentismo sin importarles sus consecuencias.

En resumen, la Diada vivida el pasado 11 de septiembre, entre la tristeza del 1 de octubre fallido y el ajuste de cuentas entre independentistas, ha sido una jornada fragmentada e insípida, que no solo ha quedado sin dar solución a problema alguno, sino que ha dejado una frustración colectiva de una parte muy importante de sus acérrimos participantes. 

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Como irónica replica a ese proceso soberanista de las provincias catalanas que tiene como objetivo lograr la autodeterminación y la independencia de Cataluña respecto de España, realice la película “Una entrevista de un catalán en las Ramblas de Cataluña”, en las que una mujer, tras identificarse como encuestadora de la Generalitat, pregunta a un ciudadano si desea participar en una encuesta para saber si se está delante de un "buen catalán". El hombre aceptó. A continuación, pueden ver y escuchar  sus respuestas en esta entrevista que no tiene desperdicio: