Rezar, el acto más inocente y humilde que puede hacer un ser humano, va a ser añadido al código penal considerándolo como acoso.

Acabar con la vida de un no nacido es un derecho; que haya un partido político que forma parte del gobierno solo ofrezca la interrupción del embarazo como solución a las mujeres sin recursos, es un derecho; que existan partidos que lejos de condenar, apoyan, y tienen miembros que han pertenecido a organizaciones terroristas, es un derecho…

Rezar por las almas de los niños asesinados y brindar ayuda a las mujeres que se encuentran desamparadas y quieren ser madres, quieren convertirlo en delito.

Esto es solo un indicio más de hasta dónde nos está llevando la cultura promovida por los gobiernos autodenominados progresistas, que no es otra que la de la muerte. La de la muerte y la de la pereza y la comodidad, y es que con tal de no esforzarse y apostar por asuntos tan importantes como la vida, fruto de su incompetencia, solo dan como solución la salida fácil. ¿Tienes un “problema”? Acaba con él. No tengas la osadía de enfrentarte a la realidad, no actúes en consecuencia, y, en definitiva, no tengas responsabilidades, que tu vida la manejamos desde el poder.

Ante esto, los que aún tenemos valores, católicos o no, hemos de combatir y dar la batalla cultural a los poderosos que no tienen otro objetivo que implantar la Agenda 2030, aunque eso, daría para otro artículo (e incluso para diez). Y los promotores de la cultura de la muerte saben que simplemente rezando y guiando por el buen camino a la gente, se les caería todo el artesonado encima, por eso pretenden penalizar hasta el Padrenuestro.

Hay que levantar la voz en contra de las injusticias. Esto es una guerra entre los desalmados, y los inocentes. Entre los poderosos, y los que luchan por sobrevivir desde el vientre de su madre. En definitiva, entre los buenos, y los malos.

Ellos tienen la ventaja que otorga el poder, la manipulación mediática, la capacidad de demonizar a quien solo pretende ayudar y apostar por la vida, y tienen la confianza de que esa ventaja la mantendrán siempre… Pero, ¿sabéis lo que tenemos nosotros? La FE.

Y es que, estimados lectores, la Fe mueve montañas, y puede con absolutamente todo lo que se le ponga por delante.

Así que rezad, seguid ayudando a quienes más lo necesitan, porque os necesitan, nos necesitan, aunque seamos solo doce.

He querido dedicar este artículo a San Juan Pablo II, que de entre sus grandiosas frases, siempre me quedaré con una: “Tenemos que defender la verdad a toda costa, aunque volvamos a ser solamente doce”.