Muy señor mío:

Con la venia del director de El Correo de España, diario demasiado importante para estas trifulcas de réplicas y contrarréplicas, y con el debido respeto hacia su persona, no sé en qué he podido ofenderles a usted, a los feligreses de la Parroquia de San Isidoro, San Pedro Claver y Virgen del Castillo, y al Sr. Cura Párroco, que me consta que es un buen sacerdote.

Muy brevemente, porque en lo que usted se enreda no tiene más recorrido que el que tiene. Yo, señor Navarro, lo que he hecho, es poner en conocimiento de los lectores de El Correo de España el hecho cierto de que la asesina confesa Dolores Ibárruri, “Pasionaria”, tiene una placa en un recinto sagrado por el mero hecho de haber donado supuestamente dos imágenes que no se puede descartar que las hubiera robado ella misma, o algunos de los suyos. Esto es, la “canalla roja” durante el tiempo de la Segunda República o durante nuestra Cruzada de 1936 al 39. Porque, aunque usted diga que dos imágenes de ese tamaño las puede tener cualquiera en su casa, lo cierto es que son más propias de una iglesia, ermita, convento o palacio. Iglesias, ermitas, conventos y palacios que fueron pasto del saqueo y de las llamas de la canalla roja. ¿Cuántas más imágenes y objetos religiosos no habrá hoy en muchas casas de los saqueos de aquellos tiempos por parte de aquella chusma? Cientos y cientos, señor Navarro. ¡Cientos y cientos!  

Entremos en la segunda cuestión. ¿Por qué hay que pedir explicaciones al Sr. Cura Párroco, y ponerle en su sitio? Pues, porque es evidente que la placa es otra prueba de enaltecimiento a quienes tanto mal hicieron, y siguen haciendo. Siendo, entonces, que es justo pedir explicaciones al responsable de ese indigno enaltecimiento, y para mayor escarnio en el interior de una iglesia. Siendo indiferente el lugar en el que se haya colocado, que, por cierto, es perfectamente visible. Y permítaseme una pregunta, ¿se consentiría en la Parroquia de San Isidoro, San Pedro Claver y Virgen del Castillo una placa a Doña Pilar Primo de Rivera, por poner a otra mujer, por haber donado dos imágenes? A esta pregunta le pediría una contestación sincera.  

Finalmente, señor Navarro, y como he dicho a más de uno, no recurra a San Pablo en toda polémica relacionada con supuestas conversiones, que es un recurso simplista y la mayor parte de las veces interesado de parte. San Pablo, señor Navarro, era un judío cumplidor de la Ley mosaica, que no un asesino en serie de cristianos, que es a lo que se le rebaja con tal de salvar al converso, sobre todo si es un converso de postín. En este sentido, basta con hacerse la siguiente pregunta… ¿Podemos enumerar los trabajos emprendidos por Pasionaria en favor de sus semejantes, los peligros que afrontó (en la Rusia de Stalin: gulags, matanzas, hambrunas…), a las gentes que conquistó para la verdad, como si podemos hacer de San Pablo? Por favor, don Raúl, seamos serios, y como somos hombres, no seamos nenazas.

Se imagina usted, señor Navarro, y con usted todos los feligreses y el señor Párroco de San Isidoro, San Pedro Claver y Virgen del Castillo, el impacto que hubiera tenido una conversión confesada públicamente por boca de la propia Pasionaria; se imaginan lo edificante que hubiera podido ser para otros muchos. ¿Acaso sus gravísimos delitos no eran suficientes para que esa conversión -de ser así, en la que no entro ni salgo por no tener para mí la menor importancia- tuviera que llevar aparejada un perdón público a lo que hizo como autora, inductora, cooperadora necesaria, cómplice y encubridora? ¿Acaso no es eso -perdón público- lo que se exige a los terroristas de ETA para compensar moralmente a sus víctimas y a la sociedad española? No cree usted, señor Navarro, qué a fuerza de buenismo estamos banalizando el mal, dimensión del mismo que no es sino la enfermedad de una buena parte de la sociedad española.

Y una última cosa, me puede explicar qué relación hay en tener 13 hijos y la “X” en la Declaración de la Renta.

Esperando haberle aclarado lo que usted ha entendido por agravios. Atentamente, Pablo Gasco de la Rocha