Parece simbólica la coincidencia casi exacta entre el aniversario del atentado de  las torres gemelas que motivó la invasión de Afganistán, con la victoria final de los talibanes, veinte años después. ¿Simboliza esta derrota histórica la muerte no lejana del que llamamos mundo occidental? ¡Veinte años de esfuerzos, sangre, alardes tecnológicos  y billones de dólares derrochados  en vano  por Usa y sus aliados, también por la satelizada España! Para los yijadistas, una gran  inyección de entusiasmo: Alá está con ellos. Incluso los regímenes islámicos más o menos moderados lo entienden como una victoria propia sobre los “cristianos”. Cuando cayó la URSS, el sistema occidental, tutelado por Usa, debía imponerse forzosamente y a plazo no muy largo en el mundo entero.  Treinta años después Usa y sus aliados han fracasado en Irak, en Libia y en Siria, dejando un rastro sangriento e inútil, y el caso de Afganistán ha sido la puntilla. Entre tanto Rusia ha recobrado cierta fuerza, aunque muy lejos del atractivo mesiánico de la URSS; pero China, sobre todo, ha surgido como una superpotencia que se atreve a retar, aun si por ahora en voz baja, a Usa, y que quiere participar de la victoria talibán. En una generación se han venido abajo los sueños suscitados por la caída del muro de Berlín, y al marxismo le han sucedido el islamismo y China como enemigos quizá incluso  más peligrosos del mundo occidental.
En Afganistán, una inmensa superioridad técnica no ha servido para vencer a unos desharrapados, lo que  vuelve más humillante la derrota.  Y aún más grave, los valores que consideramos occidentales, como la libertad personal y la democracia,  están a su vez en crisis, como revelan las derivas políticas en Usa y la UE. Vemos impulsos suicidas en la mezcla de nihilismo e histeria tan extendida  en estas sociedades.   Como si hubiera un hartazgo de civilización. Lo talibanes, más ampliamente el islam y el híbrido capitalista-comunista de China, reflejan hoy muy bien a los bárbaros que destruyeron a Roma, y cabe  recordar el poema de Kavafis Esperando a los bárbaros. Estos no acababan de llegar   y alguien declara que no existían: ¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?/ Esa gente, al fin y al cabo, era una solución. Pero  están ahí, fuera y dentro del sistema, vistos por muchos como solución a un vacío. No me parece probable que vaya a ocurrir la catástrofe, pero el panorama incita a la reflexión.  Los bárbaros, en definitiva, creen en algo, al parecer intensamente;  en occidente, la gran contienda de las ideologías que fue la II Guerra Mundial ha ido vaciando de creencias a las naciones, sin que se vislumbre una vuelta a la religión cristiana a la que los musulmanes suponen haber infligido una gran derrota;  y esta es otra faceta del problema.
Dejo de lado a la “fracción lunática” que afirma que el atentado de las torres gemelas lo perpetró la CIA, y que lo ocurrido en Afganistán estaba perfectamente calculado por misteriosas “élites” para sus oscuros designios satánicos. Aunque esas chifladuras son también parte de la situación.