Viene de familia, conocidas las luces del hermano puede afirmarse que la genética es un mal compartido, la ideología comunistoide de este Garzón rendido admirador de Fidel Castro, del Ché, Chávez, y con dermatólogo fallido. Parece traumatizado este obsesivo inútil que encontró regalado ejercer de rémora pública en la poltrona de Consumo. De infancia obesa, entre el sebo y los granos, se fue creando con alevosa naturaleza el parásito de la ultraizquierda llegado a ministro de Consumo por mor de esas carambolas venezolanas que un día aterrizaron en Barajas repletas de maletas, seguro que para colocar bolivarianos en el desgobierno del cum fraude una vez coló el pucherazo de las nacionales. El trepa al que el acné dejó rastro petrificando en la cara dura traumas estéticos de juventud, el seboso que no quema las grasas de Gargantúa, el del imperativo de la contención y la austeridad ajena pegándose la vida padre, es el culpable de la crisis por sectores cada vez que abre la bocaza: cuando no arremete contra el jamón, la bebida azucarada, y para justificarse el sueldo de mediocre cantamañanas ahora aconseja no comer carne. Normal que un sinvergüenza de la canalla siniestra pretenda imponer sus caprichos arruinando la economía. Y si solo fuera él... Los complejos de esta patulea de gandules se reflejan en cada imposición tal y como se colige de la otra acomplejada de Igual-da que, por no cambiarse de sexo, monta el ridículo con ínfulas totalitarias. Traumas de una demencia no diagnosticada empezando por el fullero de La Moncloa. 
 
A tenor de los consejos del pringado Garzón es necesario incrementar el consumo de carne, velar por nuestra salud contraviniendo las normas de estos miserables. Beber refrescos azucarados, alimentarse de buen jamón, como los que engulle el trepa de saunas gay, el begoño y los amigachos en La Moncloa, la Mareta y otros lugares vacacionales seguramente entre placenteros vapores de sauna rememorando los orígenes de la catapulta política. Pueden estar tranquilos los hacendosos ganaderos que este ministro de las monsergas, enchufado sin méritos laboraled y miserable déspota, ha multiplicado el consumo de chuletones.
 
Comamos carne saludable para nuestra libertad de elección, bebamos líquido azucarado, invirtamos el ocio en comernos hamburguesas. El comunista traumatizado es un cero a la izquierda, un añadido de Maduro, un mindundi con el coche oficial a la puerta de su casa, un elemento aborrecible más del desgobierno criminal. 
 
Baste que hablen para hacer lo contrario. Los ganaderos de España están de enhorabuena con los consejos de esta rémora traumatizada. Que se incremente la ingesta de carne. Mientras a estos ocurrentes les da por hacer el gilipollas destrozando el trabajo ajeno, el resto sobrevive con la esperanza de que esta caterva de cuentistas totalitarios desaparezca algún día... y que el psiquiatra se lo paguen de sus bolsillos.