Todo el mundo está no solo pendiente, sino involucrado en las elecciones presidenciales estadounidenses. El 3 de noviembre, el día señalado, podría ser para muchos el más feliz o el más fatídico de la década según sea su resultado. Los medios de comunicación juegan un papel importante en la construcción o destrucción de un candidato más allá de elecciones internas campañas o actos multitudinarios. "Siempre ha sido así, pero en lo que se podría definir como turboglobalismo, según el italiano Diego Fusaro (la aceleración desorbitada en tiempo y efecto del proyecto mundialista), lo es mucho más aún."

Cuando digo medios de comunicación también incluyo a las redes sociales. En ellos podemos ver como el inepto más evidente puede ser transformado en un líder y viceversa. La miseria, hipocresía, mentira, tergiversación y manipulación de los “formadores de opinión” en los medios es cada vez más obscena e impune, y ello no tienen consecuencias, ni tan siquiera de falta de credibilidad. Tertulianos, presentadores y cronistas lanzan opiniones, datos, estadísticas y gráficas que tienen el efímero valor del instante en que son emitidos y poco más. Provocan el “efecto poso” que va acumulándose en las conciencias del receptor destinatario masivo que finalmente suele tomar la posición machacada una y otra vez, día tras día por los referentes periodísticos de las principales cadenas.

Los protagonistas en esta ocasión del “espectáculo democrático más importante del mundo”, las elecciones presidenciales estadounidenses, tienen como protagonista indiscutible -en el rol de super-villano- al inefable Donald Trump, enfrentándose a su contrincante -en el rol del héroe crepuscular- el sonriente Joe Biden y a Kamala Harris -en el rol de “arma secreta” y sucesora presidencial-. La cosa esta vez parece que viene de dos contra uno.

Es lógico y normal que ante semejante acontecimiento y en el contexto geopolítico actual, lo que pase el 3 de noviembre y sobre todo el día después, tenga alcance global. También puedo entender que sus protagonistas despierten odios y pasiones a partes iguales no solo en su país sino fuera de él. Lo que no me parece lógico, como en el caso de España -y por supuesto no solamente-, es que todos los días, en todos los telediarios de todas las cadenas, y cuando digo todas, son todas, se ridiculice, falsee, cuestione, y engañe burdamente, categorizando de forma negativa absolutamente todo lo que Donald Trump diga o haga, sin ningún tipo de reparo, obviando deontológicamente el papel de informar que debería tener el periodismo. Curiosamente, y da que pensar, en España la Cadena de la Conferencia Episcopal apoyó descaradamente a Hillary Clinton y ahora lo hace con Biden y Kamala, abortistas declarados.

Esto tampoco es nuevo ya que desde la aparición en la arena política del personaje Trump no han dejado de hacerlo. Lo que deberíamos preguntarnos son los motivos para ello. La televisión sigue siendo un escaparate y también un instrumento fundamental en la formación de opinión, toma de posición y convencimiento de las masas. De ello no tengo duda. Mas allá del criterio, simpatía o valoración acerca del actual presidente norteamericano que pueda tener cualquiera, lo que es evidente es que resultó desde un primer momento un personaje peligroso para muchos poderes mundiales, y los Mass Media han sido la punta de lanza en la lucha por eliminar al sorpresivamente molesto Donald Trump. Esto lo puede comprobar cualquiera poniendo el telediario de las 15 o de las 21 horas.

Trump se convirtió en la bestia negra del globalismo que llegó a ocupar inesperadamente la Casa Blanca en 2017. No existen antecedentes comparables con el cambio de rumbo de la política interna y exterior norteamericana desde su llegada: recuperación de los valores patrióticos, religiosos y tradicionales norteamericanos, así como de la industria y puestos de trabajo, reducción de impuestos, defensa de la familia y de la vida, cancelación de las subvenciones a Planned Parenthood, defensa de las fronteras nacionales frente a la inmigración impulsada por las mafias y el narcotráfico, salida de organismos internacionales como UNICEF y la OMS, en manos de lobbies enemigos de políticas soberanas, ajuste de cuentas con la NATO, acuerdo con Corea del Norte, desafío al expansionismo económico, político y cultural de China, entre otras acciones que había prometido en campaña y que una mayoría de ciudadanos de su país estaban esperando silenciosamente.

No todo son aciertos, como es lógico también tuvo errores, fallos y contradicciones que con el tiempo se verán sus consecuencias. No se trata aquí de hacer un panegírico a Donald Trump ni mucho menos, lo curioso es que cuando se manifiestan, como acabo de hacer, sus aciertos, sobre todo para su pueblo y su electorado, se corre el riesgo de ser señalado como un obsecuente entregado al imperialismo, al capitalismo liberal y al mismísimo demonio. A ellos les recuerdo tener en cuenta las palabras de la carta del arzobispo Carlo Maria Viganò, dirigida a Donald Trump:

En los meses recientes hemos sido testigos de la formación de dos bandos opuestos, a los que llamaría Bíblicos: los hijos de la Luz y los hijos de la Oscuridad. Los hijos de la Luz constituyen la parte más conspicua de la humanidad, mientras que los hijos de la Oscuridad representan una minoría absoluta. A pesar de ello, los primeros son objeto de una especie de discriminación que los coloca en situación de inferioridad moral con respecto a sus adversarios, quienes a menudo ocupan posiciones estratégicas en el gobierno, la política, la economía y en los medios de comunicación. De una manera aparentemente inexplicable, los buenos son tomados como rehenes por los malvados, lo mismo que por aquellos, que ya sea por interés propio o por temor, ayudan a los malos. (…) Es absolutamente claro que el uso de las protestas callejeras es un instrumento para lograr los propósitos de aquellos que desean ver electo en las próximas votaciones presidenciales, a alguien que encarne los objetivos del Estado Profundo y que se dedique a expresar con convicción y fielmente, dichos propósitos Que no nos sorprenda si en unos meses aprendemos -una vez más- que escondidos detrás de estos actos de vandalismo y violencia, se hallan quienes esperan beneficiarse de la disolución del orden social, con el fin de construir un mundo sin libertad, tal y como lo enseña el adagio masónico: Solve et Coagula. (…) Por primera vez, los Estados Unidos tienen -en usted- a un Presidente que defiende valientemente el derecho a la vida; que no se avergüenza de denunciar la persecución de los cristianos en todo el mundo; que habla de Jesucristo y del derecho de los ciudadanos a la libertad de culto. Su participación en la Marcha por la vida, y más recientemente, su proclamación del mes de abril como el Mes Nacional de Prevención del Abuso Infantil, son acciones que confirman en qué lado desea luchar, por lo que me atrevo a creer que, en esta batalla, nosotros dos estamos del mismo lado, aunque con diferentes armas.” Y finalizando:

Señor Presidente, mi oración se dirige constantemente a la amada nación estadounidense, en donde tuve el privilegio y el honor de ser enviado como Nuncio Apostólico, por el Papa Benedicto XVI.  En esta hora dramática y decisiva para toda la humanidad, estoy rezando por usted, lo mismo que por todos los que están a su lado en el gobierno de los Estados Unidos. Confío en que el pueblo estadounidense esté unido conmigo y con usted, en la oración a Dios Todopoderoso. Unidos contra el Enemigo Invisible de toda la humanidad, los bendigo a usted, a la Primera Dama, a la amada nación estadounidense, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.”.

Trump puede agradar más o menos, se puede asentir o disentir con sus políticas, pero lo que no se puede negar que es un hombre patriota y valiente que no duda en denunciar al “Estado Profundo” que tiene dentro, a la plutocracia mundialista progre que no da tregua alguna en lo cultural y económico (léase también arruinar el negocio con China), al Complejo Militar Industrial que vio reducido drásticamente las intervenciones militares en el exterior como nunca y también el dinero producto de ello. Trump no gusta a sus Generales, pero sus soldados, hijos del pueblo, lo admiran y respetan, y eso no es poca cosa. Trump caerá mejor o peor en círculos patrióticos, soberanistas o identitarios, pero lo que tiene enfrente es sin lugar a duda es el turboglobalismo, cuyo fin es imponer una distopia totalitaria para los pueblos en beneficio de una elite de ricos y poderosos que no tienen patria, religión ni fronteras.

Menos mal que los que votan el 3 de noviembre en los Estados Unidos son los yanquis y no los españoles, o los telediarios y tertulianos formadores de opinión.