El escritor y filósofo antiliberal Eric Zemmour es una de las figuras que mejor simbolizan la disidencia frente al pensamiento único. En septiembre de 2019, durante la “Convención de la Derecha” organizada por Marion Marechal, Zemmour señaló la alianza del totalitarismo liberal de los derechos humanos y el totalitarismo islámico contra las libertades de la sociedad francesa, comparando esa alianza con el Pacto Ribbentrop-Molotov entre la Alemania nazi y la Unión Soviética. Su declaración no le salió gratis y fue condenado a una multa de 10.000 euros por insultos e incitación al odio. Pero esto no ha acobardado a Zemmour, todo lo contrario, y en sus frecuentes intervenciones en el canal de noticias CNews arremete contra todas las vacas sagradas del globalismo.

Zemmour ha pedido un referéndum sobre inmigración, un guante recogido recientemente por Marine Le Pen, y ha pedido la deportación de todos los menas. Para el autor de “El suicidio francés”, la inmigración cambia la composición de un pueblo y constituye un crimen contra los pueblos europeos que terminará en derramamiento de sangre. Por este motivo, Zemmour es también muy crítico con la Unión Europea, a la que considera un enemigo de los estados nación. “¿Qué simboliza realmente la Unión Europea? Simboliza al hombre sin raíces, que está en algún lugar del viento, un ciudadano global”.

Zemmour es uno de los principales representantes del combate cultural de la derecha francesa, de una intelectualidad que no se pliega en ninguna batalla ante la izquierda globalista. Un buen ejemplo es el uso de un término cada vez más común en los últimos años como consecuencia de los frecuentes atentados yihadistas, el “islamo-fascismo”. Un término de origen anglosajón, como el movimiento de lo políticamente correcto, que empezó a ser empleado por los medios de comunicación después de los atentados del 11-S. Como es tan habitual en la neolengua de los medios, todo es fascismo. Sin embargo, en Francia han acuñado un término que se ajusta mucho más a la realidad, la “islamo-izquierda”.

En opinión del filósofo francés Pascal Bruckner, la islamo-izquierda es “la fusión entre la extrema izquierda atea y el radicalismo religioso”. La extrema izquierda quiere utilizar el islamismo como un “ariete” para acabar con el capitalismo y cancelar los derechos individuales. Y, por otro lado, los islamistas, como un medio táctico para llevar a cabo su verdadero objetivo de instituir un califato mundial, fingen unirse a las filas de la izquierda en su oposición al capitalismo y al racismo. Zemmour también ha defendido el uso del término “islamo-izquierda”. En su opinión la izquierda tiene “la convicción de que los musulmanes, el proletariado musulmán, reemplazarán al proletariado tradicional de los trabajadores, los franceses de antaño, y esa será la nueva base revolucionaria para reemplazar al proletariado francés. Antes, el enemigo era el burgués, hoy es el hombre blanco”.

Según informa la revista política Valeurs Actuelles, Zemmour sostiene que esta nueva alianza es el movimiento comunista del siglo XXI. El filósofo señaló tres similitudes principales entre los comunistas del siglo pasado y los islamo-izquierdistas de hoy. Primero, se designa un grupo oprimido. Para los comunistas eran los trabajadores. Para los islamo-izquierdistas, los oprimidos son inmigrantes, musulmanes e incluso mujeres. En segundo lugar hay que determinar al opresor, “el burgués ayer, hoy el hombre blanco”. Por último, se exige al enemigo que ayer era de clase y que hoy es de raza, que se someta y reconozca su culpabilidad. “Hoy, pedimos a los hombres blancos que pongan una rodilla en el suelo por los crímenes de sus antepasados, que son eternos, inexpiables, exactamente como se hizo con los burgueses o traidores a la causa comunista para expiar su crimen”.

Curiosamente, como señala John Cody para Remix News, el término de islamo-izquierda ha salido del ámbito de la derecha y ha dejado de ser empleado únicamente por figuras como Zemmour o como la presidente de Agrupación Nacionl, Marine Le Pen. A mediados de febrero, la ministra francesa de Educación Superior, Innovación e Investigación, Frederique Vidal, advirtió de la propagación de la islamo-izquierda en las instituciones académicas francesas: “Creo que la islamo-izquierda está devorando a nuestra sociedad en su conjunto, y las universidades no son inmunes y son parte de nuestra sociedad”. Además anunció que ordenaría al Centro Nacional de Investigaciones Científicas que abriera una investigación sobre la islamo-izquierda para “distinguir la investigación académica del activismo y la opinión”. Como era previsible, Vidal fue duramente criticada por la prensa de izquierda. Días más tarde, Bernard Henri-Levy escribió un editorial en el semanario francés Le Point defendiendo a Vidal y advirtiendo que la ideología que une al extremismo de izquierda e islamista está reemplazando las tendencias antitotalitarias y progresistas “asociadas con la izquierda”, con unas ideas que son retrógradas, antifeministas y oscurantistas. No tardaremos mucho en ver a Henry-Levy acusado de “fascista”.