Juana Rivas lleva mucho tiempo escondida. No se conoce públicamente su paradero y ya son muchos los partidarios y los detractores de la madre desaparecida que se han enfrentado en un duelo con más aspectos políticos e ideológicos que jurídicos.

 

Hace varios días se leyó, durante una concentración que tenía por objeto apoyar a Juana Rivas, una carta escrita por ella en la que indica expresamente que no piensa que esté haciendo algo ilegal. Además, señala que ha llegado a esta situación por varios errores judiciales que la han forzado a adoptar una dura decisión.

 

Que una persona justifique su evasión y la comisión de delitos alegando que han cometido errores una juez y varios magistrados, que saben mejor que nadie qué es lo ha ocurrido, es un despropósito. Las afirmaciones de Juana Rivas podrían servir a cualquiera para realizar, arbitrariamente, su propio derecho, algo que está totalmente prohibido por el artículo 455 del Código Penal.

 

Realmente, Juana Rivas no se habría escondido si estuviera totalmente segura de estar obrando conforme al ordenamiento jurídico. Por esa razón se puede criticar el comportamiento que está mostrando esa señora, que debería haberse ahorrado, por el bien de sus hijos, la mediatización de su asunto que debería haberse alejado de la opinión pública.

 

Hay que respetar las resoluciones judiciales. La Ley Orgánica del Poder Judicial es muy clara al decir que “Las resoluciones judiciales solo podrán dejarse sin efecto en virtud de los recursos previstos en las leyes” y que “Las sentencias se ejecutarán en sus propios términos”. Además, la norma indica que “En el ejercicio de la potestad jurisdiccional, los Jueces y Magistrados son independientes respecto a todos los órganos judiciales y de gobierno del Poder Judicial”.

 

Lo que se está viendo es un berrinche de una persona mal asesorada que considera que debe continuar con su conducta, desobedeciendo a los jueces y magistrados y presionando a los poderes públicos, con actuaciones desconcertantes, hasta que le den lo que ella pide. Mientras tanto, Juana Rivas tendrá una gran cantidad de seguidores que respaldarán sus decisiones por muy alocadas que resulten, como si Francesco Arcuri, el padre de sus hijos, fuera un asesino que no tiene derecho a ser oído y a tener contacto con sus descendientes.