¿Qué se le perdió a España en Afganistán? ¿Por qué el ejército español fue enviado a un terruño donde nada, absolutamente nada, iba con el interés, ni la soberanía ni la independencia de España?

La yugulación de la autonomía militar de España y su sumisión a EEUU y la OTAN, han convertido la fuerza armada española en un apéndice de intereses extranjeros bastardos. En 2001, el mentiroso y globalista George Bush, a la sazón presidente de Estados Unidos, empleó a su marioneta José María Aznar como mamporrero de sus deseos belicistas e intrusivos.

Una astracanada tan infame y estúpida como “perseguir al terrorismo” o “llevar la democracia” a territorios como Afganistán o Irak, llevó al mentiroso Bush y luego al genocida Barak Obama, a utilizar a sus esbirros occidentales de turno -entre ellos Aznar, Zapatero, Rajoy y Pedro Sánchez- para hacer de nuestros militares y policías desplazados a esos lugares carne de cañón.

En ninguna mente sana cabía la idea de que la siempre sucia, interesada y aviesa geoestrategia norteamericana lucharía por un fin noble; entre otras cosas porque es racional y empíricamente imposible “llevar la democracia” o “cazar terroristas” en sociedades primitivas cuya forma de vida y cultura no lo permiten, y donde el rumbo histórico y político debería ser libre e independiente sin la injerencia de ningún “hermano mayor” como lo fueron respecto a Afganistán la URSS primero, y EEUU desde 2001 y durante 20 años, después.

¿Acaso no barruntaba el más simple de nuestros analistas militares o geopolíticos que la coalición occidental que irrumpía en Afganistán iba a ser un fracaso? ¿Acaso no sabían que pese a miles de millones de dólares y miles de soldados con el mejor equipamiento invertidos, los talibanes poseían el dominio del territorio y las montañas y lo que es más importante: el ideal inquebrantable en su victoria? Claro que lo sabían. Pero más importante que la verdad era someter nuestra fuerza armada al amo yanqui y su grupete de esbirros: la OTAN.

Miren: los talibanes producen repugnancia. Su credo y su forma de vida son repulsivos. Pero son sólidos y no tienen fisuras. Frente a ellos y su lucha en las montañas de Afganistán durante 20 años, ¿qué ofreció u opuso Occidente? ¿Qué ideales, qué valores? ¿La “defensa de la democracia”, de los derechos LGTB y de los puntos “viogen”, tal vez?

La coalición internacional no sólo hizo el ridículo en Afganistán sino que por culpa de la maldita mentira de Bush y Obama ese país es ahora un avispero que va a trasladar a Europa millones de falsos refugiados y centenares de terroristas. Echen un vistazo al traslado de miles de afganos a España: en teoría todos ellos han sido supuestos “colaboradores” del ejército español en ese país durante su estancia. Pero, ¿tantos miles y miles de colaboradores han tenido nuestros soldados y policías en este tiempo? ¿Es creíble? Una vez más, nos la están colando.

El presidente norteamericano Joe Biden es una catástrofe que viene a culminar los propósitos de destrucción cultural y social del mundo occidental europeo. Es un monaguillo de las ambiciones para el debilitamiento de la raza blanca y de los pueblos eurodescendientes. La Agenda 2030 y la Comisión europea que ya ha anunciado 1000 millones de euros para “acoger a afganos”, marcan el camino para una nueva riada de “refugiados” peor que aquella de 2015 montada por Obama y sus aliados occidentales cuando él y Hillary Clinton usaron a la OTAN para destruir Libia y tratar de descomponer Siria.

Pero no nos quedemos sólo en Biden y su retirada de Afganistán como análisis del problema. Reducir el ridículo de Occidente y la victoria talibán a la retirada dictada por Joe Biden es inexacto.

Los culpables del avispero islamista afgano, de la desestabilización de Asia y Oriente medio y de la importación masiva de terroristas islámicos a Europa son George Bush, Obama y Biden. A la derecha liberal hay que decirle que sí; que Bush también es culpable y criminal: por sus mentiras sobre “el eje del mal”, sobre “intervenir Irak por las –inexistentes- armas de destrucción masiva” y sobre el cuento chino de “llevar la democracia” a países musulmanes. Y, cómo no, culpable es la alianza correveidile de los presidentes genocidas de EEUU: la OTAN.

El único presidente norteamericano al que podemos salvar de la quema de los sátrapas en que merecen estar todos los mandatarios desde hace 20 años es Donald Trump, que protagonizó repliegues militares, no inició ninguna guerra en su mandato y apagó en buena medida los siete fuegos bélicos que abrieron el mentiroso Bush y el matón Obama (Siria, Libia, Irak etc) y que ahora vuelven a reabrirse.

Los informativos de los medios generalistas, los tertulianos subvencionados, la izquierda apátrida y la derecha liberal entonan las maldades de los talibanes o lo maldito que es el viejo Biden yéndose de Afganistán.

Pero no hacen la crítica justa y necesaria: allí NADA se nos perdió. La OTAN es un fracaso para los intereses de España que, entre otras cosas, deja fuera de su protección a Ceuta y Melilla, ambicionadas por el expansionismo marroquí. Nuestros militares españoles, triste y desgraciadamente, mueren fuera de España al servicio de intereses bastardos y no del supremo interés de España.

Los militares españoles son dignos y honorables, pero son llevados a mataderos por el sólo interés cretino de EEUU basado unas veces en petróleo, otras en caos inducido y otras en su industria bélica y sus magnates financieros y de todo tipo –ávidos en ejecutar “la reconstrucción” y en ganar suculentos contratos, como la familia Biden en el desolado Irak destruido-.

Mientras tuvimos un gobierno español que rigió los destinos de España con astucia suficiente para ceder a EEUU bases militares a cambio del pleno reconocimiento internacional de España y del aumento de nuestra capacidad defensiva bajo el régimen de Francisco Franco, los españoles gozamos de nuestras tropas en suelo patrio e incluso de un programa atómico propio impulsado entre otros por Luis Carrero Blanco. Cuando aquella astucia y patriotismo de Franco para defender los intereses nacionales fueron sustituidos por los salteadores de caminos de los partidos políticos, por los comisionistas de EEUU y por una “Transición a la democracia” tutelada por el globalista Henry Kissinger, España comenzó a perder su Soberanía e integridad y nuestra entrada en la OTAN nos convirtió definitivamente en cipayos de EEUU y de los caprichos e intereses del establishment useño de turno.

A mí me importa un bledo Afganistán. Los afganos –TODOS- deberían quedarse en su casa, hayan colaborado o no con los militares españoles en el pasado. Deberían quedarse en su país todos: para luchar por su Nación contra el enemigo talibán y reconstruirla.  

Del terrorismo y de la invasión inmigrante los españoles no nos podremos librar jamás si nuestras tropas y nuestra fuerza bélica no están donde tienen que estar siempre y exclusivamente: en nuestro suelo, en nuestras fronteras, en nuestro mar.

Si no volvemos a ser soberanos fuera de la OTAN y del amo yanqui, librarnos de la invasión inmigrante y de la amenaza terrorista será imposible. Pero mientras tanto, ¡que sigan recitando las maldades de los fanáticos talibanes y proponiendo “solidaridad” o acogida a “nuestros colaboradores” afganos! ¡Que así nos lucirá el pelo, perdiendo nuestra identidad y abonando España al reemplazo cultural y social! Y nuestra Nación y nuestro potencial seguirán siendo lo que son: cipayos.