Muy buen actor por momentos (Al sur de Granada, Intacto, Diamantes negros) y excelente en otros (Crimen Ferpecto, After), Guillermo/Willy Toledo tiene perfectísimo derecho a ciscarse en los borbones y convertirlos en deliciosa pitanza de tiburones. O a defecar en el Altísimo si así lo estima oportuno, a la vez que se dedica a procesionar con la cofradía del Santísimo coño insumiso. La ley no debería tocarle un pelo (otra cosa es el colega Valtonyc, tan valiente, que llama directamente al crimen). Tan solo cabe reprocharle a Willy su exigua testiculina para realizar baladronadas contra los amigos del turbante y la chilaba y su pétrea profesión de fe marxista leninista, esa cosita criminal sin importancia, que deslució un poquito el siglo XX (y parte del XXI) con sus 100 (probablemente, 110) millones de cadáveres.

Pero tan legítimo es su derecho a expresarse como estime pertinente, como el de Pedro Varela a no ser encarcelado por vender libros nazis. Se llama libertad, sobre todo la ajena, aquella que te escuece, te punza y te repugna profundamente. Tan legítima a la hora de ser expresada como la tuya propia. Salvo el uso de la libertad de expresión como coartada para ensuciar el honor y reputación de las personas o realizar llamadas directísimas al asesinato, es y debe ser ilimitada. El problema, se le olvida a Willy, es que los peritos del escrache, de las amenazas y la coacción sistemática se muestran contrarios a que otros hagan o les hagan lo que ellos hacen. Está claro que cuando cierta izquierda (y alguna derecha) expele un erecto intelectual, una coz o un exabrupto, legítimamente, o efectúa una protesta, aunque sea violenta, siempre es un acto de “libertad de expresión”; y cuando la hacen otros, aunque sea pacífica, siempre es un inaceptable (y perseguible por la odiosa fiscalía del odio) ataque fascista.

(Casi) nadie valora la libertad expresión apurada hasta la hez. Recuerden las palabras del alegato final de esa grandiosa película llamada El escándalo de Larry Flint. Trata el asunto del porno y sus límites legales y morales. Establezcan la analogía adecuándola a aquellos asuntos estimados "polémicos". Dice su abogado, en colosal composición de Edward Norton, que " no pretendo convencerles de que debería gustarle lo que hace Larry Flint, a mí no me gusta lo que hace, lo que sí me gusta es vivir en un país donde todos podemos decidir por nosotros mismos; me gusta vivir en un país donde puedo coger la revista Hustler y leerla si quiero o tirarla a la basura si es allí donde creo que debe estar o, mejor aún, ejercer mi opinión y no comprarla; me importa ejercer ese derecho, me importa mucho y a ustedes miembros del jurado, también debería importarles; vivir en un país libre es un magnífico modo de vivir, pero esa libertad tiene un precio y es que a veces tenemos que tolerar cosas que no necesariamente nos gustan y si empezamos a levantar muros contra lo que alguno de nosotros consideramos obsceno, podría ser que una mañana al despertar viéramos que se han levantado muros en lugares que jamás habríamos imaginado y, entonces, ya no podríamos ver ni hacer nada y eso no es libertad, no es libertad".

 

Impecable. Irrefutable. Inapelable. Larry Flynt fue absuelto. Como no deberían ser condenados ni el sr. Toledo ni el sr. Varela. Sin más. A mí, como al abogado de Flynt en el film del recientemente fallecido Milos Forman, tampoco me gustan los postulados nacionalsocialistas ni comunistas, dos horrores asesinos y liberticidas, pero ambos caballeros tienen perfecto derecho a expresar, incluso, los disparates que estimen oportuno. Como cada cual los suyos. Es una ecuación sencilla y muy poco complicada de resolver.

 

Desbarrando o acertando, libre como caballo desbocado

Y en Sierra Norte Digital uno se siente a gusto, desatine más o menos. Uno puede mantener la tesis de que las élites psicópatas y degeneradas que nos (des)gobiernan, coronadas o no, purpuradas o no, nos mean y dicen que llueve. Que, Chemtrails mediante, nos fumigan, nos envenenan, nos mienten. Que el descuartizamiento de España está ya decidido desde hace tiempo por esas mismas élites, autóctonas y alógenas, lo mismo que se decidió el de Yugoslavia ante la actitud del díscolo Milosevic. Que, por ejemplo, el feminismo lésbico pretende el genocidio del varón heterosexual, vivaqueando un negociete repulsivo, ley de violencia de género mediante. Que el narcorrégimen del 78 no deja de ser más que un ramplón títere del capitalismo gansteril que maneja el cotarro, lavado de dinero de por medio. Que la droga lo es todo en el mundo, legal e ilegal, convirtiendo a la mayoría de la población en zombis irredimibles         (zombis que empeoran severamente con la tiranía de las nuevas tecnologías). Que nos resignamos a una inmigración masiva tercermundista que no aporta nada y que está destruyendo Europa. Que la justicia está putrefacta hasta el tuétano. Que rozamos el estado/mafia policial, sin atajarse en ningún momento las torturas. Que poseemos unos sistemas psiquiátricos y penitenciarios sencillamente inhumanos. Que el desmadre de los servicios sociales es abracadabrante con toda una harka de peligrosos psicosociales, incluyendo la relativa facilidad con la que se puede perder la custodia de un menor por la vía administrativa y el gran negocio habido en este asunto, sobre todo eclesiástico. Que las tramas de pederastia (con políticos, jueces, notarios y empresarios implicados) se ignoran olímpicamente, así como las violaciones producidas por otras manadas, inmigrantes, con tundas feroces y abusos sexuales escalofriantes. Que el periodismo en España es miedo, cobardía y frisa la prostitución (si al menos fueran escorts, esas apetitosas rameras de lujo). Que la educación es un mefistofélico cruce entre una ludoteca y una protoempresa, acompañado todo de un arrollador y brutal adoctrinamiento en todos los basurientos Dogmas de Estado, creando por ende analfabetos funcionales, futuros esclavillos del Estado y el Capital, además de una inaudita porción de soplones, serviles y trepas. O que la mierdocracia actual ya no se la cree ni Rita la pollera...

 

...Y tutti quanti, todo tan agotador…Y aquí seguiremos, en El Correo de Madrid, espero que por mucho tiempo, con nueva faz, mente fría y corazón caliente. Y si llega el caso recordaremos a toda esa mugrienta crème dirigente que no deja de incordiar, vacilarnos y que tanto nos quiere (nos mata a besos), las palabras de Evaristo, líder de La Polla Records, en El gurú, decimocuarta canción de su memorable disco Salve,: "Has venido a salvarme, vete a salvar a tu viejo, /sólo pretendes cobrar/ Quién cojones te ha llamado, gurú/una patada en los huevos es lo que te vas a llevar".