No trato de sostener obstinadamente mi devoción por la República Nacional al servicio de la unidad, grandeza y libertad de España, sino de ver cómo consolidar la Monarquía como forma de Estado, que es lo que hoy más conviene a España.

Sin dar mayor importancia a las encuestas que la que tienen, no se debería menospreciar que el 40.9 % de los españoles apuestan por la República, frente al 34.9 % que se decantan por la Monarquía. Valoración de la que tendría que partir cualquier análisis que se haga sobre la Corona en España, que no sólo tiene que ver, y mucho, con el acoso al que este Gobierno somete a la institución, sino con la propia conducta del Rey en cuanto al apoyo que debería conseguir de ese 30 % de indecisos.

Si yo formará en el staff del Rey, lo primero que aconsejaría es no exponer a la Niña, que no hace falta encabronar más de la cuenta, y dar más protagonismo a la Esposa, que por su carácter puede imprimir a la Corona de mayor autoridad, aunque se tengan que seguir pautando sus maneras.

Respecto al Rey, aconsejaría que mostrase más autoridad, porque el Rey la tiene, aunque parezca que no, y en este sentido haría considerar que no se puede minimizar todo lo que está sucediendo: agravios a la Corona, a la Constitución y a España. Propondría también que el Rey tuviera más contacto con las Fuerzas Armadas, participando en ejercicios militares, paradas y asistiendo a conmemoraciones. Y ya por último, y no menos importante, si de verdad es católico, que tuviera más presencia en actos religiosos de importancia. En definitiva, que conectase con lo que siente mayoritariamente el pueblo español, “tan rico en buenas cualidades entrañables”.

No digo que esto salvará a la Monarquía, pero si llega el caso que tuviera que desaparecer, los españoles sabrían que hubo un Rey. Al fin y al cabo cada persona sólo vive una vez en estado de peregrinación. Y esto, aunque tenga un alcance más profundo, pues corresponde fundamentalmente a la irrevocabilidad de la vida como un todo en singularidad y unicidad del status viatoris, como marca la fe católica, no está de más considerarlo en la cuestión de la que nos ocupamos.

Porque puede darse el caso, como ya ocurrió en nuestro pasado más reciente, que se articule la conciencia de que no hay otra forma de afrontar el futuro que entronizar la República, iniciativa que quedaría bautizada como segunda Transición, gestionando las sensibilidades de las gentes y las relaciones sociales, como ya se hizo en el pasado. Y esto no es divagar, porque el proceso hacia la República ya ha comenzado forzando al exilio al Rey emérito como si de un apestado se tratase, al que encima quieren procesar. Inaudito que no se vea el alcance de la conjura, y que instituciones y sociedad sigan plegándose a las decisiones que viene marcando este Gobierno sostenido por auténtica chusma: que Felipe VI imite a su padre, que hizo dimitir a Suárez.

Sobre lo dicho planteémonos tres evidencias para el debate de lo urgente:

1ª.- Que poderes oscuros amenazan con dejar fuera del Parlamento a la derecha (VOX).

2ª.- Que el Gobierno actual se ha convertido en un obstáculo no ya para la democracia, sino para la convivencia pacífica de los españoles.  

3ª.- Que la intervención del Ejército puede ser probable en el alzamiento de Cataluña.

Mientras no se certifique que la Monarquía ha debido en fenecida, aunque no podamos calificarla de gloriosa, seguiré defendiéndola porque es lo que más le conviene a España.