Hace un año les hablé con genuina admiración de la sobria y elegante lucidez de mi medio tocayo. Y, también, mientras, recuerden a la cochera de Drácula, la funesta y ya ida, Isabel Celaá: los hijos pertenecen (y son sacrificados) al Gran Leviatán. Moloch, precisión. Todos se conjuran contra los críos. Hace un año y medio, gerontocidio. Ahora, a por los niños. Y sin nadie apenas que los defienda. Al revés, atacando a quien osa censurar la locura que supone "vacunar" a gente sana. Incluso la apóstata iglesia de Pancho Primero de la Pampa. Menos mal que el catolicismo me pilla bastante lejos, pero lo de su jefe montonero produce genuina grima. Y les dejo con la imprescindible carta de Luis Miguel Benito Benito.

Están en el punto de mira

Así lo han hecho ver los dirigentes políticos que aseguran que los niños no pertenecen a sus padres. Así lo han dejado ver los que, al frente de asociaciones de pediatras, dicen que es lo mejor para acabar con el virus y que el virus deje de circular. Así lo están organizando desde el momento en que se incrementan las PCRs y demás pruebas "diagnósticas" (¿diagnósticas de qué?) para mostrar en titulares la cantidad de jóvenes que dan positivo en esas pruebas. Y de esa forma, como la sociedad ha tragado con la falsedad de que un positivo es un enfermo, señalarles como objetivo a tratar de algo que no tienen con algo que no trata nada.

Yo hoy levanto mi voz…

Porque los partidos políticos dejan de manifestarse con contundencia de sobre la defensa de la salud de las nuevas generaciones y los derechos de los padres sobre el cuidado de sus hijos. Porque desde las comisiones deontológicas se contempla la posibilidad de quitar la patria potestad a los padres que no deseen inyectar esas sustancias experimentales e innecesarias a sus hijos. Porque los Colegios de médicos guardan un silencio cómplice, no pronunciándose sobre los ensayos clínicos con niños sanos. Porque hasta la Iglesia Católica está enmudecida para hacer valer el derecho natural que los padres tienen sobre sus hijos y le cede al Estado todo el cuidado, educación y conservación de la salud, por encima del derecho de los padres a elegir lo que consideran más adecuado a hacer de esos niños personas adultas y libres. Porque el silencio de tanta cobardía deja indefensos a los niños, yo hoy levanto mi voz...

...Hasta ahí la epístola. Juzguen ustedes. Por cierto, cómo no, el blog de Luis Miguel Benito de Benito, chapado. En fin.