Las revueltas por la detención de Carles Puigdemont ha dejado nuevas escenas de violencia en calles de Cataluña, donde los manifestantes han demostrado, una vez más, su lealtad a su líder, un hombre que ha intentado representar las ideas independentistas y que se ha reído de ellos en los momentos en los que tendría que haber dado un paso atrás para permitir la continuidad del proceso secesionista, cuyos efectos están deteriorando aspectos como la economía y la cohesión social de Cataluña. Se burló con la suspensión de la declaración de independencia, pero también cuando se fugó a Bélgica para no volver por su miedo a terminar en la cárcel, donde acabará su trayectoria, y cuando decidió no renunciar a su escaño para garantizar su protección como jefe espiritual del independentismo y, de paso, su buen salario como parlamentario catalán.

Muchos protestantes por la captura de Carles Puigdemont pueden creer en el independentismo por sus convicciones. Sin embargo, aquellos que dicen representarles no son más que personajes que intentan aprovecharse de los ciudadanos, viviendo bien a su costa y garantizando que se pueda perpetuar un sistema clientelista en torno a su estructura, que, realmente, nació por motivos relacionados con la protección de ciertos sujetos. En ese aspecto hay una gran coincidencia entre bastantes políticos catalanes y muchos del resto de España.

Los dirigentes políticos defensores de la separación catalana han conseguido, con dinero de los españoles que se ha repartido con un mal criterio del Gobierno estatal, que la educación y que muchos medios de comunicación sirvan como instrumentos de difusión de sus ideas, con las que, durante años, han buscado crear marionetas que, actualmente, están haciendo su papel, organizando revueltas y peleando en la calle, mientras muchos declaran ante Pablo Llarena que el proceso independentista es meramente simbólico, aunque no son pocos ya los que se han fugado, abandonando a aquellos que todavía creen que la secesión se ha organizado por ideales y no por esconder la corrupción política.