Una de las grandes lacras de la Iglesia son sin duda las conferencias episcopales, donde de manera colegial se guisan y se comen los asuntos locales de la manera más políticamente correcta posible y más pendientes de contentar al mundo que de defender la Verdad y condenar los errores de su tiempo. En 1995 se celebró el llamado Concilio Tarraconense, donde se habló de crear la Conferencia Episcopal Catalana. Muchos de los separatistas toman como referencia este concilio de la mal llamada Iglesia de Cataluña.

Pues bien hoy en día la llamada Conferencia Episcopal Tarraconense (que engloba a los diferentes obispos de las diócesis catalanas) se han reunido en el Seminario Conciliar de Barcelona, presididos por Mons. Juan José Omella. Fruto de este encuentro a salido a la luz un comunicado que dice así: "Estamos convencidos de la fuerza que tienen el diálogo y las medidas de gracia en todas las situaciones de conflicto. Creemos que el logro de un recto orden social que permita el desarrollo armónico de toda la sociedad necesita algo más que la aplicación de la ley".

En plena armonía con los partidos separatistas y de izquierda siguen diciendo: "proponemos el diálogo siempre como vía efectiva que da respuesta a la esperanza de resolver las divisiones. Si el diálogo es serio, capaz y abierto, y si se admite que dialogar siempre significa renunciar a las propias exigencias para encontrarse en el camino con las renuncias del otro, habrá avances. Además, avanzar teniendo sentimientos de misericordia y perdón sinceros, respetando la justicia, ayudará a que los acuerdos que todos esperamos se logren pronto".

Palabras muy “bonitas” que no hacen más que blanquear un gravísimo golpe de Estado de los que odian a España. ¿Cuantos obispos pidieron el indulto del teniente coronel Tejero, uno de los grandes del siglo XX en España? Cada vez es mayor la desafección entre los prelados y los fieles, que ven más en los obispos a unos políticos o diplomáticos que a unos verdaderos pastores.

Recordemos que ningún obispo español tuvo el valor de oponerse con contundencia a la vil profanación del Generalísimo Franco. Los fieles queremos pastores que nos estimulen a la santidad con su heroísmo de vida, no queremos jerarcas modernistas que pasteleen con el poder político inicuo y mundano.