Son cuatro, al menos, los grandes problemas que mantienen a España en un estado de retroceso e involución, esto es, de deterioro y aniquilación. 

El Estado de las Autonomías es una ocurrencia sin sentido y absolutamente artificial cuyo origen está en multiplicar por 17 el trabajo de los políticos, de tanto político huero. No sólo es una estructura inviable económicamente en su mantenimiento, sino lesiva para el conjunto de esta nación que poco a poco se ha ido transformando y rompiendo en 17 reinos de taifas, cada uno con su jurisprudencia: un cacao que hace inviable una estructura empresarial y económica a nivel de país, una justicia igualitaria o un sistema educativo normalizado. Este sistema de 17 reyezuelos hace imposible un funcionamiento coordinado como nación. La riqueza y variedad cultural de España, sus lenguas…, en ningún caso son motivo para trocearla como un puzle, no obstante sí para respetar y potenciar dicha diversidad, pero en un marco común convergente, nunca divergente.

El trampeo de las Elecciones Generales en las que los territorios vasco y catalán poseen gran peso electoral y llevan al Congreso de los Diputados los diputados suficientes en número para decantar el signo del gobierno. Esto es un truco amparado y consentido por los dos grandes partidos, PP y PSOE, habituados a desembolsar sumas importantes de dinero con las que compran el voto de estos diputados, a la sazón independentistas, más acertadamente mercantilistas, diputados que se venden al mejor postor sea del color que sea. Tema que se solucionaría considerando toda España como circunscripción única en las Elecciones Generales, ya que hay otros tipos de elecciones como son autonómicas y municipales en las que sí tiene sentido ajustar la proporcionalidad según provincia o pueblo.

La dependencia y sumisión del Poder Judicial al Poder Legislativo, ya que son los políticos quienes eligen a los jueces y magistrados del Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional, cuando los jueces debieran elegirse entre ellos y no tener ninguna cadena de atadura ni al Gobierno de turno ni a diputados y senadores. Mientras esto no suceda, en España no existirá la independencia de poderes, algo burdo, tosco y primitivo en pleno siglo XXI.

El Poder Ejecutivo (Gobierno) no gobierna desde parámetros de justicia justa y guiado por el bien común, sino con criterios clientelares. No se gobierna para el conjunto de la sociedad, de forma que bien se hacen leyes específicas para cada grupo social bien se tolera en distinto grado los desmanes y abusos de cada grupo. Las mujeres en su conjunto disponen de más de 300 normas jurídicas de protección de género frente a los varones, un grupo social marginado, a esto se le llama feminismo, cuando es una voladura de la pareja, la familia y el varón heterosexual; la inmigración ilegal y descontrolada llega y se instala como perico por su casa, sin duda porque es un caladero de futuros votantes; decenas de miles de okupas tienen claro a quién votarán; paguitas, subvenciones y regalías de mil naturalezas, además por la cara, con descaro; sanidad gratis; comedor escolar gratis; libros gratis…Una compra de votos desde un sistema clientelar que mantiene a gran parte de la sociedad en un estado de dependencia y sumisión al Estado Padre, Estado Marido, Estado Coleguilla…un sistema corrupto y sin escrúpulos que frena el avance económico y social con tal de retener millones de votos y perpetuarse en el poder, el poder de los necios.