Como si de una película de Sydney Pollack se tratase, un día, todos salieron a correr. A correr para sobrevivir y adaptarse a la nueva normalidad. Preparados, listos, ¡ya! ¡Corred, corred, malditos! Todos a correr aprovechando que por la gracia del Estado nos podemos calzar las zapatillas, poner el chándal, coger el móvil, y entre las 6 y las 10 horas descubrir que somos verdaderos amantes del deporte, de toda la vida.

Nunca hubo un pueblo tan saludable, agonísticamente hablando, como el español. Running, fitness, bicicleta, monopatín, tai-chi, petanca… A correr, a correr que ahora nos dejan. Ahí vamos todos, unos encima de otros, unos más listos que otros, con mascarilla y guantes o sin ellos. ¡Qué más da! Todos obedientes haciendo lo que manden. Eso sí, hay que tratar de evitar chocar con el que viene en sentido contrario, esquivar al ciclista, al distraído con el móvil, al que te roza corriendo en diagonal y todo ello en un paisaje soleado rodeado de bañistas solares y perros sueltos.

La gracia estatal también nos da la libertad de que a la vuelta de la frenética actividad física realizada vayamos a por la barra de pan, al rato salir a por la prensa y algo después o a la farmacia a por unos paracetamoles antes de prepararse para hacer la compra en el supermercado.

Mientras nos disponemos a comer encendemos la televisión. La cadena anuncia que ha obtenido en el primer trimestre de 2020 un beneficio neto de 48,9M€, lo que supone un margen sobre sus ingresos netos del 21,3% y un beneficio por acción de 0,16€, el mismo que entre enero y marzo de 2019. Sí, como dice su hashtag en pantalla: #loestamosconsiguiendo. Y tanto, además de recibir las ayudas gubernamentales al sector por la caída de la publicidad.

En el telediario, buenas noticias. Vemos como los gráficos, curvas, porcentajes, barras y cifras nos informan acerca de lo bien que va la situación. Queda todo clarísimo. En resumen, ¿qué más queremos, si pasamos oficialmente de que caigan a tierra tres Airbus A340 completos todos sus pasajeros todos los días a solo uno? No nos podemos quejar.

Luego la explicación de las fases asimétricas de -1, 0, 1, 2 y lo que sigue. Estupendo, más que claro. El tiempo de deporte se ocupa en enseñar las playas españolas invadidas de centenares de surferos. California o Maui van muy por detrás nuestro, ¡vamos! Empiezo a creerme que los Beach Boys en realidad eran de Cuenca.

No hay plan B, solo plan A, con A de estado de alarma, dijo el presidente y por detrás se lee un cartel que dice “Un día más, un día menos”. No me quiero entusiasmar demasiado con el mensaje. Más noticias: aparece en escena la nueva figura del cogobierno con las comunidades autónomas. ¿Cogobierno? Sí, cogobierno. También lo dijo el telediario, y si sale en la tele es verdad.

Revisamos el calendario y horarios de desconfinamiento desescalado. De 6 a 10, de 11 a 12, de 12 a… ¿hasta qué hora era? Hora de sacar a pasear al perro, otra vez. A la vuelta nos preparamos para los aplausos de las ocho porque a este virus lo paramos unidos (y unidas, claro). Ya estamos pidiendo el Príncipe de Asturias para nuestro experto en sanidad, portavoz oficial de las ruedas de prensa cotidianas.

Y mañana más y mejor para ir acostumbrándose a la nueva normalidad que ya tenemos encima. Me vienen malos pensamientos a la cabeza y empiezo a preguntarme ¿cuándo podremos salir a hacer la cola en el INEM, eso sí, manteniendo la distancia de seguridad? Me temo que será larga, muy larga. ¿En qué fase tendremos la gracia del Estado para ir a la iglesia a escuchar misa con aforo limitado? ¿Nos daremos la paz chocando los codos previamente desinfectados? Basta, mejor alejar ideas pecaminosas y prepararse para correr porque que ya estoy oyendo otra vez el ¡corred, corred, malditos!