El relativismo moral es la creencia que concede el mismo valor, peso y legitimidad a todas las opiniones morales y éticas. Todas las escuelas filosóficas que han defendido este concepto comparten que no existe la moral absoluta, y que lo que es correcto o incorrecto es enteramente un producto de la preferencia humana.

El relativismo es una contradicción, ya que debe existir algo con lo que comparar dos afirmaciones morales diferentes para determinar cuál es la correcta.

Esta idea relativista se puso en práctica por los comunistas rusos de los años treinta del siglo pasado, y fue uno de los pilares del socialismo clásico.

Si nada era verdad o mentira, decía el comunismo de Stalin, la verdad la ostenta el partido y el Estado, por tanto, nada es cierto fuera de esa verdad y de ese concepto moral. Como el Estado nunca se equivoca puede condenar a muerte a aquellos que se considerasen poco afectos al mismo, y en lugar de un crimen se transforma en un acto revolucionario en defensa de la verdad.  Y así lo defendieron los socialistas durante más de cien años.

Los relativistas morales, hasta ahora en la órbita de la izquierda, alegan que cualquier standard o comparación moral es imposible. Por eso afirman que es imposible condenar cualquier acción, lo que nos ha llevado a discutirlo todo para, al final, aceptar las mayores barbaridades éticas con un “depende de cómo lo mires”.

Pedro Sánchez ha llevado el relativismo moral a su máxima expresión en una democracia, ya que para él mentir es bueno si le conviene; pactar con asesinos no sabemos si es bueno o malo, pero a veces es conveniente; apoyarse en separatistas condenados es aceptable si le aprueban los presupuestos, y así hasta la locura relativista que hemos tenido la desgracia de vivir en los dos últimos años donde la mentira, la desaparición del Estado de Derecho y de los diferentes poderes del mismo han sido la manera habitual de comportamiento del Gobierno comunista que Sánchez preside.

Pero nada sabíamos del relativismo moral de Casado y del Partido Popular hasta hace unos meses, cuando no solo condenó la moción de censura de VOX, sino que le pareció aberrante la existencia del único partido liberal del espectro político español, cuando su partido hasta hace poco era liberal, la presidenta de la Comunidad de Madrid lo es, y gracias a eso obtuvo unos magníficos resultados. Casado, dice que PP no quiere saber nada con VOX, pero acepta y reclama su apoyo en varias comunidades autónomas, aunque no cumpla los compromisos de investidura.

Pero el estrambote de ese soneto mentiroso y relativista es cuando confiesa que el Partido Popular es el depositario de la socialdemocracia en España y el actual representante de la misma, sin haberle pedido permiso a los millones de votantes de su partido ni a los cientos de miles de militantes que le han llevado hasta ese lugar bastardo que ocupa de momento.

Si nada es verdad, si da igual ser socialista o ser liberal, si lo mismo da ser católico que musulmán, si es baladí trabajar, ser autónomo o liberado sindical, crear una empresa o pertenecer a una asociación subvencionada, también debe dar igual ser presidente de un partido político y líder de la oposición que militante.  Como nada es verdad ni mentira, lo importante para un relativista moral debe ser que uno sea presidente de España a cualquier precio.

Váyase señor Sánchez y váyase señor Casado, por favor… en aras a su propio  relativismo moral podemos prescindir de ambos y seguro que no nos irá peor que hasta ahora, ya aunque crean que ninguno de los dos es bueno ni malo,  los españoles que no somos relativistas no queremos a nadie que no distinga la diferencia entre el bien o el mal, entre liberalismo y socialismo, ni en destrozar la esencia de un país o dejarlo con sus costumbres, tradiciones, creencias y formas de entender la vida, como queremos seguir haciendo la mayoría de los españoles.

El relativismo moral no existe, solo es la excusa de los corruptos y de los políticos sin principios.