La historia se repite de manera reiterada y sus protagonistas no aprenden más que en carne propia.  Tanto la UCD en los años setenta como el actual PP formaron un conglomerado ideológico que les permitió ganar las elecciones. Una amalgama de conservadores, socialdemócratas, democristianos y oportunistas que llevo en su momento a la UCD y puede llevar en este momento al PP a que sus votantes se encuentren confusos en un primer momento y huyan hacia otro partido después.

Pocas semanas antes de las elecciones autonómicas que llevaron a Díaz Ayuso a la aplastante victoria en Madrid, tanto el PP como Casado se encontraban bajo mínimos.  Este resultado dio un impulso nuevo, situando a Casado como posible alternativa al desastre Sánchez, asumiendo como propia la victoria electoral en Madrid.

En lugar de aprovechar el tirón de Díaz Ayuso y copiar la estrategia con las propuestas liberales que la llevaron a arrasar, Casado decide abandonar el liberalismo y entregarse a la socialdemocracia, movimiento estratégico para atraer a los votantes de Ciudadanos y algún moderado del PSOE, pero esto mismo es lo que Fernández Ordoñez hizo en el año 79 al coquetear con el PSOE y al no funcionar buscó acomodo en dicho partido, como así ocurrió después.  Roma no paga traidores, pero el PSOE si lo hizo.

Casado debería analizar que porcentaje de votantes del PP es socialdemócrata, y aunque este estudio sociológico no creo que esté hecho, por lógica no debe ser un porcentaje muy elevado.

En el órdago que la dirección nacional del PP ha lanzado a Díaz Ayuso, impidiéndole que pueda ser presidenta del PP regional, puede sucederle a Casado lo mismo que a Suarez con una UCD fragmentada entre conservadores, liberales, democristianos y socialdemócratas, poco antes de que pronunciara las palabras con las que se despidió como presidente de Gobierno ante las Cortes, diciendo textualmente “Hay encrucijadas tanto en nuestra vida personal como en la historia de los pueblos, en las que uno debe preguntarse serena y objetivamente si presta un mejor servicio a la colectividad siguiendo en su puesto o renunciando a él”. Y Suarez entendió que debía renunciar.

Y esto quizás también lo tenga que repetir Casado y renunciar a su liderazgo.

Supongamos que Díaz Ayuso ante este órdago lanzado por Casado y viéndose sin posibilidades de repetir en las siguientes elecciones autonómicas decidiera abandonar el PP y acomodarse en el único partido netamente liberal que hay en España que es Vox, y que junto a ella la mayoría de los diputados del PP de la asamblea de Madrid lo hicieran.

Esto dejaría a Casado en la misma tesitura que tuvo Suarez cuando pronunció su discurso ante las Cortes, ya que habría demostrado su incapacidad de liderazgo y de aglutinar junto a él a la figura política más popular de su partido y que más éxito ha tenido en los últimos años.

Por eso Casado debe preguntarse si en el momento de crisis política y social que vivimos él presta un mejor servicio a la sociedad continuando en su puesto o renunciando a la presidencia del PP y dando paso a políticos más capaces, como es el caso de la propia Isabel Díaz Ayuso.

Por otro lado, cada vez son más guiños los que hace Casado al PSOE para que, en el hipotético caso de que VOX gane las próximas elecciones, se pueda conformar un gobierno de coalición PP-PSOE, justificándolo como un gobierno de salvación nacional ante la extrema derecha, aunque esto prolongue la agonía que España está sufriendo con este gobierno comunista, ya que las políticas que harían la coalición PP-PSOE no serían muy diferentes a las actuales.

Pero nadie puede garantizar a Casado que, si se atreve a plantear una coalición con el PSOE de Sánchez, todos los diputados del PP le apoyasen en esa aventura suicida, aunque los haya elegido desde Génova. Las ratas siempre son las primeras en abandonar el barco, cuando este se hunde y los políticos del PP no se caracterizan precisamente por su valor.