Son tristemente famosas las Fiscalías del Odio introducidas hace unos años como instrumento de represión ideológica e imposición del pensamiento único. En verdad el nombre está bien puesto: expresan purísimo odio a la verdad y a la libertad, su infame cometido siendo la persecución e intimidación de aquellos que rechazan la basura ideológica progresista. El aparato judicial y la legislación han sido colonizados tras una labor de decenios, los significados se invierten y pervierten usurpando la palabra “justicia” para ponerla al servicio de la política, la ideología y los proyectos criminales de los lobbies de la degeneración y el odio hacia nuestra civilización.

Entre sus fechorías quizá la más llamativa sea el encarcelamiento del librero Pedro Varela hace unos años, junto con el cierre de su librería y la liquidación de su sello editorial; el motivo fue que vendía libros que decían muchas cosas inaceptables y contrarias al pensamiento único; entre ellas, y fue lo que le cerró la librería, ciertas verdades que no gustaban a aquellos a quienes hay que complacer sí o sí.

Ahora los mismos acusadores del odio a la verdad, en el más puro estilo estalinista de la escuela en que se han formado, piden tres años de cárcel para el padre Custodio Ballester. Por un delito de incitación al odio que consiste en haber afirmado que el islamismo radical y el yihadismo violento amenazan con destruir Europa. Una acusación sostenida con citas fuera de contexto y una deformación en mala fe de su pensamiento.

Pero es que el repugnante poder que hoy domina España quiere suprimir cualquier voz discordante, cualquier motivo que desentone en la gran cacofonía de la degeneración que se nos quiere imponer como doctrina obligatoria. La palabra de este sacerdote, que desde hace tiempo está en el punto de mira de todos los apólogos de la degeneración, la enfermedad y la anormalidad, es una voz pura y límpida; el poder no puede tolerarla, porque dejaría en evidencia la voz de la alcantarilla que pregona la ideología oficial.

Ignoramos cómo terminará esto, pero el padre Custodio parece dispuesto a pelear y también, según sus propias palabras, a ir a la cárcel si es necesario. Honor a este hombre íntegro, vergüenza e infamia para todos aquellos empeñados en privarle de su libertad, que nunca le llegarán a la suela del zapato.

Mirando hacia el futuro y más allá de este caso concreto, el horizonte está cubierto de nubes negras. En todo nuestro mundo infectado de corrección política y dominado por la izquierda cultural arrecia el uso ideológico de la justicia.

La diosa de la justicia ha sido sustituida por un horrible y grotesco monigote. Ya no es la matrona imparcial y severa, que pesa las cosas en una balanza según criterio y conocimiento: se ha convertido en la puta del marxismo cultural, en una vieja meretriz de carnes enfermas y guiño cadavérico, cuyos siervos compensan su incultura con el fanatismo y cuatro eslóganes baratos que marcan la derrota de nuestra civilización.