Convenzámonos, mal que nos pese a algunos, que la continuidad de la Monarquía como forma de Estado en España, está sentenciada para muchos años, por lo menos hasta que el padre le pase los trastos a la niña Leonor. Esto es así, y no valen argumentos sobre la utilidad o eficacia de la Corona, porque lo que está en juego es la tragedia. 

La última proposición de la horda rufianesca de quitarle el título de “Rey de España” a Felipe VI es lo que faltaba para afianzar la Corona. Y la afianza, porque, hasta el más patán de los españoles intuye que si estos trajeran la República, provocarían otra guerra civil. Que así están las cosas.

Y estando así las cosas, a lo mejor algunos se dan cuenta de lo que se ha dejado y se sigue dejando hacer a toda clase de chusma sobre el falso argumento de la tolerancia, aunque lo tolerancia sea en muchos casos complicidad con el mal. De lo que se deduce, que si tuviéramos que definir todo este largo proceso de deriva que se ha ocasionado a España, diríamos que ha sido una huida hacia adelante sin sentido, en las que hay muchos culpables. De lo contrario España no estaría como está, a la deriva.  

De esta forma, como vivimos instalados en una gran farsa, y la solución que se avista en el horizonte (VOX), no termina de completarse por la falta de juicio de muchos, y contra todo un pueblo no se puede ir, termino mis diatribas a nuestra forma de Estado con… ¡Larga vida a la Corona! Y aún más, si algún día Felipe VI les otorga el título de marqueses a los padres de su consorte, pues… ¡Vivan los marqueses Ortiz y Rocasolano! Que hasta este extremo llega la chusma.