El recurso de casación tiene una gran importancia en el ámbito civil, ya que sirve para que el Tribunal Supremo pueda controlar y revisar la interpretación y aplicación de las normas civiles. De ese modo, se garantiza la seguridad jurídica, pudiéndose establecer, con dos o más sentencias de ese órgano jurisdiccional resolviendo casos similares en idéntico sentido con los mismos preceptos, la jurisprudencia, que, conforme al artículo 1.6 del Código Civil, complementa el ordenamiento jurídico.

Hay que ir con cuidado. En ocasiones muy particulares, hay abogados que, por falta de diligencia, pueden hacer que se inadmita, por un error suyo, un recurso de casación, que tiene el carácter de extraordinario y que, por eso, solo puede interponerse en casos muy concretos.

El Tribunal Supremo inadmitió un recurso de casación por lo que podría considerarse una auténtica chapuza profesional con consecuencias procesales. Un abogado presentó el escrito correspondiente y pudo dilucidarse, sin muchas complicaciones para el órgano jurisdiccional, que era una copia prácticamente exacta de uno interpuesto con anterioridad en un proceso con diferentes partes en el que la cuestión controvertida era de similar naturaleza y que ya tenía, según el tribunal, una deficiente construcción técnica.

Copiar y pegar ha facilitado el trabajo de los operadores jurídicos, pero ha favorecido la pérdida de calidad de una manera contraproducente para los profesionales, que al usar formularios o modelos de otros procesos deben ser diligentes en el momento en el que se necesita ajustar un escrito al caso concreto. Esta idea es fundamental en relación con los recursos extraordinarios, que, para ser admitidos, deben estar correctamente elaborados en sentido formal y en sentido material.

Ramiro Grau Morancho, en un artículo titulado “Sentencias como churros”, ya criticó con buenos argumentos la nueva técnica de copiar y pegar. Ese modo de actuar ya es propio de abogados, pero también de jueces, que pueden tener poco tiempo y escasos medios.

En cualquier caso, no se puede permitir que los profesionales del Derecho se conviertan en reproductores de escritos. Para eso también sirve una máquina.

La idea es sencilla. Los juristas deben ser personas con conocimientos y con la capacidad de trabajar en cada caso observando los detalles.