**Ayuso está contra la ideología de género, contra la memoria “histórica”,  por la unidad nacional, por la democracia, por la monarquía… en suma, por la herencia de Franco.  Pero sigue en un partido que ha pisoteado sistemáticamente todos esos valores e intereses.
**La batalla de la República es crucial para rectificar las derivas siniestras que no han cesado de agravarse en las últimas décadas, y que amenazan repetir aquella nefasta experiencia.
**Importa eliminar la fácil identificación entre república y democracia. La mayoría de las repúblicas del mundo no son democracias y a duras penas lo fue la española. Y todas las monarquías europeas son democráticas.
**Durante cuatro décadas largas, la izquierda y los separatistas han impuesto su discurso en España, porque el PP ha evitado la batalla de las ideas y finalmente ha secundado al nuevo frente popular. Y también porque quienes estaban en desacuerdo les oponían un discurso demasiado simple, dejándoles la poderosa bandera de la democracia. 
**Un problema de la derecha, también la que se tiene por más o menos franquista, ha sido siempre su escasa ilustración, sus escasas lecturas. Constantemente  es sorprendida por cada nueva invención del nuevo frente popular  y es incapaz de demoler el discurso seudodemocrático en que este se ampara. 
**Gran parte del debate de la democracia parte del equívoco implícito en su etimología. La democracia supone libertades políticas, limitación del poder y selección de oligarquías (partidos) por medio del sufragio universal. La idea de un “poder del pueblo” o “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, es un oxímoron. El poder, de un modo u otro, se ejerce siempre sobre el pueblo, que a su vez no tendría  sobre quién ejercerlo.
**Una crítica falsa a la democracia parte del equívoco etimológico: “¿cómo van a gobernar las masas ignorantes y propensas a las demagogias? ¿Cómo puede equipararse el voto de un semianalfabeto con el de un doctor en lo que sea?”. Las masas no gobiernan, son gobernadas, y los “doctores”, es decir, las oligarquías, son los que practican la demagogia. El mal no está en las masas, sino en unas oligarquías o partidos corruptos o irresponsables.
**No existe una oligarquía homogénea, como no existe un pueblo homogéneo. En los dos casos surgen partidos diversos. Es algo connatural a la sociedad humana. Y dentro de cada partido existen a su vez semipartidos o camarillas más o menos enfrentados. Esto ocurre tanto en las democracias como en cualquier otro régimen, incluso en las monarquías absolutas y en regímenes a la soviética. Solo que en estos las diferencias suelen dirimirse en maniobras ocultas, cabildeos o por la violencia, no por elecciones.
**Una democracia con partidos corruptos, faltos de patriotismo  e irrespetuosos e irresponsables hacia el propio país,  como ocurre hoy y ocurría en la república, puede llevar a la sociedad a la guerra civil, como ocurrió en los años 30, haciendo necesario un régimen que corte por lo sano por un tiempo más o menos largo.
**Otro peligro del funcionamiento democrático es que las oligarquías lleguen a tales acuerdos ideológicos entre ellas que anulen las libertades y establezcan, por el control de los medios de masas, lo que llamó Tocqueville “despotismo democrático”, mucho más peligroso y dañino que los despotismos tradicionales. Es un proceso al que asistimos hoy en España, la UE y Usa. 
**El supuesto de la “aristocracia”, es falso. Todos los partidos se consideran “aristócratas”, es decir, los mejores. Pero todos son oligarquías, es decir, constituyen pequeñas minorías y dentro de ellas son minorías aún menores las que ejercen el poder. No quiere decir  que todas las oligarquías sean iguales, pero su, digamos, calidad político-intelectual o democrática radica en sus concepciones generales,  su conducta práctica –que a menudo solo se aprecia retrospectivamente– y en sus obras.