Si el llamado “toque de queda” constituía una innovación en nuestro ordenamiento jurídico ya que en ninguna norma legal aparece esta denominación como tal, más allá de las limitaciones de movimiento y permanencia contempladas en la Ley 4/1981, de 1 de junio, que previenen los estados de alarma, excepción y sitio, en las que aparece esta situación excepcional de limitación de derechos y libertades sin que para ello se utilice el término de “toque de queda”, muy al gusto del cine yanki, resulta que ahora nos encontramos con una nueva figura inventada por la Xunta de Galicia: el “toque de non queda”.

¿Qué significado tiene esta figura, del todo innovadora, que contribuye a limitar todavía más nuestras libertades pese a no encontrarnos siquiera en ninguna de las situaciones extraordinarias que previne la precitada ley 4/1981? Pues bien, al parecer se trata de prohibir la salida a la calle, al menos la quedada callejera, en una determinada franja horaria, de más de una persona y, en caso de que sea acompañada de otra esta deberá pertenecer a la misma unidad familiar. Es decir, que más allá de pasear con alguien con quien convivas, tendrás que hacerlo contigo mismo o, simplemente, quedarte en casita.

Por tanto, si nos atenemos a esta disposición normativa, la próxima Nochevieja, fecha en la que entrará en vigor este nuevo “toque de non queda”, se acabó lo de salir acompañados de novias/novios/queridos/queridas/amantes/¿amantas?, sí, claro esta expresión vale también, faltaría más, de acuerdo con los innovadores códigos lingüísticos de la “pijogresía” podemita. Así que ya se sabe, al menos en la taifa gallega quien quiera celebrar la llegada del nuevo año dándose un revolcón con su pareja/parejo/pareje, con perdón, lo va a tener más que complicado a tenor de lo ordenado por el sátrapa galaico.

Realmente si no fuese porque aseguran que estas disposiciones saldrán publicadas próximamente en el DOGA (Diario Oficial de Galicia), el haberlas anunciado el pasado 28, todo induciría a pensar que se trataba de una inocentada tan propia del día señalado.

En resumen, que a las medidas ya contempladas -arrestos domiciliarios, toques de queda, pasaportes covidianos, etc.-, por cierto, muchas de ellas declaradas anticonstitucionales por el Tribunal correspondiente, ahora habrá que añadir esta nueva de “toque de non queda” cuyo significado, por ambiguo y pintoresco, llama poderosamente la atención.

La pregunta que deberíamos formularnos es sencilla, ¿qué significado real tiene esta perogrullada? Si nos atenemos a las normas lingüísticas al uso, el “non” significa “no”, por tanto, negación; en consecuencia, no hay toque de queda posible pues en su origen ya lo niega el propio enunciado de la frase.

La verdad que se oculta tras esta nueva babosada lingüística no es otra que dar una vuelta más de tuerca a la limitación de nuestros derechos y libertades a la que también hay que añadir la norma de que las reuniones privadas en los domicilios no deberán sobrepasar “las dos unidades familiares”. Suponemos que ese concepto de “unidad” se refiere al conjunto de elementos que forman una familia y no a cada uno de los miembros que la integran.

En resumen, qué si se reúnen, bajo el mismo techo, dos familias numerosas, por ejemplo de cinco miembros cada una de ellas -padre/madre, padre/padre o madre/madre y tres hijos/hijas/hijes- no habrá problema; sin embargo, pobre de aquel al que se le ocurra celebrar la Nochevieja con su mujer/marido, un hermano/hermana que vive en otro domicilio y un amigo/a que está solo en la ciudad, en ese caso, pese a reunirse únicamente cuatro, contra los diez del primer supuesto, todo el peso de la ley caerá inexorablemente sobre él. Algo similar sucederá al que se atreva a reunirse en su casa con dos de sus hijos/hijas/hijes casados/casadas/casades -suponemos que también vale arrejuntados/arrejuntadas- que concurran acompañados de sus familias ya que, al superar el límite de “dos unidades familiares”, conculcará la norma, quedando de inmediato con el culo al aire.

Si no fuera por lo dramático de toda esta situación y por el hecho de que tales medidas las aceptamos con total naturalidad y, encima, las vemos con buenos ojos y las apoyamos como consecuencia del miedo insuperable que nos han inoculado y nos corroe, sería para desternillarse de risa y preguntar si realmente no nos están tomando el pelo.

Para más inri, de acuerdo con las medidas adoptadas en la taifa galaica, las Cabalgatas de Reyes deberán ser “preferiblemente estáticas” y de no serlo se evitarán aglomeraciones y se mantendrán las distancias.

Pero vamos a ver, tontos, que no sois más tontos por falta de entrenamiento, si recurrimos al diccionario de la RAE, la voz “cabalgata” significa: “desfile de jinetes, carrozas y otras atracciones que caminan por las calles en alguna celebración o fiesta popular”. Es decir que, a la vista de su significado toda cabalgata forzosamente debe ser dinámica y, además, ¿cómo es eso de cabalgata estática?, ¿significa acaso que los niños/niñas/niñes deberán desfilar delante de los Reyes Magos formando una hilera interminable en la que se mantenga la llamada distancia de seguridad?

Sin duda, lo que pretenden no es otra cosa que cargárselas ya que veo muy complicado como limitar, en un espacio abierto, como son las calles y avenidas de las ciudades, la presencia del número de niños y de padres para ver el alegre discurrir de los monarcas, amén de obligarlos, no se sabe bien porque medios, a mantener la distancia de marras.

En dos palabras, “acojo nante”. En resumen, todo un despropósito que viene a ratificar que ya no cabe un tonto más en nuestra querida España y encima muchos con cargos de responsabilidad.

Durante el último trimestre no hubo inconveniente alguno en que los campos de fútbol se llenasen a reventar y durante al menos ciento cinco minutos, sin contar el descuento, miles de personas se arremolinasen en gradas y tribunas, cantando, gritando, fumando e incluso sin mascarilla, sin embargo, ahora, hay que cargarse la fiesta de los niños, la mágica Cabalgata de Reyes, una tradición eminentemente española que tanto molesta a la miserable hispanofobia en las que llevan tiempo instalados los políticos de ambos signos.

Lo dijimos más veces, el objetivo, cargarse la Navidad y a fe que lo están logrando; el siguiente paso, a finales de marzo, cuando aparezca una nueva cepa que pondrá contra las cuerdas las celebraciones religiosas de la Semana Santa.

Pero bueno, ¿qué se puede esperar de un país en el que se condecora con una de sus más altas distinciones a un tipo como el cherepudo aquel de la melena sucia? Sobran comentarios.

En fin, les deseo a todos un feliz y próspero 2022 pese al siniestro bichito y a los todavía más siniestros políticos que rigen nuestros destinos.