Acosado por múltiples causas pendientes de imputación penal, repudiado por su propio hijo y forzado a marcharse al exilio, podríamos decir que el rey Emérito se va de la misma forma que ha vivido, esto es, ignominiosamente. Un hombre que ni siquiera de viejo ha sabido frenar sus pulsiones, pasiones y ambiciones. Ahora bien, el exilio forzado del rey Emérito pone en valor el propósito, y ya proyecto en fase de realización, de instaurar la República en España, que como proyecto de gran calado y alcance necesitó de un primer momento, la dimisión del Rey Juan Carlos.

Si todas las horas tienen su importancia y su cometido, igual la hora dormida del ángel de porcelana blanca, que la del centurión arengando a la batalla, esta hora en la que tenemos al enemigo dentro también debería tener su importancia y su cometido.

Sostener, como de hecho se sostiene y de forma generalizada, que Sánchez, con el apoyo de ETA y del separatismo, se valió de una sentencia falsa para montar la moción de censura contra el gobierno de Rajoy. Afirmar que Simón -en cuyas manos se ha dejado esta terrible pandemia- lejos de ser un solvente científico, es un avalado mentiroso acorde con los planes del Gobierno Sánchez-Podemos. Y evidenciar que los dos partidos que conforman el Gobierno están instrumentalizando la Administración del Estado con intereses partidistas, anteponiendo la filiación política a la competencia profesional a la hora de designar los altos cargos o los puestos en las empresas públicas. Sería tanto como si unos padres se vieran acosados por sus hijos de 7 y 5 años respectivamente.

Inmersos en una crisis política, económica, social y territorial de enorme gravedad y resultados inciertos, la nación está obligada a desplegar una respuesta. Lo que nos estamos jugando, o mejor dicho, con lo que están jugando, es nada menos que con el futuro de España. Se necesita un pacto de Estado más allá del Gobierno y del Parlamento que implique a todas las instituciones y a la sociedad en general. Un proyecto de unidad para hacer frente a los retos presentes y futuros en un contexto de pandemia vírica internacional. Un proyecto para hacer frente a este Gobierno, porque el cometido de todo gobierno es dar solución a las cosas o intentarlo, no crear problemas. Así, si “la mejor manera de predecir el futuro es crearlo”, según dijo Abraham Lincoln, tenemos todo este mes de agosto para proyectar una solución a fin de vislumbrarla para octubre. La táctica es bien sencilla. El equilibrio consiste no en otra cosa que en distinguir entre el poder blando de la persuasión encubierta y el poder duro de la fuerza. Y ojo, que confiar todo a la UE que no es otra cosa que un club con intereses contrapuestos, afanes distintos y moralidades opuestas, es darse de frente con el chasco.

Este razonamiento se halla presente en numerosas reflexiones que leemos a diario, pero hay que dar un paso al frente. Tienen que darlo, primeramente, quienes más obligados están, y esforzarse en este sentido. Sería difícil no darse cuenta que los proyectos que se necesitan ponerse en marcha, dentro de la Ley, son necesarios para el futuro de España.     

El destierro forzado del rey Emérito debería marcar muchas cosas, para empezar, procesar al Bicho y hacer caer al Gobierno.