El recuerdo manda: del asesino múltiple ecuatoriano Gilbert Antonio Chamba Jaramillo, pasando por las manadas de Sabadell y Callosa, a los asesinos de Samuel… Todos extranjeros. 

Toda muerte violenta de una persona pacífica duele y perturba, y se hace más dolorosa si quien es asesinado es un chico joven: hijo de unos padres, con hermanos, familia y amigos. Un buen chico español asesinado en su  tierra, la tierra de sus padres y abuelos, por unos extranjeros llegados a la nuestra para poder tener un futuro digno. Hablamos del joven Samuel (Q.E.P.D.), asesinado brutalmente por una “manada” de latinos. ¿Se da cuenta la sociedad española de lo que supone haber tenido en España a los individuos de los que da cuenta el título de esta colaboración?

¿Quiénes están entrando en España? ¿Cuántos potenciales asesinos, pandilleros peligrosos, violadores y maleantes tenemos ya instalados, y muchos de ellos viviendo a consta del Estado en España? ¿Por qué no se exige un “certificado de penales” a los extranjeros que aceptamos (mal que nos pese a muchos españoles): la mayoría de ellos tras haber asaltado nuestras fronteras, o haber entrado de forma ilegal o mintiendo? ¿Tendremos más casos de estos tras la era pos-pandemia que será dura, difícil y escasa de trabajo?

Respecto al Colectivo LGBT entiendo que debería estar preocupado y exigir medidas respecto a la extranjería, fundamentalmente respecto a determinadas etnias, cuya cultura les hace imposible admitir la homosexualidad, ante cuya tendencia se manifiestan de forma violenta.

¿Es el ecuatoriano Gilbert Antonio Chamba Jaramillo, asesino de María Isabel Bascuñana, de 21 años, en 2004 -que entró en España en el año 2000 pese haber sido condenado en 1993 a 16 años de prisión por la violación y el asesinato de ocho mujeres en su país natal-, el único asesino múltiple extranjero que tenemos en España?

¿Tenían antecedentes penales, al menos en España, los individuos que integraban las manadas de Sabadell y de Callosa?

¿Sería justo que tras cumplir sus condenas estos extranjeros fueran deportados a su país, y no permitirles volver a España nunca?

Pues señores, el pueblo español en su mayoría está a por uvas (como se suele decir, de lo contrario se votaría mayoritariamente a VOX). Las autoridades no contemplan el problema de la inmigración como uno de los más preocupantes. Y los señores de la Conferencia Episcopal Española insisten en considerar un deber de “caridad” admitir a todo el que venga.