El podemismo es una enfermedad de juventud, que se cura con el tiempo.

         Consiste, básicamente, en la envida, pura y dura, a los que les va bien en la vida, y la exigencia de repartir los bienes entre todos, los trabajadores y los vagos, los listos y los tontos.

         Es el igualitarismo; en este sentido, son primos hermanos de los socialistos, esos que piensan que cuando venimos al mundo solo tenemos derechos, pero no deberes, y que “papá estado” proveerá, como es su obligación. Según ellos, claro.

          Nuestras obligaciones son, única y exclusivamente, ser felices, procurar la satisfacción de nuestros instintos y necesidades, hacer como que estudiamos, pero sin estudiar, claro, no se nos vaya a dañar la vista, y pasarlo bien, como si todo el monte fuera orégano.

         Aunque en España no hay facultades de marxismo, como en Cuba –hace años conocí a una chica, que era licenciada en marxismo-, es conveniente formarse –es un decir- en la facultad de políticas de la Complutense, que para el caso es lo mismo: ignorancia y miseria intelectual, a partir iguales, profesores pijoprogres, como el ex nazi Verstrynge, etc.

         Esta pareja son los Ceasescu de la política española, y espero que no tengan un final similar.

         Pongo a ella en primer lugar, pues creo es la que domina en la relación.

         A mí me gustaba más la amiga/novia/amante/follaamiga anterior, pues tenía pintas de poligonera y macarrilla –siempre me han gustado las mujeres fatales-, mientras que esta tiene más pintas de arpía y sectaria de tomo y lomo, una auténtica Elena Petrescu de la política española. (Le faltan los doctorados, comprados o regalados de Elena, pero todo se andará).

         Respecto al macho alfa dominante, ese que deseaba azotar a una conocida presentadora de televisión hasta hacerla desangrar –todavía estoy esperando que alguna feminista la defienda-, creo está de capa caída, y como un revivido Nicalea Ceasescu, va a acabar mal, muy mal, políticamente hablando.

         Para predicar la pobreza y vivir como un burgués, haciendo exactamente lo contrario de lo que se promete, hace falta ser muy cínico, y tener la cura dura como el cemento armado. Y más en estos tiempos de internet, las ventanas abiertas de nuestra privacidad, cada día menor, y el hecho de que sean personas públicas, y por lo tanto expuestas a que su vida privada sea del dominio público.

         En definitiva, no se pueden poner puertas al campo, aunque si se puede parcelar dos mil metros cuadrados, en una urbanización de lujo, y vivir como esos a los que “odian”. ¡Solo les hace falta unas criadas extranjeras, preferiblemente pagándoles en negro, por aquello de ahorrarse las cotizaciones obligatorias a la seguridad social, al estilo del argentino! (Es fundamental que lleven uniforme, cofia, etc., que queda más chic, y pequeño burgués con aspiraciones…).

         Es cierto que el famoso “referéndum” interno es un engañabobos, muy similar a las elecciones en Venezuela, por ejemplo, pero puede salirle mal la jugada…

         Y, de cualquier forma, la caída en votos de Podemos es algo ya descontado, que obligará a los dirigentes del partido, (si quieren seguir viviendo del cuento, y no volver al paro, de donde procedan casi todos), siguiendo la técnica neo estalinista, a realizar las purgas correspondientes.

         Yo me pregunto: ¿esta pareja de pequeños burgueses, con aspiraciones de una vida acomodada, y totalmente convencional, realmente son una baza a favor de Podemos, o un lastre, del que conviene desembarazarse cuanto antes…?

 

Ramiro GRAU MORANCHO,

Jurista y escritor.