Serendipia, es una palabra misteriosa e inusitada, que revela una acaecida transformación, un resultado positivo a forma de efecto colateral. Es aquel hallazgo afortunado, el cual, todos buscamos encontrar en situaciones no muy optimas o favorables. Buscar es encontrar, seguro que sí, y sin lugar a dudas, de eso se trataba todo. Con bonhomía, nos hemos enfrentado a lo inesperado y así mismo, de forma desunida y distante el declive de nuestra sociedad es un inminente. Como nefelibatas, hemos perseguido lo etéreo, en cambio no, nos hemos esforzado en trabajar conjuntamente, en preocuparnos por los demás, por el otro, por el vecino, por el diferente. 

De forma paulatina, se ha creado una sociedad que poco o nada le importa llegar a la ataraxia, ese estado de calma, de imperturbabilidad al que solo los sabios o justos podrían alcanzar; pero que, sin embargo, todos deberíamos buscar, así fuera solo como un sucedáneo que nos llevase a una serendipia, a aquel resultado positivo con el que cuidadosa y de alguna forma intencionada del inconsciente queremos descubrir.

Una serendipia, así como la que Carolyn y Eugene Shoemaker junto a David Levy tuvieron en California, el 24 de marzo de 1993, cuando capturaron al Cometa Shoemaker-Levy 9 (noveno cometa periódico capturado por estos) por medio de una fotografía con el telescopio catadióptrico en el Observatorio Palomar, como efecto colateral de su principal objetivo: descubrir objetos próximos a la Tierra. 

Otra serendipia, como lo afirmó el peregrino Umberto Eco, es el descubrimiento de America; pues es una consecuencia colateral del principal objetivo de encontrar una nueva “ruta comercial” para llegar a Asia por el oeste, cruzando “la mar océana”, es decir, el océano Atlántico, parte de aquel océano mundial inexplorado. Más allá del mediterráneo – Mare Nostrum –, no parecía haber civilización o siquiera territorios, para los europeos. Así como para los griegos lo fueron “las Columnas de Hércules” en algún momento, el limite del mundo. 

La ecúmene de los romanos, es decir su porción del mundo conocido, llegaba a su fin en “el Cabo Sagrado” – Promontorium Sacrum – en donde se podía ver el alba en el Océano Atlántico, en contraposición con anecúmene, que se refiere a esas zonas otrora desconocidas por las distintas culturas antiguas. Y, para los religiosos, lo que sería considerado como el mundo venidero, aquel paraíso desconocido. Asimismo, con la frase latina: Non terrae plus ultra –No hay tierra más allá– se asentaba esta teoría. 

A su vez, serendipia en la literatura, se refiere a prever un suceso de forma escrita que luego se convertirá en una acontecimiento o suceso real. Un ejemplo de esto, es el caso de la novela de Dean Koontz, que, de forma casi inexplicable, termina prediciendo el virus chino que en la actualidad tiene en jaque al mundo. La obra titulada como “los ojos de la oscuridad” –The Eyes of Darkness– habla de forma prematura (años 80) sobre un arma biológica, en forma de virus; creada en Wuhan, China, bautizada como Wuhan-400 en 1989, que se propagaría por el mundo, creando un cataclismo sanitario y el deceso de cientos de miles en el año 2020 (considerado en ese entonces como una fecha muy futurística). 

Etimológicamente, serendipia es la adaptación de la palabra inglesa: “serendipity”; que a su vez viene de un país: Sarandib –actual Ceilán–, que aparece en una muy antigua fábula persa, titulada: Los tres príncipes de Serendip. Y, también aparece en una de las obras más antiguas del Medio Oriente: Simbad el Marino. Aunque el termino como tal, fue acuñado por Horace Walpole (IV conde de Orford), primo a su vez de Lord Horace Nelson, quien derrotó a Napoleón Bonaparte. Walpole, lo utilizó para describir un suceso adyacente al primario, basándose en el cuento de los príncipes de Sarandib o Serendib, que sin buscar la respuesta a problemas y a complejos dilemas, terminan por encontrarla de forma accidental o por azar. 

Con relación a la pandemia de Covid-19, que terminará por transformar al mundo de una forma histórica, capaz de imponer un hito de un antes y un después, alguna serendipia o varias quizás, dejará en su camino a imponer un Nuevo Orden Mundial, promulgado a expensas de una sociedad acallada. Más allá de los hechos que hasta ahora la pandemia supone para la humanidad, y en especial para un mundo occidental ya venido a menos, entre la debacle y la supervivencia; entre la barbarie y la impotencia, no queda otra salida, tal parece; que hacerse a la idea eufemística, donde quepa lugar a una serendipia, es decir, a que sea el azar o la pura suerte, lo que convierta a semejante catástrofe dentro del plano material e inmaterial, en un punto positivo. 

Si bien, hay puntos positivos que deja la pandemia, como compartir más en familia y quizás, ser más solidarios, estos son nimiedades frente a las grandes crisis que se han venido desarrollando. En principio, habrá una problemática económica y psicológica, de seguro. Y, será necesario hacer frente a esto, pero, también moral y espiritual, será el reto. Esperemos que el efecto colateral de la pandemia sea mejor que los estragos. Además, la serendipia de la peste negra en el siglo XIV, fue el Renacimiento.