Uno de los problemas que con más intensidad va apareciendo en la sociedad es la distribución de la población y su tendencia a concentrarse.

         El fenómeno es natural en el sentido de que es fruto de las circunstancias económicas y culturales, que condicionan y a veces determinan, la decisión de personas o familias. Las ventajas económicas son evidentes, de los 431 partidos judiciales, más de 90 tienen menos de diez mil habitantes y en ellos hay una escuela pública, consultorio médico, farmacia, estafeta de correos, una o dos oficinas bancarias y unos comercios pequeños, sin embargo en poblaciones más grandes tendrán además guarderías, institutos de enseñanza media, una residencia sanitaria, varias farmacias y, en general, mejor abastecidas, oficina de correos, varias entidades financieras, y unos grandes almacenes, por no entrar en restaurantes o tiendas de modas con franquicia.

         La concentración de la población aumenta en todas las partes del mundo, un porcentaje cada  vez mayor habita en ciudades de millones de habitantes y la vida en estas macro-ciudades se hace soportable, en parte, por unas comunicaciones favorables que permiten desplazarse del domicilio al trabajo, salvando a veces una distancia de decenas de kilómetros, desplazamiento no exento de incomodidades, como son los atascos de circulación, o las dificultades para estacionar los automóviles, etc., aunque las ventajas puedan parecer  más atractivas y superen los inconvenientes. A los ciudadanos, aparte de sus obligaciones y los servicios de que dispone, les atrae la vida activa y las ofertas culturales, comerciales, o de ocio.

         Sin embargo todas las cosas tienen su cara y su cruz. La contaminación en cualquier ámbito que se produzca es función directa de la concentración y, por lo tanto, también crece con la concentración de la población. En la lucha contra la contaminación se van imponiendo conductas de reciclaje y disminución de plásticos que perduran eternamente y no sería raro que en algunas actividades se volviera a ver reutilización de cascos de vidrio como se hacía en los años cincuenta. También se va necesitando que las cocinas de las casas estén preparadas para reciclar materiales y que crezca la presión para que se respeten esas tareas.

         Pero no sólo es problemática la concentración por la contaminación que provoca, también lo es el abandono de muchas zonas lo cual provoca un deterioro que bien conocen quienes han tenido una vivienda abandonada unos años.

         Ante esta disyuntiva, ¿qué se puede hacer? Partiendo de que la tendencia a vivir en ciudades más pobladas es imparable, la solución debe buscarse en fomentar el incremento de la población en pueblos o ciudades hasta alcanzar un mínimo de 20.000 habitantes, dotándoles de mejores servicios realizados por parte de  las administraciones  a un coste razonable  todo lo cual  permitiría disponer de suficientes ventajas para hacer  la vida más agradable.

Pensando en España, sería conveniente que las capitales de provincia, ciudades portuarias o industriales, alcanzasen una población entre 100.000 y 300.000 habitantes, donde existiese una administración que resolviera todos los problemas, cosa que es posible con las telecomunicaciones actuales, y a partir de ese nivel poblacional  podría pensarse incluso en adoptar medidas tendentes a limitar su crecimiento, cuando  los inconvenientes del crecimiento superasen a las ventajas.

Y también es beneficioso, para superar el problema del perjuicio que ocasiona  el abandono, el fomento de la presencia ciudadana que bien podría denominase “intermitente” en localidades con atractivos turísticos, históricos, artísticos, paisajísticos, senderistas, o gastronómicos existentes en poblaciones menores donde es clamorosa la necesidad actual de una buena cobertura de internet que posibilite el teletrabajo para aquellos que puedan realizarlo. Para que en estos lugares resulten atractivos es necesario dotarlos de aparcamientos para coches, guías que ayuden a disfrutar del atractivo, e incluso políticas para mantener la presencia de la población que se desplace periódicamente mediante el establecimiento de huertos, o escuelas de manualidades, cuya práctica es tan beneficiosa para la población que vive sometida a una vida bastante estresada.