La prensa española, las radios y las televisiones, no dudan en calificar de oveja negra a Hungría -también a Polonia, pero un poco menos- porque, en su opinión, no cumple con el Estado de Derecho. Como quiera que la UE quiere vincular el reparto de los fondos de recuperación a ese amoldamiento a lo que los burócratas de Bruselas llaman Estado de Derecho, Hungría no recibiría nada de esos fondos.

Por esta razón -y díganme si no es comprensible- el Gobierno de Viktor Orbán vetará el Presupuesto de la Unión Europea, con lo cual todo el proceso de reparto, del que tan felices se sienten los matones de la burocracia europea, tendría que volver a comenzar.

No soy especialista en política internacional, y ni siquiera conozco con relativa profundidad la política húngara. Sin embargo, me parece bastante evidente que lo que en Hungría llama la UE no cumplir el Estado de Derecho es básicamente lo que hacen otros muchos países, sólo que de forma disimulada.

Fundamentalmente, la UE -según la prensa española- determina la existencia de un Estado de Derecho por detalles como la independencia judicial y la libertad de prensa. Sobre lo primera, también la UE le dio un toque a Pedro Sánchez hace poco; sobre lo segundo, aún no hemos oído protesta europea por el Ministerio de la Verdad orwelliano que Sánchez se ha montado, y tampoco sobre el servilismo del periodismo amarillo al socialismo, el comunismo y el separatismo en España.

Según ese requerimiento de la UE, ¿es España un Estado de Derecho?. Quienes lo sufrimos sabemos bien que no; que vivimos bajo una casta política, endogámica y endiosada, ajena a la realidad y que se perpetúa sobre la injusticia. Pero ¿lo es según lo que pide la UE, más allá de la pura fachada? ¿Hay en España independencia judicial, aparte de la elección del Consejo cuya renovación está sobre el tapete, y que Sánchez ofreció a Casado como premio por insultar a los millones de votantes de VOX?

Si miramos más allá de lo puramente formal, en España no sólo no hay independencia del poder judicial, sino que no existe la separación de poderes del Estado. Al Presidente del Gobierno lo elige el partido con mayoría parlamentaria, que después seguirá dócilmente sus órdenes. No hay, pues, independencia del poder legislativo. Si es el poder legislativo -que como hemos visto, obedece al Presidente del Gobierno- el que elige al Consejo General del Poder Judicial, parece obvio que es el Gobierno el que lo elige.

Esto no es, ni más ni menos, que una simple fachada que cubre la realidad de una dictadura del partido político más votado, o de los partidos políticos que -trampeando con sus votantes- se ponen de acuerdo para mantenerse en el poder, o para sacar tajada de la debilidad del que pretende gobernar sin fuerza real para ello.

Pero esa fachada es lo que le importa a la UE -otra simple fachada de la tiranía internacionalista-; lo que no puede tolerar es que un país como Hungría se enfrente a las imposiciones extranjeras y mantenga sus principios contra viento y marea. Eso que hace tantos años que en España no se recuerda.

Sin embargo, la oveja negra, según la UE, es el Gobierno de Hungría. Esto es, los húngaros, que son quienes lo han elegido y lo llevan votando varias legislaturas. Es comprensible; un Gobierno, un país que mantiene su dignidad y no va mendigando, no le puede caer bien a los mercachifles sinvergüenzas y pervertidos.